‘Beyond Van Gogh’: una exposición para Instagram

Escrito por Revista Ideele N°303. Abril-Mayo 2022

La exposición ‘Beyond Van Gogh’ (en español, ‘Más allá de Van Gogh: una experiencia inmersiva’) abrió sus puertas el pasado 1 de marzo en el Polideportivo de la Villa Deportiva Nacional (VIDENA) en San Luis. Lima es la segunda ciudad sudamericana en recibir esta exposición inmersiva, pero lejos de ser una experiencia multisensorial que nos conecte con el vasto arte y compleja vida de Vincent, es un show superficial.

Aunque no es la única exposición inmersiva sobre el pintor holandés en el mundo, ‘Beyond Van Gogh’ es la primera para Lima, donde limeñas y limeños podremos apreciar más de 300 obras de Vincent con la promesa de ser parte de un espectáculo multisensorial de grandes dimensiones.

La exhibición, que se quedará en Lima hasta el 3 de mayo, ya ha pasado por más de cuarenta ciudades de Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico y Chile, pero no ha recibido muy buenas críticas, sobre todo comparada con otras exposiciones inmersivas como ‘Imagine Van Gogh’. Las decepciones no vienen gratis.

Para alguien que no tiene mayor referencia del pintor, no queda claro que Van Gogh tuvo problemas serios de salud mental que lo llevaron a cortarse la oreja izquierda y hasta al suicidio. Si bien se desarrolla el vínculo cercano que tuvo Vincent con su hermano, no se expresan aspectos esenciales de esta relación, como el sentir de Vincent de ser una carga para Theo, quien lo mantenía porque nadie le compraba sus cuadros. En esta parte, no se entiende el uso de pantallas grandes si las frases y el fondo colorido son estáticos. Se pudo presentar exactamente lo mismo en un formato impreso, nada nuevo.

¿Más allá de Van Gogh?

La exposición está compuesta por un recorrido de cuatro partes. El hall de entrada, un salón de pantallas grandes con mucho texto, el salón principal donde se muestran 300 obras del pintor de manera multisensorial y una tienda en la que se venden recuerdos.

El hall de entrada es un pasillo lleno de girasoles plásticos, que debería evocar la serie de cuadros que pintó Vincent a finales del siglo XIX, pero en verdad es un espacio con estaciones diseñadas para tomarse fotos y subirlas a las redes sociales, etiquetando a la exposición, por supuesto. Si bien el ambiente  está repleto de girasoles y artículos con referencias a algunos de los cuadros más famosos de Van Gogh, lo cierto es que no se refleja la esencia del pintor.

Por el contrario, el hall de entrada nos muestra desde un inicio el enfoque pop/”positivo” de su arte: se ve su cara calcada en luces neón, en el techo brochas enormes sumergidas en esta pintura nunca utilizada por el pintor neerlandés (pero funcional a la oscuridad obligada para la muestra inmersiva) y sets con marcos vacíos para tomarse fotos.

La segunda parte es la que, tal vez, pudo aportar mayor información y despertar la sensibilidad de las personas que asistieron a la exposición, debido a que es un salón con enormes paneles que intentan brindar una introducción a la obra. Pese a que mucho del texto son citas de las cartas que Vincent le mandaba a su hermano Theo, el recorrido se torna pesado y confuso. Esto debido a que la información está desordenada y sin mayor contexto. Además, están organizados en un tortuoso camino serpenteante dentro del gran salón oscuro, con marcos dorados vacíos a los lados.

Para alguien que no tiene mayor referencia del pintor, no queda claro que Van Gogh tuvo problemas serios de salud mental que lo llevaron a cortarse la oreja izquierda y hasta al suicidio. Si bien se desarrolla el vínculo cercano que tuvo Vincent con su hermano, no se expresan aspectos esenciales de esta relación, como el sentir de Vincent de ser una carga para Theo, quien lo mantenía porque nadie le compraba sus cuadros. En esta parte, no se entiende el uso de pantallas grandes si las frases y el fondo colorido son estáticos. Se pudo presentar exactamente lo mismo en un formato impreso, nada nuevo.

La tercera parte y principal de la muestra es donde sucede la prometida experiencia inmersiva. Al entrar, nos encontramos en un gran salón totalmente revestido de luz que emanan seguramente de un sinfín de proyectores que apuntan a todos lados: paredes laterales, piso y columnas.También hay unas tres bancas de plaza o parque barrocas.

La exposición muestra 300 cuadros de Van Gogh, muchos de ellos muy conocidos, pero lo novedoso radica en el movimiento y estimulación sensorial, no solo visual sino también auditiva. Los cuadros de Vincent justamente se caracterizan por su gran textura y movimiento pese a ser cuadros de óleo en 2D, pero, con esta intervención, las y los espectadores podemos sentirnos parte del movimiento que Vincent quiso plasmar en sus cuadros.

Otro logro de la exposición son los autoretratos de Van Gogh que parpadeaban y, en los casos en que se había dibujado con su pipa, con el humo saliendo infinitamente. Son animaciones sutiles, pero que logran establecer una conexión con espectadores del mundo digital. Asimismo, las técnicas tecnológicas utilizadas para las transiciones de los cuadros fueron interesantes como el uso de pétalos, ‘desgarro’ de los lienzos, pinceladas y otros.

Sin embargo, el acompañamiento de estos cuadros intervenidos no son los más pertinentes. Por un lado, las frases esporádicas que acompañan la exposición, ya sean proyectadas en las paredes más largas laterales del salón o en audio reproducidas en los altavoces están en inglés, idioma poco accesible para muchos. Si bien la mayoría de asistentes tomaba fotos a las frases y tenía la opción de leerlas con calma o traducirlas luego, estas no se entendían, tanto por la calidad de audio como por la bulla natural de la concurrencia, que estaba más concentrada en tomar fotos que en escuchar.

Por otro lado, el acompañamiento musical es desatinado. No comprendo por qué la muestra inmersiva está acompañada por ‘Here comes the sun’, una de las canciones más populares de The Beatles en formato instrumental. Una muestra de este tipo no solo se debe caracterizar por el uso de tecnologías visuales, sino también auditivas, cosa que no se aprovechó en esta oportunidad. No se entendió el elemento musical como otra vía para conectar con el pintor, su biografía, su contexto, sus sentimientos y sus problemas emocionales y de salud mental, sobre todo la depresión que lo llevó a su suicidio.

La cuarta parte y final de la muestra es una tienda de merchandising con productos sobrevalorados: polos que solo tienen la cara calcada de Van Gogh en color neón que cuestan alrededor de los 200 soles, poleras que superan el monto anterior, posters, tazas y otros.

Debido a la pandemia que exige tener un control de los aforos, quienes asistan deben programar su visita y comprar las entradas con anticipación. Asimismo, el tiempo de recorrido por las cuatro fases toma aproximadamente 45 minutos. Personal de la muestra está muy atenta a que la concurrencia cumpla con el tiempo establecido y no se quede más de la cuenta en las instalaciones.

Este mecanismo es positivo para la no saturación de los espacios y el disfrute ordenado de la muestra, pero también limita las posibilidades de reflexión y disfrute. La mayoría solo se concentra en tomarse la mayor cantidad de fotos posibles, en diferentes posiciones y ángulos, pero no en apreciar y reflexionar sobre el arte proyectado, que de por sí pasa de manera fugaz, pues es imposible poder concentrarse y apreciar más de 300 cuadros que se desvanecen antes de poder mirarlos a cabalidad.

Vincent Pop

Tal vez Mathieu St-Arnaud, el creativo de ‘Beyond Van Gogh: The immersive experience’, quiso ir ‘más allá’ de Van Gogh, en el sentido de darle otra perspectiva a su arte y a su vida, tan rodeada por la incertidumbre de lo que realmente le pasó, sumada a la tristeza y complejidad de su salud mental y su vida. Parece que ha querido darle un sentido positivo a su obra, rescatando la apreciación de la vida, los colores y la naturaleza por parte de Vincent, pero este acercamiento se pierde en la superficie al no brindar ninguna explicación de su evolución ni conexión emocional.

Pese a que la muestra es pionera en el uso de tecnologías para crear una experiencia inmersiva, lo cierto es que no se explota la capacidad multisensorial de lo digital y los recursos técnicos utilizados. Alfredo Alonso, director de Bizarro Live Entertainment, empresa que gestionó que la muestra se presentara en Lima, afirma que se han utilizado más de 40 proyectores de tecnología láser, coordinados por 12 servidores informáticos, que permiten formar y fusionar imágenes de 360 grados en Ultra High Definition, usando una tecnología llamada ‘mapping’.

“Beyond van Gogh” es un espectáculo inmersivo que cumple con ser una muestra bella, pero con escaso contexto y un planteamiento superficial y fugaz. ‘La noche estrellada’ es el cuadro mejor logrado de la exposición y el momento más esperado por las y los visitantes, aunque no creo que justifique el costo de entrada.

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