La crisis del gobierno vista desde cuatro prismas

Escrito por Revista Ideele N°304. Junio-Julio 2022

En realidad, serán cinco, solo que las reflexiones hechas desde el prisma económico serán transversales a todos los otros prismas: lo simbólico, lo psicológico, lo social y lo político.

Lo simbólico

Desde el punto de vista del ciudadano, lo más crítico de esta crisis es el aspecto económico. La inflación es la pérdida de la capacidad adquisitiva de la moneda, no es necesario entender de teoría económica a un nivel profundo para darse cuenta de las terribles consecuencias que acarrea. El pan, alimento tan apreciado por las familias peruanas ha cuadriplicado su precio. Este alimento es de una gran connotación simbólica, porque la religión practicada por la mayoría de los peruanos es el cristianismo, en su variante católica. Es célebre, tanto el “Padre Nuestro”, como la parte de la misma oración, en donde se dice “danos hoy nuestro pan de cada día”.  

Precisamente, el pan, como dijimos antes, ha subido de precio y, además, ha reducido su tamaño.  El encarecimiento de los alimentos es semanal. Eso sumado a la percepción de que no se están tomando medidas para solucionar este problema, resulta preocupante y demoledor para el presupuesto familiar.

No es algo de menor valía el buen manejo de la connotación simbólica. Es bien sabido que el pueblo se guía por guiños, gestos. A veces, comerse o no un plato típico puede decidir si tiene algún sentido aspirar a ser presidente. Creemos que hay una relación directa entre una economía informal como la nuestra y el poco interés-y, muchas veces, tiempo-, por frecuentar la cultura en general y las humanidades en particular. En el escenario antes descrito, un gesto y toda su carga simbólica, puede equivaler, para la mayoría de peruanos, al resumen programático de un partido.

En ese sentido, la última orden de inmovilización social, tuvo una gran carga simbólica por haber sido decretada un cinco de abril en la madrugada. Este decreto se llevó a cabo en un contexto de rumores de saqueo por el alza de precios. Debido a la sensibilidad de la población ante la idea de la inmovilidad social por la pandemia, era evidente que decretar algo de esa magnitud, era una medida impopular. Hacerlo de madrugada, da una idea, de algo mal planificado, hecho al azar, como bien dice el dicho, “entre gallos y medianoche”. Y como si todo esto no fuera poco, fue, precisamente, en un cinco de abril, fecha tan significativa y dolorosa para nuestra historia republicana reciente, fecha que nos retrotrae al autogolpe que dio Alberto Fujimori en el año 1992.

El discurso que se opone a esta variante del representacionismo (un representacionismo popular) es el de la tecnocracia. El discurso de la tecnocracia parte del presupuesto de que vivimos en una época posideológica o a-ideológica, en donde, lo mejor para dirigir el país, no sería que se atiendan las demandas de reconocimiento de algún sector u otro, sino que se haga lo mejor desde “un punto de vista profesional”. Por ejemplo, desde este punto de vista, en la economía no habría ideologías, sino la mejor o la peor receta. En donde, el tecnócrata, siempre estaría capacitado para aplicar la mejor solución, porque él es un especialista del área.

Siguiendo con el análisis de lo perceptual, el toque de queda es una medida general para un caso particular: “como no sabemos exactamente en qué zonas hay mayor posibilidad de saqueo, mejor inmovilizamos toda Lima.” En ese decreto no hubo un trabajo de inteligencia. La población percibió en este último gesto, que el gobierno no supo qué hacer.

 Recientemente un ministro dio como ejemplo de modernización vial a la Alemania nazi. Este dato es errado, porque los nazis en campaña, se oponían a la construcción de pistas, porque las consideraban un privilegio para los ricos. Otra vez, volvió a quedar en el aire, la sensación de que la gente del gobierno no sabe, ahora, ni de lo que habla.

Siguiendo con el análisis de las implicancias simbólicas del accionar de este gobierno, hay algo que considero aún más preocupante: el desprestigio del ciudadano de a pie para la política. Porque Castillo, representaba eso, el ciudadano de a pie. Alguien con quien el poblador en general, y el poblador rural en particular, se sentían identificados.

Ha habido casos muy sonados entre los candidatos y su divorcio con el sentir popular:  Alfredo Barnechea, Lourdes Flores, Pedro Pablo Kuczynski; como también es sabido que quien puede conectar con el sentir popular tiene serias posibilidades de aspirar a ser presidente: Fujimori, Toledo y el mismo Castillo. Hasta, inclusive, podríamos decir los mismo de Humala, que sin que se haya obrado la identificación con lo popular, pretendía hacer un gobierno que reivindicara atender las necesidades populares.

 El discurso que se opone a esta variante del representacionismo (un representacionismo popular) es el de la tecnocracia. El discurso de la tecnocracia parte del presupuesto de que vivimos en una época posideológica o a-ideológica, en donde, lo mejor para dirigir el país, no sería que se atiendan las demandas de reconocimiento de algún sector u otro, sino que se haga lo mejor desde “un punto de vista profesional”. Por ejemplo, desde este punto de vista, en la economía no habría ideologías, sino la mejor o la peor receta. En donde, el tecnócrata, siempre estaría capacitado para aplicar la mejor solución, porque él es un especialista del área.

El problema con los tecnócratas no es tanto su concepción teórica, que ya plantea problemas (sobre todo, pensar que vivimos en un mundo post-ideológico), como que, en la práctica, no solo hayan hecho lo mejor que demandaba la situación, sino que se daban leyes que favorecían a un determinado sector económico, porque tenían la seguridad de que cuando terminen sus servicios como funcionarios, los tecnócratas, luego irían a trabajar a ese mismo sector privado que favorecieron. A este mecanismo se le llama “la puerta giratoria”.

El principal problema es que ahora la imagen del ciudadano de a pie, de un ciudadano como tú y como yo, como mandatario, se ha desgastado, también; esto traerá como consecuencia un escepticismo generalizado en la población, sobre todo en los sectores populares.

 Los casos antes mencionados -Toledo, Fujimori y Humala- no son tan dolorosos para el pueblo, porque de alguna u otra forma, estos personajes tenían algún tipo de acceso al poder antes de ser candidatos presidenciales y, posteriormente, presidentes. Fujimori era rector de una conocida universidad, Toledo tenía estudios en el extranjero y Humala ocupaba un cargo de importancia en el ejército. Pero en el caso de Castillo es grave la traición sentida por el pueblo, porque, como ya dijimos líneas más arriba, muchas veces el voto se decide por ademanes o por emociones que nos despiertan determinados actores políticos. Castillo representaba a los pobladores más humildes. También representaba a un gremio muy importante en la sociedad- y al mismo tiempo mal remunerado-: los profesores.  

Esto nos deja, a nosotros, los ciudadanos, los votantes, en un constante escepticismo en relación a nuestros candidatos. Las decepciones de los políticos, que no cumplan lo que prometen en campaña, debilita la democracia, no le hace bien. Se termina promoviendo, subrepticiamente, que las instituciones democráticas no son efectivas. Luego, que no nos sorprenda, que los sectores populares exijan la famosa “mano dura”.

Lo psicológico

En las casas lo que se vive es una gran zozobra. El malestar económico, no solo es un malestar físico, por fala de bienestar material; la inestabilidad produce, inevitablemente, malestar psicológico. Al no haber precios estables, no hay posibilidad de planificación, ergo, se vive en un gran clima de incertidumbre. La etimología de estado, alude a la estabilidad; sin estabilidad, y con una constante sensación de incertidumbre, no es para nada sorpresivo que el nivel de estrés para los padres de familia se dispare.

Los jóvenes recién independizados, como estamos en medio de una crisis económica, tienen que aceptar trabajos mal pagados, porque saben que son sustituibles, que, en cualquier momento, otro joven podría ocupar su trabajo. En síntesis, que no sorprenda que los niveles de estrés en la ciudadanía se disparen producto de un trabajo que exprime a los ciudadanos y no paga lo justo.

 La inestabilidad y la sensación de ser prescindible en el centro laboral, inevitablemente, mella en la salud mental. Para el cerebro es como si, constantemente, estuviésemos en un estado de sobrevivencia, como a la intemperie.

 Lo social

En lo social, hemos tenido una alegría muy breve, la clasificación al repechaje en lo futbolístico, pero como he dicho en una columna reciente, que tengo en un medio de comunicación conocido:

[…]la ejecución brillante del rol designado por el estratega, antes mencionado, por parte de hombres clave en nuestra formación de juego: Cueva, Lapadula, Yotún, y otros […]

La planeación, la designación de los ejecutantes adecuados, la confianza en el proceso y, finalmente, la consecución de objetivos, modestos, pero los necesarios para aspirar a objetivos más grandes, y, sobre todo, la capacidad de re-direccionar nuestro plan sin traicionarlo, cuando las contingencias y las injusticias nos salen al frente. Todo eso ha tenido la selección en este proceso eliminatorio. Todo eso nos está faltando en términos de gestión pública.

Pasada la unión momentánea que suele producirnos el fútbol, las huelgas y rumores de saqueo, el pacto que pareciera que se ha hecho con el sector informal en el sector transporte; eso aunado a todos los escándalos de corrupción, podemos llegar, a la lamentable conclusión, de que son nuestros funcionarios, nuestras representantes, los primeros en romper el pacto social. Puesto así, otra vez, estamos volviendo a sufrir otro golpe muy duro para la democracia.

Lo político

Lamentablemente, la clase política sufre de un gran desprestigio. Tanto el presidente como el congreso son desaprobados por más de la mitad de la población. Aunque, si entendemos lo político, no solo en un sentido partidario, o de representantes políticos, sino como el ejercicio de los ciudadanos en la polis; es decir, en la ciudad, hay un motivo de felicitación: la reacción masiva de ciudadanos que salieron a marchar este último cinco de abril. Que la ciudadanía haga sentir en las calles su rechazo por esta situación es bueno para la democracia, porque implica que los ciudadanos, ningún partido en particular, sino la ciudadanía en general, se compromete con la defensa de la democracia y la exigencia de autoridades competentes.

Fuentes Bibliográficas

https://data.larepublica.pe/encuesta-iep-aprobacion-desaprobacion-peru-presidente-congreso-de-la-republica/

https://rpp.pe/columnistas/mariasoledadescalantebeltran/los-espacios-publicos-la-politica-y-el-futbol-noticia-1397884

Sobre el autor o autora

Soledad Escalante
Jefa de la Oficina de Formación Humanista (OFH) de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).

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