Comunicadores culturales: luchando contra la corriente

Escrito por Revista Ideele N°303. Abril-Mayo 2022. Imagen: PuntoEdu

Estudiar la carrera de Comunicaciones en el país no es del todo aplaudida. Con el nombre de Ciencias de la comunicación, Comunicación Social u otras denominaciones su currícula académica incluye especialidades para enfocar la profesión siendo la más asociada Periodismo. Pero también hay menciones como comunicación audiovisual, Publicidad, Relaciones públicas, Comunicación Organizacional, comunicación en las empresas, Comunicación para el desarrollo, entre otros.

Siendo la práctica periodística el concepto que se asocia con más rapidez en la profesión, también existen temáticas que no suelen ser tan reconocidas o difundidas para trabajar en un medio de comunicación. Pero si solo nos centramos en el Periodismo, encontramos que existe el periodismo deportivo, periodismo radial, fotoperiodismo, periodismo televisivo, entre otros donde la especialización es reducida. Con temas como la ciencia, el medioambiente, la cultura por citar ejemplos no se conoce académicamente centros de formación.

Y no es algo nuevo que, en temas relacionados a nuestra cultura, diversos medios de comunicación destaquen la riqueza cultural que tiene nuestro país y la gama de manifestaciones culturales que abarcan sus regiones. Esta gratísima imagen como referente turístico y gastronómico, así como la existencia de circuitos históricos y arquitectónicos nos ha dado un buen nombre en el extranjero. Pero, ¿hay especialistas en comunicación cultural en nuestro país para abordar esta gama temática?

Siendo así, resulta irónico que en nuestro país no exista alguna institución académica que especialice a los comunicadores de profesión en temas culturales. Apenas existen enfoques socioculturales que rescatan la cultura en sí – lo que conlleva a una diversidad de conceptos de acuerdo a su estudio de investigación-, la identidad, la interculturalidad y otras manifestaciones del ser humano desde programas de Posgrado, en algunas universidades. Pero esto no lleva a los profesionales a desempeñarse en los medios de comunicación, sean online u offline.

Quienes nos dedicamos a promover cultura sabemos que la comunicación cultural está orientada a brindar difusión, así como promover a las industrias culturales y creativas del territorio nacional. Ante tanta diversidad informativa- y no solo de actividades realizadas en la capital- me resulta difícil creer que no llegue de manera adecuada a los interesados. ¿Qué está pasando con los medios tradicionales y digitales que no cubren esta información?

Y también el preguntarnos ¿de qué manera abordan la información? Semanas atrás, ocurrió un derrumbe en uno de los muros del sitio arqueológico de Kuélap, principal atractivo turístico de la región. De acuerdo con el Ministerio de Cultura, el área materia de colapso corresponde a 15 metros de largo, 12 metros de altura y una profundidad de 5 metros aproximadamente. A pesar del suceso que conmocionó a la opinión pública y entidades ligadas al turismo, el monumento arqueológico más grande del nororiente peruano sufre el olvido de las autoridades y había ya varios informes que alertaban sobre sus problemas. Pero en vez de informar el rol de las autoridades del Ministerio frente al suceso, o cómo se debe entender la puesta en valor del lugar o escuchar de los especialistas en la materia – como arqueólogos, antropólogos- por qué el Plan Copesco (unidad ejecutora del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo) con distintas empresas privadas no ha sido suficiente. Debería ser la oportunidad para reconocer las funciones de las Direcciones Desconcentradas de Cultura y no solo mostrar videos de derrumbe.

En mi experiencia como comunicadora cultural soy testigo de que, en nuestra profesión, no hay una demanda mayor de comunicadores culturales. Y los necesitamos. Porque existe el periodismo cultural pero los colegas -en términos de preparación académica en cultura- más allá de solo trabajar en un medio de comunicación, son realmente escasos. Y en situaciones como el ejemplo anterior, donde se denota la poca iniciativa de los medios culturales para dar otros enfoques a la noticia, es que se visibiliza la poca preparación para abordar una problemática o analizar desde diversas aristas un problema que a la opinión pública le puede interesar. Sobre todo, para saber de soluciones más que de culpables frente a un problema.

Y surge la pregunta, ¿tenemos comunicadores culturales activos en los medios de comunicación? me refiero a colegas en el sentido de construir información, buscar los canales adecuados para que los consumidores culturales puedan tener acceso, promover prácticas y espacios culturales para conocer (y reconocer) las industrias culturales y creativas de nuestro país. Y justamente la reciente pandemia logró que gran parte de la población del país reconozca ‘a la fuerza’ el comportamiento de las entidades del Estado en materia de apoyo por el Covid-19 pero también volvimos a cuestionarnos sobre la cultura del país: ¿cuánto informaron sobre el sector Cultura? ¿Se pudo brindar ampliación de información de los problemas y abandono de las industrias culturales? ¿Cuánta pantalla tuvieron los afectados de diversas ciudades del país a propósito de las cancelaciones y cierre total de actividades artísticas y culturales?

Incluso, si se realizara un mapeo rápido de comentarios en redes sociales sobre temas ligados al sector Cultura, notaremos que existe una idea errónea de la realidad: personajes adinerados que gastan en lujos y viajes, artistas ligados a escándalos, o espacios culturales exclusivos a sectores que pueden pagar excesivas tarifas de consumo. Nada más alejado de la realidad, pero en gran parte los medios de comunicación (sean digitales o televisivos) son quienes alimentan diariamente información que espectacularizan acerca de sucesos que no siempre son relevantes o de interés, pero que son conscientes que el público consume. Y en este trasfondo informativo, los temas culturales no existen.

Si miramos por un momento el panorama de los medios de comunicación, se encontrarán prácticas que difieren del canal informativo. En una mirada rápida a las publicaciones en prensa escrita -llamada ahora como “tradicional”-, notamos que las reglas del juego siempre estuvieron claras: el editor de la página o sección cultural deja claro su interés en los temas que se abordarán, eso sin contar la batalla entre la cobertura cultural y los anuncios publicitarios que no escatima ni la relevancia de la noticia ni la importancia informativa y merman el, de por sí, poco espacio dedicado a la cultura. No obstante, es importante mencionar que en la actualidad hay diversos diarios que no tienen de manera diario una sección cultural y esto, evidentemente, tampoco contribuye en la búsqueda de cobertura o espacios para promocionar eventos culturales. Es decir, no tenemos mucho a nuestro favor.

La televisión, en cambio, vive de la parrilla publicitaria. Esta premisa nos deja en claro que, en materia de contenidos, lo cultural no factura. No existe ningún programa cultural en señal abierta que pueda informarnos de manera diaria sobre una agenda de actividades culturales, para que el público pueda informarse y decidir su consumo; en la radio, por su parte, quedan pocos espacios para el radioescucha con entrevistas y ampliación de notas de carácter cultural. La gran mayoría de noticias suelen ser fechas institucionalizadas como el Día nacional de los Museos, el Aniversario de Lima cada 18 de enero, el Inti Raymi en el Cusco – aunque más sea noticiosa la cantidad de basura que dejaron los visitantes que la propia festividad- o los feriados en Fiestas Patrias. Acaso, ¿no pueden ser noticias las iniciativas culturales impulsadas desde la gestión pública o privada?

Afortunadamente en los últimos cuatro años ha crecido, aunque de manera intermitente, un nuevo actor: la prensa digital. Gracias a sus portales informativos webs y redes sociales – y muchas veces sin la necesidad de facturar- han ayudado a nuestro sector, el más olvidado por las autoridades. Los podemos ver desde un portal de noticias, una web personalizada, blogs de crítica y reseñas, una cuenta de Instagram o Facebook generando diariamente gran cantidad de contenido cultural para los interesados, es decir, sus seguidores virtuales. Además, siempre están actualizando de manera constante sus medios digitales en las nuevas redes sociales que nacen logrando que los contenidos se vayan extendiendo a nuevos públicos. Un soporte para nuestra labor de promoción cultural en tiempos de tanta desinformación y banalización de la información.

¿Por qué, si existe tanto para informar, tanto por realizar cobertura, tanto por presentar… no lo informan los medios de comunicación?, ¿adónde se fueron los críticos de música y sus reseñas por propuestas actuales de nuestro país?, ¿por qué no nos cuentan sobre lo que contienen los museos públicos o privados?, ¿dónde están las noticias sobre las exposiciones de ingreso libre de artistas plásticos y visuales?, ¿por qué no nos enteramos de los espectáculos que los elencos de folklore realizan todo el año en el Gran Teatro Nacional?, ¿por qué no nos enteramos del trabajo de conservadores en diversas ciudades del país?, ¿acaso no hay interés para conocer el rol de los artesanos en nuestra identidad y memoria, o solo basta con mencionar las dos veces que se realiza “Ruraq Maki” cada año?, ¿el Ministerio de cultura solo es noticia cuando hay escándalos de sus funcionarios?, ¿y el trabajo que realizan las Direcciones que conforman los Viceministerios no importan? ¿y las bibliotecas públicas que se han inaugurado en varios distritos, como opción como punto nuevo de cultura?, ¿reconocemos el trabajo de las Direcciones Desconcentradas de Cultura que tiene el Ministerio por todo el país?

Como comunicadora cultural me hago infinitas interrogantes día a día pues, aunque nadie me ha dado un título oficial, me siento parte de esta dinámica laboral que con mucho orgullo y entusiasmo realizo desde hace 16 años. Ojalá hubiera más comunicadores culturales para que asesoren ministros y realicen ‘Gabinetes de crisis’ cuando sea oportuno; ojalá hubieran tiktokers dispuestos a generar contenidos para el público más joven; ojalá crearan podcasts para conversar de temas culturales y abordar estas problemáticas; ojalá nacieran nuevas promociones de egresados dispuestos a promover cultura y se investigue en este increíble trabajo. La lista de ideas parece ser interminable: solo falta la motivación para comenzar. Y yo siempre atenta para encontrar nuevos aliados y seguir empujando el cochecito cultural. Es urgente y necesario.

Sobre el autor o autora

Kitty Bejarano
Comunicadora social y gestora cultural.

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