¿Una política exterior reformista y progresista en construcción?

Escrito por Andina.pe Revista Ideele N°299. Agosto-Setiembre 2021

La política exterior no suele generar mucho debate a nivel nacional, salvo algunas excepciones. En el último proceso electoral, prácticamente no se discutió acerca de este tema. En las elecciones del 2006 fue parte del debate, en ese momento, el futuro del tratado de libre comercio con Estados Unidos; mientras que el 2011, el componente internacional de la elección estuvo centrado en la relación con Chile y el proceso de delimitación marítima ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. No obstante, si bien el contexto internacional actual propone una serie de temas que son de gran importancia para el país y que debieron haber merecido alguna posición por las dos candidaturas en competencia en la segunda vuelta, las propuestas en política exterior no tuvieron la relevancia que deberían haber merecido.

Respecto al plan de gobierno en materia de política exterior de Perú Libre, partido que resultó ganador del proceso electoral, su propuesta, tal y como sucedía hace 50 años, se encuentra muy influenciada por la necesidad de alcanzar una mayor autonomía (soberanía nacional) y con un discurso muy crítico acerca del papel de Estados Unidos. Si bien existen algunos puntos que resultan interesantes (como entender la integración no solo en términos comerciales o a América Latina como un territorio de paz sin bases militares extranjeras), en términos generales, es una propuesta descontextualizada y revisionista, que muestra un preocupante rechazo a la interdependencia económica, al multilateralismo, a la defensa de los derechos humanos por parte del Sistema Interamericano y al papel humanitario que tiene las Naciones Unidas; y propone grandes cambios a la política exterior, aunque sin abordar las prioridades internacionales para el Perú en la actualidad. No es casualidad que no exista referencia alguna a los retos que implica la pandemia de la COVID-19 para el Ministerio de Relaciones Exteriores, sin ninguna duda, el tema más importante para nuestra política exterior peruana desde el año pasado.

Cierto es que hacer un análisis en el Perú de una propuesta de campaña, no necesariamente refleja lo que el gobierno electo va a llevar a cabo cuando llega el poder. Pero, te dice bastante acerca de cómo, algunos actores dentro del futuro gobierno, entienden la inserción del país en el mundo. Lamentablemente, el presidente de la República, quien dirige nuestra política exterior, durante su mensaje a la nación por fiestas patrias, no realizó muchas referencias a la política exterior. Alguna mención al cambio climático y los tratados de libre comercio (ya no habló de desconocerlos o renegociarlos, sino de mejóralos “desde los intereses del país”). Pudo haber hecho referencia a un tema de gran importancia en su plan de gobierno como la integración andina, aprovechando la presencia de los presidentes de Bolivia, Colombia y Ecuador en el país, pero no lo hizo. Por ello, con el objetivo de conocer las líneas sobre las cuales parece ir construyéndose la política exterior peruana en este nuevo quinquenio, la Cancillería resulta un actor clave.

El nuevo Canciller ha sido inteligente tratándose de temas que generan controversia política, de forma tal que, si bien continúo respaldando el proceso de dialogo para superar la crisis en Venezuela, señaló que se iniciarán consultas con el Grupo de Lima, UNASUR y otros espacios, a fin de evaluar su situación actual y el rumbo a seguir por la política exterior peruana en el futuro.

El primer Canciller fue Héctor Béjar, un ex guerrillero en su juventud, ahora un académico y docente universitario muy vinculado a sectores de izquierda en el país. Y si bien no se le identificaba como alguien muy cercano al mundo de las relaciones internacionales, más allá de algunos comentarios realizados en su calidad de intelectual comprometido políticamente, asumió el difícil reto de dirigir Torre Tagle en el inicio de un nuevo gobierno.

No buscamos discutir acerca de las razones que llevaron a su renuncia forzada -hubo mucha intolerancia, pero también errores políticos y falta de comunicación por parte del gobierno que generaron una situación insostenible-, pero la llegada de Béjar no implicó la implementación de una propuesta revisionista, sino más bien reflejó una mezcla de continuidad y reformismo.

Por un lado, continuidad en tanto se mantuvieron las prioridades que se vienen desarrollando desde el año pasado, la pandemia como centro de la atención de la Cancillería. En tal sentido, Torre Tagle, continúo mostrando toda su atención al tema de la adquisición de las vacunas contra la COVID-19. Además, parte de su discurso hizo énfasis en temas que son de la mayor importancia de la política exterior peruana en los últimos años, como es el caso de la defensa de los derechos humanos, la democracia, la cooperación internacional, el multilateralismo, etc.

Por otro lado, mostró cierto reformismo progresista al introducir en su discurso la importancia de impulsar la integración regional, la diplomacia social (y la Agenda 2030), el tema climático, la reforma consular en aras de fortalecer la relación con los peruanos en el exterior, así como una mención especial a los derechos de la población LBTGQ, la paridad de género y la lucha contra el acoso en la Cancillería. No obstante, un aspecto, que fue muy cuestionado por sectores de la oposición y que explica en parte su salida, es la poca claridad respecto a la posición del Perú sobre la crisis venezolana.

Béjar expresó la intención del gobierno peruano de apoyar el proceso de dialogo promovido por el Grupo de Contacto en la actualidad para hacer frente a la crisis venezolana, sin dejar en claro si esto implicaba una salida del Perú del Grupo de Lima o no. La oposición política, aprovechando pasados comentarios de apoyo de Béjar a la revolución bolivariana (y su crítica a los bloqueos, embargos y sanciones económicas), llevó este debate hacia otro lado: el apoyo o no al régimen de Maduro. Béjar no logró salir del mismo, aun cuando la diplomacia le brindaba una serie de alternativas como, por ejemplo, señalar que salirse del Grupo de Lima y entrar al Grupo de Contacto no significa apoyar al régimen venezolano, o que las sanciones económicas han demostrado ser poco efectivas y es preferible el dialogo, o que el camino podía ser tratar de acercar al Grupo de Lima y al Grupo de Contacto (tal y como lo ha venido haciendo Cancillería en los últimos dos años) para unir a la región detrás de una misma estrategia respecto a Venezuela.

Con la designación de Oscar Maúrtua en Cancillería, parece que se busca mantener, en parte, la misma propuesta, pero mucho más moderada. El nuevo Canciller ha sido inteligente tratándose de temas que generan controversia política, de forma tal que, si bien continúo respaldando el proceso de dialogo para superar la crisis en Venezuela, señaló que se iniciarán consultas con el Grupo de Lima, UNASUR y otros espacios, a fin de evaluar su situación actual y el rumbo a seguir por la política exterior peruana en el futuro.

En todo caso, incorporando algunos temas de gran importancia histórica para nuestra política exterior (como la relación bilateral con nuestros vecinos), Maúrtua ha mantenido en el discurso algunos de los principales temas que Béjar buscó desarrollar: la importancia del tema relativo a la crisis sanitaria, el interés por la integración andina y sudamericana, y el apoyo al dialogo promovido por el Grupo de Contacto (al punto de proponer que el Perú sea sede alterna a las negociaciones que se siguen en México entre el oficialismo y la oposición venezolana). Y en cuanto a la agenda progresista, esta también ha estado presente en los mensajes que ha dado el nuevo Canciller. El tiempo dirá si existe o no un real compromiso del Ministerio de Relaciones Exteriores con estos temas. Por lo pronto, se nota un muy marcado énfasis en la diplomacia social, lo cual le ha generado algún rechazo a Maúrtua en la interna del partido de gobierno, por ejemplo, al firmar un convenio con Estados Unidos para la donación a través de USAID de 321 millones de dólares para el desarrollo de proyectos de desarrollo económico y social, entre otros.

Era de esperar que la salida de Béjar y la llegada de Maúrtua al Ministerio de Relaciones Exteriores reciba críticas dentro de Perú Libre, no solo por lo que significa Béjar para la izquierda peruana, sino también frente al temor que puede significar una propuesta de política exterior ajena a lo planteado en su plan de gobierno. Lo cierto es que, hasta el momento, en estos dos primeros meses, la propuesta revisionista del plan de gobierno en política exterior no ha estado presente; pero luego de escuchar el interés del Canciller Maúrtua por la Alianza del Pacífico, el ingreso del Perú a la OCDE y la importancia de las inversiones y el comercio para la política exterior, es de suponer que los problemas van a ser cada vez más frecuentes.

Sobre el autor o autora

Óscar Vidarte Arévalo
Internacionalista. Docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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