El circulo vicioso de la polarización

Escrito por Revista Ideele N°301. Diciembre 2021

El presente año estuvo marcado profundamente por la polarización política. Los acontecimientos más importantes iniciaron con una segunda vuelta electoral que unió a la derecha conservadora y liberal para hacer frente a su enemigo supremo, una propuesta de izquierda que fue armándose de facto en base a la imagen de un profesor campesino, entremezclando tintes radicales y moderados. La confrontación no hizo más que crecer con la virtual elección del candidato y no se hicieron esperar las denuncias de fraude electoral, así como de una conspiración orquestada desde Chota para movilizar influencias en todo el territorio con el fin de manipular ánforas e inmiscuirse en las instituciones electorales.

Las protestas organizadas por los contrincantes se convirtieron en grandes mítines en la capital que llamaban a desconocer y deslegitimar la elección, la institucionalidad democrática y el derecho de sufragio de un sector importante de peruanos en el interior del país. Los medios de comunicación solo mostraron una dimensión de la realidad hasta que se vieron forzados a ceder ante las opiniones de organismos internacionales. Los políticos opositores hicieron lo propio, siendo un hecho clave el reconocimiento público del resultado electoral por parte de los vencidos.

Cuando todo parecía que podría dejarse de lado para definir una línea de gobierno que pueda afrontar el reimpulso del crecimiento económico y preparar una respuesta efectiva frente a la pandemia, un proceso que requería imperiosamente del aprendizaje acelerado e intensivo de un grupo político organizativamente débil y completamente inexperto en el gobierno de nivel nacional, ocurrió la primera crisis de tantas como fueron posibles. Fueron una seguidilla de hechos, entre ellos: la designación del gabinete Bellido, el hurgamiento en declaraciones pasadas del ministro Béjar, el hurgamiento en la vida política pasada y reciente de Bellido, el primer pedido de confianza del gabinete al Congreso, la violencia verbal hacia la congresista Chirinos, el anuncio de renegociación forzada del gas de Camisea, la designación de altos mandos militares por su cercanía a Palacio, el escándalo por posible corrupción en el círculo más cercano de Castillo, el infructuoso pedido de vacancia presidencial, la comitiva congresal liderada por Maricarmen Alva para deslegitimar al gobierno ante autoridades españolas, etc.

Los círculos virtuosos en política requieren del dialogo de los actores más importantes en el ámbito político, económico, social y cultural en el marco de una visión conjunta del país y en donde, a partir de sus diferentes cosmovisiones e intereses particulares, puedan comulgar en ideas centrales sobre los problemas públicos más acuciantes para la población que representan, por ejemplo, en las acciones que emprenderá el gobierno respecto a la seguridad en materia de salud pública.

Constatamos en todo este proceso que ni la designación de Mirtha Vásquez y el despliegue de actitudes conciliadoras desde la Presidencia del Consejo de Ministros, ni el alejamiento público por parte de Castillo de la facción cerronista de Perú Libre en el más alto nivel de toma de decisiones políticas del Ejecutivo, ni el acercamiento estratégico a las bancadas de los partidos políticos de centro, centro derecha y centro izquierda como Acción Popular, Alianza para el Progreso, Somos Perú o el Partido Morado, han permitido que la confrontación y polarización entre la derecha e izquierda decrezca.

A simple vista podríamos señalar que la causa de fondo de esta polarización sería una oposición encarnizada y obsesionada con la destitución del actual gobernante como producto de un sentimiento de revancha por la derrota electoral, pero también por la merma de los recursos político institucionales a los cuales los miembros de esta oposición y sus representados vinculados al sector empresarial tuvieron acceso durante los últimos gobiernos más cercanos ideológicamente a la derecha política como puestos clave en la administración pública. Mas, ciertamente, no estamos ante acciones unilaterales. Si analizamos el accionar del Gobierno durante estos últimos cinco meses, seguramente estaremos de acuerdo con que la indecisión, la indefinición política, los errores y también la búsqueda de la confrontación con el Legislativo fueron sus características más resaltantes como producto de la pugna interna entre las distintas facciones que disputan posiciones en el Ejecutivo y en la bancada oficialista.

Presenciamos, entonces, una situación repetitiva en la que termina importando poco quién desata la crisis, si la oposición con ataques desesperados o el oficialismo con sus múltiples contradicciones e inconsistencias internas, lo únicamente relevante es el interés maximalista de cada bando por hacerse completamente del botín, es decir, el gobierno. No obstante, es importante también enmarcar esta polarización dentro de otro proceso más largo que, al menos, se remonta a las elecciones generales de 2016, en las que la propia derecha se dividió por el sentimiento de revancha del fujimorismo. Conocemos, por demás, el obstruccionismo implantado en el Congreso a través de una bancada mayoritaria. Lo que presenciamos hoy en día en el Legislativo se asemeja a una profesionalización de dicha tendencia, esta vez implementada básicamente en torno a tres bancadas ligadas directa e indirectamente a Fuerza Popular.

Con solo tres de los objetivos derivados de la seguridad en materia de salud pública durante la pandemia como son la vacunación completa, el pleno acceso a servicios básicos y la adecuada alimentación, podemos darnos cuenta que la persecución de los intereses privados de los partidos políticos que hoy ostentan cargos de representación en el Congreso y en Palacio nos desvía de lo que realmente es urgente.

¿Hacia dónde vamos? Es difícil saberlo. Los círculos virtuosos en política requieren del dialogo de los actores más importantes en el ámbito político, económico, social y cultural en el marco de una visión conjunta del país y en donde, a partir de sus diferentes cosmovisiones e intereses particulares, puedan comulgar en ideas centrales sobre los problemas públicos más acuciantes para la población que representan, por ejemplo, en las acciones que emprenderá el gobierno respecto a la seguridad en materia de salud pública. A diciembre del presente año, nuestro país ha cubierto el 59%[1] de la población con las dos dosis mínimas requeridas, ubicándose por debajo de países de la región como Chile (85%), Uruguay (76.5%), Argentina (68%), Ecuador (66%) y Brasil (65%). En ese sentido, se requiere avanzar hacia una inmunización de refuerzo ante la mutabilidad del coronavirus, pero también pensar en cómo afrontaremos un posible recrudecimiento de la pandemia en el futuro cercano en términos de inversión en infraestructura sanitara y el acceso a servicios básicos como el agua potable.

En el Perú, de acuerdo a datos del INEI[2] para 2020, un 9.2% de la población nacional aún no tiene acceso al agua potable por red pública, es decir, cerca de 3 millones[3] de peruanos deben conseguir este recurso mediante camiones cisterna, pozos, ríos y acequias. Esta situación se agrava cuando se trata del ámbito rural, donde el 24,4% de la población no cuenta con conexión pública de agua potable. Y si habláramos de calidad del agua, uno de los indicadores básicos sería si esta cuenta con cloro y, además, en un nivel adecuado para su consumo. Entonces, encontramos que el 53.7% de la población nacional con agua de red pública tiene algún nivel de cloro, mientras que solo el 38.6% accede a agua con un nivel de cloro adecuado, correspondiendo un 3.2% de este mismo indicador para las zonas rurales. En cuanto a saneamiento, el 25.1% de la población nacional, es decir, cerca de 8 millones de personas, no tiene acceso a la red de alcantarillado, por lo que deben utilizar letrinas, pozos sépticos, pozos ciegos o eliminar sus residuos tirándolos directamente a los ríos y acequias, contribuyendo con la contaminación de fuentes de agua.

Otro problema relacionado directamente con la salud pública en el marco de la pandemia es el hambre, la cual debe retomarse nuevamente como un punto crítico que requiere inmediata atención. De acuerdo a Carolina Trivelli[4], una encuesta del Programa Mundial de Alimentos realizada en enero del presente año estimó que el 12% de la población peruana pasa hambre, cifra que equivale aproximadamente a 4 millones de personas. Una situación que se condice con el diagnóstico de la FAO[5], la cual señala que la prevalencia de la inseguridad alimentaria grave ha crecido en un 42% entre 2016 y 2020, pasando del 13.5% al 19.2% de la población total, mientras que la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave aumentó en 29% en el mismo lapso pasando de 37.2% a 47.8% del total de la población, es decir, para las Naciones Unidas, actualmente, cerca de la mitad de la población peruana atraviesa una situación de inseguridad alimentaria[6].

Con solo tres de los objetivos derivados de la seguridad en materia de salud pública durante la pandemia como son la vacunación completa, el pleno acceso a servicios básicos y la adecuada alimentación, podemos darnos cuenta que la persecución de los intereses privados de los partidos políticos que hoy ostentan cargos de representación en el Congreso y en Palacio nos desvía de lo que realmente es urgente. El Perú de hoy presenta grandes vulnerabilidades no solo en el ámbito sanitario, sino también en lo económico, ambiental, social, cultural, infraestructural y educativo. Sin embargo, el circulo vicioso de la polarización política que arrastramos desde al menos hace cinco años y que se profundizó con las sucesivas confrontaciones entre derechas e izquierdas a partir de las elecciones del presente año, nos está robando la posibilidad de construir un futuro promisorio para nuestro país.


[1] Información extraída de Our World In Data el día 14 de diciembre de 2021. https://ourworldindata.org/covid-vaccinations

[2] INEI. (2020). Perú: formas de acceso al agua y saneamiento básico. https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/boletin_agua_junio2020.pdf

[3] De acuerdo a Oxfam, la cifra de personas sin acceso al agua por red pública podría registrarse entre 7 a 8 millones, afectando principalmente a Lima y Callao. https://peru.oxfam.org/qu%C3%A9-hacemos-ayuda-humanitaria/entre-7-y-8-millones-de-peruanos-no-tienen-acceso-agua-potable

[4] Trivelli, C. (2021). Reactivar el aparato público pospandemia. https://iep.org.pe/noticias/critica-y-debates-reactivar-el-aparato-publico-pospandemia-por-carolina-trivelli/

[5] FAO. (2021). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021. Roma: FAO. https://www.fao.org/documents/card/es/c/cb4474es

[6] La inseguridad alimentaria puede definirse cuando las personas no tienen “en todo momento, acceso físico, social, económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana”. FAO. (2011). La seguridad alimentaria: información para la toma de decisiones. Guía práctica. https://www.fao.org/3/al936s/al936s00.pdf

Sobre el autor o autora

Yerel Vásquez
Investigador IEP.

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