Mucha burocracia y poca ternura: un regreso a clases demasiado impersonal

Escrito por Revista Ideele N°303. Abril-Mayo 2022

Fueron dos años de aislamiento. De un día para otro, las familias peruanas tuvimos que entrar en un proceso de adaptación tan rápido que no nos dimos el tiempo para procesar lo que estaba ocurriendo. La consigna era una sola: sobrevivir. Para ello, se hizo lo que se tenía que hacer, no había tiempo para más. Hubo desconcierto, incertidumbre, desesperación y, además de todo ello, la necesidad de sortearse en la cotidianidad para mantener ciertos hábitos, cierta cordura, mantener la comunicación, mantener los lazos sociales más fuertes que nunca. Ese es el centro del asunto: los lazos sociales.

Algunas ideas para analizar           

Los colegios son, ante todo, los espacios donde aprendemos a sociabilizar, donde aprendemos a conocer e interactuar con otras personas, donde aprendemos a auto reconocernos en un espacio colectivo. Aprendemos normas, límites, aprendemos a respetar, a ser solidarios, aprendemos a pelearnos, a amistarnos. Aprendemos a convivir y aprendemos a jugar. Es un espacio donde experimentamos entre pares, experimentamos la ternura de la pedagogía o la violencia de la imposición. El alumnado, los docentes, las direcciones, los trabajadores, todos, juegan un rol, y dan como resultado el tronco del sistema social de aprendizaje.

Y de repente, de un día para otro, todo ello se cortó. Y el sistema social de aprendizaje tuvo que adaptarse y reinventarse. Más aún, no solo se tuvo que replantear nuevas formas de educación, sino que ello tuvo que ejecutarse en un contexto socioeconómico de mucha desigualdad y vulnerabilidad. Sobre ello, según el informe elaborado por APEIM, se pone en evidencia que, para el 2020, hubo una reducción a nivel nacional de los hogares catalogados dentro del NSE A y, más bien, los hogares catalogados dentro de los NSE C, D y E aumentaron. Tendencia que se mantuvo durante el año 2021.

Efectivamente, el grave problema histórico y estructural de nuestro país es la desigualdad en el acceso a derechos básicos y servicios de calidad y la situación de la pandemia ahondó en estas desigualdades. Ello provocó que estas reconfiguraciones a nivel socioeconómico impactaran directamente en las nuevas modalidades de aprendizaje. En ese sentido, a modo de ejemplo, durante los años 2020 y 2021 solamente el 36% de los hogares a nivel nacional contaron con conexión a internet. Sin embargo, cuando se observa la distribución de dicho acceso vamos a dar cuenta que, mientras los hogares con NSE A tuvieron conexión a internet al 100%, en el caso de los hogares con NSE D, solamente el 18%; mientras que los hogares con NSE E, solo el 2% Esta situación se repetirá con el acceso a una computadora o laptop.

Ahora bien, si miramos el panorama general, vamos a poder reconocer que, mientras los hogares con NSE A podían ahorrar el 40% de sus ingresos; los hogares con NSE C, podían ahorrar menos del 10%; y los hogares con NSE E, menos del 2% Este panorama necesariamente obligó a que los hogares deban destinar sus gastos según las prioridades más inmediatas. Por ello, vamos a ver que durante el 2020 y el 2021, el 42% de los gastos mensuales de los hogares a nivel nacional fueron destinados a los alimentos diarios; mientras que solo el 6% fue destinado para cubrir los gastos de educación. Más aún, mientras los hogares con NSE A podían disponer del 9% de sus ingresos para los gastos en educación, los hogares con NSE C, D y E, solo pudieron disponer el 5%, 3% y 1% respectivamente.        

¿Cuál es la alternativa que nos ofrecen?

Ese fue el escenario desde donde las familias, las infancias y adolescencias tuvieron que ver la forma para continuar con su educación escolar: sin posibilidad de sociabilizar, con accesos diferenciados a servicios de internet y luz, con docentes que tuvieron que dictar clases virtuales mientras recibían capacitaciones sobre cómo dictar esas clases virtuales, con el núcleo familiar lleno de frustración, inseguridad y, muy posiblemente, con la pena de haber perdido a algún familiar o persona cercana. Los resultados no podían ser óptimos. Por ello, se requería una respuesta acorde a la situación, un conjunto de liderazgos que estén a la altura, que sepan, que comprendan el costo material y afectivo que se tuvo que enfrentar, que sean capaces de ofrecer la mejor salida a favor de la población escolar.

Ante ello, Rosendo Serna, el ministro de educación, anunció el inicio de clases presenciales, clases que deberán ser con el aforo al 100% y que los docentes serán los responsables de dar el soporte socio afectivo a sus estudiantes y familiares. Más aún, el 27 de abril (dos meses después de anunciar el regreso a clases) se publicó un documento normativo respecto a las “disposiciones para la prestación del servicio educativo durante el año escolar 2022”, desde donde se informa sobre las decisiones del MINEDU y las orientaciones, roles y responsabilidades que deberán ejecutar las instituciones educativas.

¿Es suficiente?

No. No es suficiente. Un documento no es suficiente. La alternativa ofrecida por el Ministerio para salir de la situación crítica en la que se encuentra la educación escolar ha exagerado en medidas burocráticas y ha dejado de lado la dimensión afectiva. Frente a una crisis que impactó en la vida de las personas, a sus relaciones sociales y a sus proyectos de vida, la respuesta ofrecida no puede ser tan impersonal. La realidad demanda una gestión que reconozca la dimensión humana involucrada en el sistema educativo, una gestión con enfoque social, que pueda ser capaz de elaborar paradigmas educativos que regresen la mirada hacia el desarrollo humano, hacia la calidad de vida y hacia la construcción de capacidades.

El Gobierno ya se sentó en la mesa, con propuesta en mano. Hay otros grupos de interés que ya tienen sus propias agendas e intereses con los cuales empezarán a negociar. Frente a ello, habrá que buscar la forma y entrar en esas negociaciones, en esos debates, en esos diálogos. Sabemos lo que merecemos, pero también sabemos que no será un regalo. Esa es la belleza de la democracia: hay espacio para todas las expresiones; sin embargo, si lo que se desea es buscar y ejecutar las mejores alternativas, ello nos exige organización.

Sobre el autor o autora

Carla Toche
Politóloga, investigadora de temas políticos y electorales. Investigadora adherente en Grupo de Investigación "Historia y Ciudadanía Activa" de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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