Machismo y violencia contra las mujeres en Marruecos: la banalidad de la dominación masculina en el Magreb

Escrito por Revista Ideele N°281. Setiembre 2018

El machismo y la violencia contra las mujeres es una práctica social ordinaria en Marruecos y en el Magreb (occidente musulmán) en general. Ello no es una particularidad regional pues la dominación masculina es la costumbre social mejor compartida en todas las sociedades humanas (Harari 2011). En efecto, según la antropóloga Françoise Héritier (1996), la jerarquía establecida desde el pasado remoto entre los hombres/superiores y las mujeres/inferiores se actualiza en tanto “valencia diferencial de sexos”. Héritier plantea que el fundamento de esta jerarquía es la voluntad de controlar la reproducción humana de parte de aquellos que no pueden engendrar, los hombres. Si en los países del Norte, la igualdad entre los sexos es admitida como normal, la situación es totalmente opuesta en países del Tercer Mundo como Marruecos, muy marcado por el autoritarismo político de la monarquía, la presión social del islamismo y la gran frustración de los jóvenes a quienes se les prohíbe tener una vida sexual saludable pues ello va en contra de la moral musulmana, salvo dentro del matrimonio.

Luego de cuatro años de vivir en Rabat, capital de Marruecos, quisiera aportar algunos datos sobre el machismo local que se asemeja al machismo latinoamericano y peruano, aunque la dimensión del feminicidio esté menos presente en el Magreb en relación con América Latina, donde las cifras de estos viles crímenes son espantosas (Villasante, Revista Ideele n°280). Sin embargo, aunque los rasgos públicos del acoso sexual sean “pasados de moda” en nuestras ciudades, la violencia contra las mujeres es bastante similar. En Marruecos, el machismo se presenta como una afirmación descarada e insolente de la dominación masculina en su versión musulmana. Las personas que se oponen a este esquema mental (obsoleto en los países del Norte) son pocas y pertenecen a las clases acomodadas e instruidas de la sociedad. Por ello podemos plantear que la valencia diferencial de sexos y el machismo caracterizan sociedades rezagadas donde la socialización de los niños se asocia a la violencia y a su aceptación por parte de las niñas. Como veremos en esta nota, en Marruecos que es un país bastante rural, conservador y musulmán/islamista, la idea occidental y moderna de la igualdad entre los sexos es muy reciente, data solamente de 2011, cuando emergió la “primavera árabe” y las reivindicaciones de democracia, de igualdad social y de paridad sexual en varios países árabes del Norte de África. Para evitar el desborde popular (como en Túnez y en Egipto), el rey Mohamed VI introdujo las primeras reformas sociales del reino, y tuvo que aceptar la legalización de partidos islamistas.

El machismo ordinario en el espacio público

Empecemos por algunas vivencias testimoniales. Cuando llegué a Marruecos en agosto de 2014 (por razones laborales), pensaba que la sociedad marroquí debía parecerse a la sociedad mauritana que conozco desde hace más de treinta años [ver mi artículo sobre Mauritania, Revista Ideele n°280]. ¡Nada más lejos de la realidad! Los Mauritanos tienen un pasado de nomadismo que influencia en gran medida la paridad que existe entre los hombres y las mujeres; de hecho, dado que las mujeres vivían por largos períodos de tiempo solas en los campamentos, a cargo de los niños y de la vida familiar, mientras los esposos y los padres viajaban para trabajar en el comercio, conservan una autonomía personal importante que es respetada por todos los hombres. Las mujeres Mauritanas de lengua árabe son mucho más libres y son mejor respetadas que todas aquellas que viven en las sociedades del Magreb, que tienen un pasado sedentario de fuerte control social. Dicho esto, en Mauritania, la violencia doméstica contra las mujeres, sobre todo entre las clases pobres y entre los grupos serviles, es también parte de la realidad cotidiana. No obstante, los feminicidios son muy raros, como en Marruecos — probablemente a causa de los principios islámicos que condenan los homicidios de mujeres y de niños en forma radical.

Rabat da la impresión de ser una ciudad moderna, con una arquitectura moderna bastante similar a la que se puede ver en Lima y en las ciudades de la costa peruana y que podemos situar en los años 70. Pero la modernidad es solo aparente. Como en otras ciudades del Tercer Mundo, muchas cosas funcionan mal, las veredas están rotas en muchos lugares aún en los barrios residenciales; la lentitud de los servicios comerciales y el desorden del tráfico vehicular son corrientes. En la calle se siente mucha agresividad latente o abierta, tanto entre hombres como entre mujeres, todos gritan e insultan o amenazan con golpes con gran facilidad. Las madres pegan a los niños en público y en privado, y nadie los defiende Es la normalidad. Se observan también peleas con uso de golpes y cachetadas entre hombres y entre mujeres, y a veces también entre hombres y mujeres en plena calle, en general nadie trata de calmarlos o de defender a una persona que está siendo agredida, la gente se muestra indiferente, pasa sin voltear siquiera. Las relaciones sociales están totalmente impregnadas de la valencia diferencial de sexos; es decir de la distancia jerárquica que separa los hombres de las mujeres.

En la calle, todos piensan que soy marroquí y me tratan como tal. En algunas tiendas, como panaderías o pequeños comercios, las colas para pagar son corrientes; y es también corriente que llegue un hombre y que ordene con gran desenvoltura que lo atiendan primero sin respetar la cola y la empleada lo hace. Soy probablemente una de las raras mujeres que interviene en esas circunstancias, hablando en francés, para pedir que se respete el orden de llegada. Todos me miran con incredulidad y me dicen en árabe que “no me meta”; cuando les aclaro, en francés, que no soy marroquí y que no entiendo el árabe, siguen insistiendo y me preguntan “¿porqué no quiere hablar en árabe?”, sin creer que sea peruana y francófona. En realidad puedo comprender la variante del árabe que se habla aquí, el darija, pero decidí no hacerlo notar pues con ello confirmaría mi supuesta identidad “árabe”. Debo precisar que como en el resto de ex colonias francesas, el francés es la segunda lengua y la lengua de cultura de los magrebíes. Las personas que hablan sólo árabe son las más pobres y sin educación formal, pero todos entienden al menos algunas palabras de francés pues se enseña en las escuelas públicas.

Otro ejemplo. Cuando se camina en la calle, los hombres creen que tienen la “preferencia” por decirlo de algún modo. Es decir, si hay grupos de dos o tres hombres, esperan que las mujeres que caminan en sentido contrario se aparten de “su” camino y les den el paso. Para los hombres es una manera patente de demostrar su preeminencia social. Este tipo de comportamiento es escandaloso para una peruana, por lo cual yo no me muevo y espero que se den cuenta que no les voy a dejar pasar (me detengo y espero que avancen cruzando los brazos, lo cual les parece muy extraño y suscita a veces insultos).

Los malos modales masculinos se observan también en espacios oficiales como las salas de conferencia, donde los hombres se permiten empujar a las mujeres para obtener los mejores asientos, o pasar sin pedir permiso a las mujeres que están sentadas, asombrándose (como me ha sucedido) cuando se les interpela. Aplastar a las mujeres es una banalidad en Rabat y, según mis informaciones, en todo Marruecos. Existen excepciones notables: las mujeres europeas son tratadas con deferencia por los hombres y por las mujeres marroquíes. Este comportamiento explicita probablemente el sentimiento de inferioridad que sienten los marroquíes ante los Europeos (u “Occidentales”).

La prepotencia masculina en los espacios públicos es solamente la expresión superficial de los altos niveles de violencia que existen contra las mujeres; pero antes de abordar este tema es necesario aportar algunos datos sobre el orden político del país.

Algunos datos sobre el orden político y económico marroquí

El reino de Marruecos tiene un sistema de control político autoritario centrado en la persona del rey Mohamed VI, que sucedió a su padre Hassan II a su muerte, en julio de 1999. Marruecos estuvo bajo la influencia colonial francesa entre mediados del siglo XIX y 1956; recordemos que el imperialismo francés se extendió entre el Magreb y el oeste del África. Argelia, el país vecino situado al oeste de Marruecos, fue un departamento francés desde 1848 hasta 1962, en que se independizó al cabo de una cruenta guerra de independencia que provocó la muerte de 350 mil a 400 mil soldados y civiles argelinos. Hassan II tuvo un reino muy autoritario, dictatorial y sanguinario, que destruyó toda forma de oposición política valiéndose de asesinatos de dirigentes y de prisiones secretas donde se encerraron centenas de opositores. Para crear la “unidad nacional”, hasta ese momento inexistente, Hassan II anexó el Sahara Occidental en 1975; desde entonces, las nuevas generaciones están convencidas del “derecho marroquí” de incorporar esta región del Sahara en el “espacio nacional”, lo cual es denegado por la ONU. En realidad el Sahara Occidental —habitado por la sociedad bidân como en Mauritania —, ha sido anexado por Marruecos de manera ilegal con el fin de extender su territorio (actualmente 750 mil km2) y explotar sus recursos naturales (los fosfatos, principal materia prima de exportación, y también la pesca industrial).

El sector primario de la economía del país sigue siendo preponderante, la agricultura contribuye con 18% al PIB, 40% de la población vive de la agricultura en las zonas rurales; sin embargo, como esta actividad es muy dependiente de la meteorología para obtener buenas cosechas, por lo tanto los cambios climáticos como las sequías (frecuentes desde hace dos años) la afectan directamente. La segunda actividad de este sector es la pesca; el país controla 2000 km de costa y desde 2013 la Unión Europea ha establecido un acuerdo con Marruecos a cambio de 30 millones de euros anuales para desarrollar este sector. Los países europeos vecinos (España, Francia) invierten en el país y han participado en su industrialización (autos, aviones, productos farmacéuticos), que representa 28% del PIB. El turismo es un sector económico importante que aporta 7% al PIB y es la primera fuente de divisas del país. Existen sin embargo tres calamidades que bloquean el progreso social y económico de Marruecos: la corrupción, el trabajo informal y el tráfico de droga. La corrupción esta asociada al control económico y financiero desmesurado de las viejas élites del país y sobre todo de la familia de la realeza que posee muchas empresas y miles de hectáreas de tierras; el trabajo informal es, como sabemos, una constante de los países del tercer Mundo. De otro lado, recordemos que Marruecos es el primer exportador mundial de haschich (la resina de marihuana), y los planes de remplazo de cultivos [como se hace en el Perú con la coca] comenzados en 2009 no han dado los resultados esperados. Se estima que el tráfico de este producto a América del Sur y a los Estados Unidos (vía el África sub-sahariana), y a Europa (por vía marítima) produce un beneficio de más de dos mil millones de dólares a los carteles locales.

A pesar de los progresos económicos, 32% de la población es analfabeta y 16% es desempleada. Según las fuentes oficiales, la tasa de pobreza es de 4%, sin embargo según un informe de Oxfam (enero de 2018) la mitad de los marroquíes vive con menos de 100€ mensuales, lo cual implica un altísimo nivel de pobreza y vulnerabilidad (Aujourd’hui le Marocdel 23 de enero de 2018). Esta situación esta ligada al hecho de que sólo 47% de la población trabaja, la mayoría de los jóvenes y de las mujeres están excluidos del mercado laboral, los primeros por falta de formación y las segundas porque la sociedad rechaza el trabajo femenino y muchas mujeres se someten a esta presión social tradicionalista y ultra conservadora.

Las presiones internacionales hicieron posible la introducción de cambios políticos en 1996, cuando se adoptó por referéndum una nueva Constitución y se crearon dos asambleas, una cámara de diputados y otra de senadores. El nuevo rey Mohamed VI ha introducido algunas transformaciones positivas, por ejemplo ha liberado 46,000 presos políticos, ha oficializado el amazigh (lengua del grupo étnico beréber que representa dos tercios de la población), ha disminuido la violencia estatal y ha prometido reformas sociales. Sin embargo sus promesas renovadas en 2011, cuando emergió la “primavera árabe” que exigía democracia y libertad de expresión, no se han concretizado. Es cierto que la nueva Constitución reconoce la igualdad entre los hombres y las mujeres; oponiéndose en ello a la ley islámica que establece la inferioridad intrínseca de las mujeres y les inculca la sumisión ante los hombres. Pero en realidad, la “monarquía parlamentaria, democrática y social” (según la Constitución de 2011) no ha cambiado la primacía del rey Mohamed VI, que sigue conservando todos los poderes del Estado, y que continua enriqueciéndose de manera abierta en un país donde el desempleo es muy importante entre los jóvenes entre 15-29 años (30%), entre las personas instruidas (18%) y entre las mujeres (15%); en tanto el crecimiento económico es bastante reducido (3%). El Índice de desarrollo humano (pobreza, educación, desempleo, desigualdad hombres/mujeres) de Marruecos es muy débil, el país ocupa el rango 126 sobre un total de 188 países analizados. En contraste, nuestro país ocupa el puesto 87 [cerca al Ecuador (88); y lejos de Chile (38), Argentina (45) y Uruguay (54)] (Sitio del Banco Mundial, abril de 2018).

El autoritarismo se observa en la imposición constante de las voluntades del rey Mohamed VI a todo nivel del gobierno (ejecutivo, legislativo, judicial) y también en la censura constante de la oposición y la carencia de una verdadera libertad de expresión; a ello se añaden las viejas prácticas dictatoriales de las torturas en las cárceles, de las desapariciones forzadas y de la represión sanguinaria de las corrientes de oposición que defienden la democracia y del Frente Polisario que exige la independencia del Sahara Occidental y la República árabe sarahui. Los derechos humanos y los derechos cívicos no son respetados en Marruecos.

El nuevo código de la familia de 2004 y la violencia contra las mujeres

En 2004, el gobierno marroquí ha modificado el Código de la familia (en árabe mudawana) que se inspira de la tradición musulmana local y que define las relaciones familiares entre los hombres y las mujeres ante la ley. Por primera vez en el país se afirmó la igualdad entre hombres y mujeres y se dieron las pautas legales para la emancipación de éstas últimas del control de los padres y de los esposos. En adelante, y en principio, las mujeres ya no son tratadas como menores de edad: ya no están sujetas a la tutela patriarcal, pueden elegir libremente a los esposos (los matrimonios arreglados por los padres de las mujeres eran y son aún corrientes en las zonas rurales), la edad de matrimonio es equivalente a la de los jóvenes, 18 años (antes era 15 años); además las mujeres pueden viajar solas, firmar contratos de bienes adquiridos en el matrimonio, divorciar sin perder la custodia de los hijos y rechazar la poligamia (la religión musulmana permite a un hombre tener hasta cuatro esposas legales y diversas concubinas).

La reforma social instaurada hace solamente 14 años, refleja una situación de subordinación total de las mujeres en Marruecos. Es cierto que la religión musulmana, nacida en Arabia en el siglo VII, reconoce y legitima la “superioridad masculina”; pero hay que precisar que las sociedades sedentarias árabes han desarrollado un conservatismo machista muy fuerte que niega o silencia los mensajes favorables a la condición femenina en el Corán, la biblia musulmana. Por ello, en la mentalidad popular, modificar el Código de familia equivalía a modificar el Corán, lo cual es impensable para los musulmanes; soin embargo, el tabú ha sido roto definitivamente pues la reforma se ha inspirado de las recomendaciones coránicas de respeto las mujeres. Abramos un paréntesis para notar notar que en el reino absolutista de Arabia Saudita, el país que pretende representar a la nación musulmana por el hecho de custodiar los lugares santos de esta religión, la posición de las mujeres es la más obscurantista y retrógrada del mundo. Recién ahora, en junio de 2018, el nuevo rey Salman ben Abdelaziz Al Saud [desde 2015], ha autorizado a las mujeres manejar sus autos sin estar custodiadas por algún hombre… Increíble pero cierto.

La reforma de 2004 representa un paso adelante en la igualdad entre hombres y mujeres, sin embargo el machismo sigue siendo un referente central en la vida social marroquí, que difiere en función del medio social (citadino/rural) y las generaciones. En principio, los cambios positivos se observan sobre todo en las grandes ciudades (Rabat, Casablanca, Tánger, Marrakech), y entre las nuevas generaciones de jóvenes instruidos. No obstante, estas mejoras no han hecho desaparecer el machismo prepotente en los espacios públicos, como lo vimos anteriormente, y conciernen tanto las clases medias y burguesas como las clases pobres que, por desgracia, han sido fuertemente influenciadas por la ola de islamismo que llegó a los países árabes desde Arabia Saudita hace unos quince años.

El islamismo designa una forma de religiosidad extrema, el wahabbismo, que pretende seguir al pie de la letra el modo de vida del profeta Mohamed; podemos considerar que se trata de una ideología ultra religiosa a través de la cual Arabia Saudita impone su dominio político y religioso sobre el resto de los países árabes e islámicos, en contraposición con el antiguo país rival en ésos temas, Egipto. Hasta el momento, el islamismo saudita se extiende en el mundo musulmán, y Egipto no tiene la capacidad de responder como lo hubiera podido hacer hace unos veinte años en razón de su pésima situación económica y política. En Marruecos, el islamismo es la primera fuerza política desde 2011 (a pesar de la abstención de 55% de electores que no votan porque saben que el rey gobierna solo), y el Primer Ministro Benkirane expresaba con frecuencia su conservadurismo contra las mujeres. En marzo de 2017, el rey Mohamed VI lo ha reemplazado por otro islamista, El Othmani. El gobierno actual tiene 9 mujeres que ocupan cargos subalternos, salvo el puesto de la Ministra de la Familia.

En Marruecos, los sectores pobres y sin educación de la población, sobre todo en los medios rurales, siguen viviendo como otrora. Los matrimonios de niñas adolescentes (12-15 años), organizados por los padres, eran una vieja tradición local que sigue siendo actualizada legalmente gracias a las demandas de derogatorias presentadas a los jueces y que las aceptan en 90% de los casos. Esos matrimonios son una forma apenas encubierta de venta de niñas a hombres mayores que aportan mucho dinero a los padres a cambio del consentimiento obligatorio para realizar el matrimonio musulmán cuando la novia es menor y virgen por supuesto. La virginidad de las novias es un exigencia social en el país, en todos los medios sociales, salvo entre los jóvenes de las clases burguesas que han vivido en Europa.

La violencia contra las niñas y las mujeres en general es muy importante en Marruecos. En realidad el problema del machismo es universal, aunque se presente bajo sus peores formas en países del Tercer Mundo, donde los hombres siguen rechazando la paridad de las relaciones entre hombres y mujeres para defender sus privilegios masculinos y patriarcales. Esta situación no podría continuar a concretizarse sin la participación consciente o inconsciente de las mujeres. Son ellas, las madres, que crían y educan a los hijos en el marco de la ideología machista, sea en Marruecos, en el Perú o en los otros países del Tercer Mundo en los cuales la ideología igualitaria entre los sexos, nacida al mismo tiempo que la idea de igualdad social, es aún muy tímida o inexistente.

En Marruecos, los medios y las ONGs denuncian con frecuencia las violencias contra las mujeres, en particular el acoso de mujeres en los espacios públicos, pues aún cuando el país sea lo bastante abierto como para aceptar que las mujeres no lleven un velo para ocultar el cabello [siguiendo un consejo y no una obligación coránica], para las mujeres caminar solas en la calle puede ser una pesadilla, sobre todo las jovencitas, que son asediadas por hombres de toda edad y de toda clase social. Exactamente como se usaba todavía en el Perú hasta los años 1970-80, y donde aún se registran acosos callejeros en ciertos barrios pobres de las ciudades.

Han habido dos casos que han desatado un fuerte rechazo nacional. En marzo de 2012, una adolescente de 16 años, Amina Filali, fue forzada a casarse con un hombre que la había violado; en efecto, según el Artículo 475 del Código penal marroquí, el tribunal dió la posibilidad al violador de casarse con Amina para evitarle la cárcel, increíble pero cierto. La muchacha no lo soportó y se suicidó. El Artículo 475, obscurantista, vergonzoso y machista ha sido anulado recién en 2014. El segundo caso data de junio de 2017, una mujer de 24 años fue violada en la parte trasera de un ómnibus, en pleno día, en Casablanca, por cuatro jóvenes. La escena fue filmada y difundida el 20 de agosto, en el video se puede ver como los hombres le quitan la ropa riendo, mientras ella llora y suplica que la dejen en paz; el chofer del ómnibus escucha todo y no hace nada para defenderla. La mayoría de internautas que han visto este video apoyan a la muchacha condenando la agresión sexual; pero otros escriben que “como estaba vestida en modo indecente y provocante, como una prostituta, ha tenido lo que se merecía”. Como de costumbre, son las mujeres las culpables de ser atacadas por los (pobres) hombres. Notemos además la perversidad infame que implica filmar estos crímenes odiosos, que podemos interpretar como una moda horripilante, vehiculada y facilitada por las nuevas tecnologías globalizadas que inducen al egocentrismo extremo.

De manera muy explícita, una muchacha de 22 años, Wafae, ha declarado al periódico Le Monde: “las agresiones sexuales son parte de nuestra vida diaria en Casablanca. Ya sea en el bus, en la calle, o en el mercado abierto lleno de gente, tenemos que sufrir tocamientos e insultos. Los hombres abren sus braguetas, pegan sus sexos en los traseros de las mujeres e incluso eyaculan ¡en pleno lugar público! La gente alrededor mira al cielo, simulan no ver nada, los choferes de los buses no intervienen nunca.” En ése clima de violencia banalizada y tolerada por la sociedad muchas mujeres portan el velo para protegerse de las agresiones. Sin embargo, como dice Wafae, “Pero ni eso es suficiente, podemos llevar una yelaba [vestido tradicional largo] y un velo a pesar del calor del verano, los hombres nos agreden igual.” Las agresiones en los espacios públicos son ignoradas por las autoridades, como lo ha reconocido el Ministro de Derechos Humanos Mustafa Ramid, que declaraba que la ley condena el acoso sexual en el trabajo pero no en la calle. Sin embargo, luego de la vil agresión de junio de 2017, la Seguridad Nacional capturó a seis jóvenes de 15 a 17 años por su implicación en este delito que ha suscitado varias manifestaciones en las principales ciudades de Marruecos (Le Monde del 21 de agosto de 2017).

Las cifras oficiales sobre la violencia femenina en Marruecos son terribles, sobre un total de 35,2 millones de marroquíes, 6 millones de mujeres han declarado haber sido agredidas por los hombres; entre las cuales 3,7 millones han sido violentadas por sus esposos (Alto comisariado de la planificación). Sin embargo, la violación conyugal no es reconocida en el código penal. En general, se estima que solamente 3% de mujeres presenta una denuncia en la comisaria, pero ello no sirve de mucho pues los culpables no son molestados, la policía considera que los esposos “tienen derecho a castigar a las esposas”. ¡La masculinidad tóxica no tiene límites!

Las asociaciones de defensa de mujeres declaran recibir más de 1000 casos nuevos por año, y confirman el hecho que los autores de las agresiones son mayoritariamente los esposos (79%) y los ex esposos (9,5%). Sin embargo, los casos de agresión conciernen raramente los homicidios. La “Asociación marroquí de lucha contra la violencia contra las mujeres” funciona desde 1995, ha abierto 70 centros de apoyo a las mujeres en el país y dispone de estadísticas interesantes sobre el total de casos recibidos: 20% concierne los golpes, 18% los insultos, 14% las humillaciones, 13% la ausencia de subvenciones a la familia, 6% la expulsión del domicilio conyugal, 3,5% las amenazas de homicidio, 3% la ausencia de comunicación y en fin hay 2% de casos de sodomización forzada (AMVEF, 7 de febrero de 2018).
El Observatorio de la violencia contra las mujeres ha publicado su primer informe en 2015 a partir de los datos recogidos en los formularios de atención al público creadas en los Ministerios de Justicia y de Salud y también de los informes provenientes de la Seguridad Nacional y de la Gendarmería Real. Se ha constatado que la violencia ha aumentado entre 2013 y 2014, pasando de 54,8% à 63%; es decir un alza de más de 8%. De otro lado, más de la mitad de las agresiones denunciadas conciernen ciudades importantes como Marrakech y Rabat, pero también pequeñas localidades como El Jadida, Kenitra y Béni Mellal.

En 2014, se comprobaron 88% de actos de violencia de los hombres contra mujeres; pero las violencias femeninas también existen; ese mismo año, 11% de violencias tuvieron lugar entre mujeres. Los datos provenientes de los hospitales han confirmado el alza de las agresiones de hombres contra mujeres: en 2013 hubieron 8,675 casos y en 2014 aumentaron a 12,218. La gran mayoría de esas agresiones (75%) tuvo lugar en las ciudades, y solo 25% en las zonas rurales; pero en realidad esas cifras se explican por el aumento de centros de víctimas de la violencia femenina en los hospitales urbanos, y no refleja la situación real de la violencia rural que sigue siendo quizá más importante que en las zonas urbanas y que no es denunciada porque las mujeres tienen vergüenza (como sucede en todo el mundo). Esta situación se refleja también en las cifras de las violencias conyugales denunciadas en las comisarias; la Seguridad Nacional ha registrado un aumento de la violencia física contra las mujeres de 1,8%: en 2013 hubieron 15,640 casos y en 2014 se registraron 15,865 casos. En fin, en 2014 se denunciaron 7,962 casos de mujeres casadas víctimas de violencia; contra 3,444 mujeres solteras y 2,039 divorciadas (Le Matin del 8 de marzo de 2018).

En Marruecos la violencia contra las mujeres y las niñas que trabajan como empleadas domésticas es también muy importante. Según Human Rights Watch, existen 11% de niños entre 6 y 15 años que trabajan, es decir alrededor de 600,000 niños, entre los cuales 66,000 niñas trabajan como domésticas y viven en condiciones terribles de sobre explotación, durmiendo y comiendo mal y teniendo que estar listas día y noche para servir a los patrones.

Esta situación es muy similar a la que viven algunas empleadas de estatuto servil en Mauritania; pero también se observa en muchos lugares del Perú y de América Latina en general. En Marruecos, la ley prohíbe el trabajo de niños de menos de 15 años y desde 2016 existe una ley de protección del trabajo doméstico, pero que entrará en vigor recién en octubre de este año; en adelante, las trabajadoras del hogar tendrán que trabajar con un contrato oficial.

En este caso particularmente atroz de aprovechamiento indecente, ilegal e inmoral del trabajo de niñas, los responsables de las violencias no son solamente hombres que violan corrientemente a las empleadas, sino las patronas, que parecen vengarse de su triste condición de sumisión haciendo sufrir a niñas, convertidas en sus chivos expiatorios, yendo incluso hasta la tortura física. Tal ha sido el caso reciente de Latefa, de 22 años, abandonada en una clínica de Casablanca con quemaduras en todo el cuerpo el 13 de enero de 2018. El Fiscal de la Nación ha tomado el caso de inmediato y la patrona ha sido detenida para investigar los hechos. Varias asociaciones se han movilizado para exigir un juicio ejemplar bajo el lema “la barbarie en nuestras paredes” (Géopolis del 23 de enero de 2018).

La primera ley que protege a las mujeres de la violencia ha sido adoptada por la cámara de diputados recién en febrero de 2018, se aprobó con 168 votos a favor, 55 en contra y ninguna abstención. El texto se había quedado bloqueado desde 2016. Lo cual demuestra que existen fuerzas políticas ultra conservadoras que siguen considerando que las mujeres no necesitan ser defendidas legalmente de las agresiones de los hombres. Esta Ley 103.13 engloba todas las formas de violencia, en el contexto doméstico, en la calle, en el trabajo o en otro lugar. La Ministra de la Familia, de la solidaridad, de la igualdad y del desarrollo social, Bassima Hakkaoui, ha declarado que la ley se sitúa en el marco de la consolidación de la democracia, de la paridad y de los valores de justicia garantizados en la Constitución de 2011. El texto estipula que el salario mínimo por mes será del equivalente de 158€ (60% del salario mínimo nacional); el acoso sexual es castigado con penas de seis meses de prisión y multas del equivalente de 1000€; si la víctima es menor de edad la pena puede llegar a cinco años de cárcel. De otro lado, la ley considera que existen circunstancias agravantes cuando las víctimas son mujeres embarazadas, esposas o divorciadas; en esos casos, los jueces pueden ordenar que los agresores no se acerquen a ellas de manera temporal o definitiva.

El avance que representa la nueva ley se acompaña de la constatación que la ideología machista y patriarcal sigue siendo importante en Marruecos. En efecto, en febrero de este año, la oficina de la ONU-Mujeres publicó los resultados de la encuesta que realizaron en Rabat y en las localidades vecinas de Salé y de Kenitra sobre “las masculinidades y la igualdad de sexos”. Según esta encuesta, 38% de los hombres considera que las mujeres meritan de ser golpeadas. Peor aún, 62% de hombres y 46% de mujeres están de acuerdo con la afirmación siguiente: “la mujer debe tolerar la violencia para mantener la familia unida.” (Le 360, febrero de 2018). En un palabra, al menos la mitad de los hombres y de las mujeres interrogados considera que la violencia contra las mujeres es un hecho banal que hay que soportar y tolerar “por el bien de la familia”. Una paradoja muy cruel para las víctimas y para los hijos.

Reflexiones finales
• El sometimiento a la ley del más fuerte (los hombres, los notables, los burgueses, el rey y sus élites cercanas) se concretiza en todas las esferas de la vida social marroquí, lo cual explicita la importancia de la ideología tradicional y anti moderna que la caracteriza, así como la gran lentitud de los avances en materia de protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: las mujeres, los niños y los pobres.
• En ese contexto global, la violencia contra las mujeres y la perennidad de la ideología y de la práctica machista siguen afirmándose en el país, ello a pesar de la reciente ley de febrero de 2018 que reprime y castiga severamente a los responsables de las agresiones. La encuesta de la ONU-Mujeres ha demostrado que la mentalidad patriarcal y la masculinidad tóxica son consideradas normales por la mayoría de los hombres y por cerca de la mitad de las mujeres; estos grupos están convencidos que la violencia es una especie de fatalidad que hay que tolerar “en aras de la unidad familiar”. Esto implica al menos tres hechos: (1) que se admite que los hombres sean violentos contra personas vulnerables, que ello funda su virilidad o identidad masculina, (2) que las mujeres deben tolerar ser agredidas físicamente y psicológicamente, (3) que los hijos crecen en ese contexto de violencia doméstica que van a reproducir en sus propios hogares más tarde.
• El machismo es un comportamiento humano constante en la historia y en todas las sociedades que consideran que la jerarquía que separa los hombres/superiores de las mujeres/inferiores es “natural”, “objetiva” o “banal”. Esta jerarquía antigua — que se funda sobre la voluntad de control de la reproducción de parte de los hombres — ha sido cuestionada a partir del siglo XIX en Europa y en Estados Unidos. La igualdad social y de sexos es la base del sistema democrático occidental que se ha propagado a todo el mundo después de la Segunda Guerra mundial. Constatamos sin embargo que las sociedades rezagadas del Tercer Mundo, como Marruecos (o el Perú), siguen siendo autoritarias, anti democráticas,  consideran que los hombres deben dirigir los destinos políticos de las mayorías y que ello incluye la violencia contra las mujeres y contra las niñas. Es decir contra los sectores más vulnerables de la sociedad que no pueden defenderse. El caso de la sobre explotación y de la violencia contra las niñas domésticas en Marruecos es paradigmático y demuestra que la depravación inmoral que conduce a maltratar a niñas y a mujeres pobres puede ser también asumida por otras mujeres que hacen sufrir, sin vergüenza ni remordimientos a personas indefensas que, siendo pobres y sin educación, se ven forzadas a vender su mano de obra como empleadas domésticas. Este es el circulo vicioso de la violencia en el ámbito privado de las sociedades atrasadas, incluyendo el Perú. Para cambiar este orden de cosas se necesitan muchos años de campañas estatales y de educación escolar en los valores de la igualdad sexual y de la igualdad ciudadana, lo cual implica el cambio de la identidad masculina tóxica y depredadora.
• Notemos en fin que Marruecos está situado geográficamente al frente de Europa y aunque se observe un barniz de modernidad relativamente significativo (buenas infraestructuras en las ciudades, formación universitaria privada de calidad, adopción de las últimas tecnologías), en el fondo, la sociedad sigue siendo dominada por la ideología machista y patriarcal. Por ello no es extraño constatar que los jóvenes de los dos sexos de las clases medias y altas sueñen con emigrar lejos del país, a Europa o a Norte América. La diáspora marroquí en esos lugares es muy importante y aumentará sin duda alguna en las próximas décadas. Ese es el precio muy alto de la aspiración juvenil a vivir en sociedades donde los hombres y las mujeres se respeten como seres humanos y ciudadanos con iguales deberes y derechos.

(REVISTA IDEELE EDICIÓN N° 281, SETIEMBRE DEL 2018)

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Harari Yuval Noah (2011) 2015, Homo Sapiens. Brève histoire de l’humanité, Paris, Albin Michel.
Héritier Françoise, 1996, Masculin, féminin. La pensée de la différence, Paris, Odile Jacob.
Villasante Mariella, 2018a, Violencia sexual contra niñas y pena de muerte : discurso populista y cultura machista, in Revista Ideele n°277, febrero de 2018,
https://revistaideele.com/ideele/content/violencia-sexual-contra-niñas-y-pena-de-muerte-discurso-populista-y-cultura-machista
Villasante Mariella, 2018b, Jerarquías, igualdad moderna y violencia política en República Islámica de Mauritania, Revista Ideele n°279, junio de 2018,
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— Informe Human Rights Wach sobre las empleadas domésticas, 1 de agosto de 2016
https://www.hrw.org/fr/news/2016/08/01/maroc-une-nouvelle-loi-consacre-les-droits-des-travailleuses-domestiques Ver también:  https://www.yabiladi.com/article-societe-1021.html
— 2M.ma del 30 de junio de 2017: http://www.2m.ma/fr/news/neuf-enfants-sur-10-sont-victimes-de-violences-au-maroc-selon-lunicef-20170630/
— Le Monde del 21 de agosto de 2017 https://www.lemonde.fr/afrique/article/2017/08/21/agression-sexuelle-dans-un-bus-le-maroc-indifferent-aux-violences-faites-aux-femmes_5174850_3212.html
— Géopolis del 23 de enero de 2018: http://geopolis.francetvinfo.fr/maroc-le-calvaire-des-travailleuses-domestiques-victimes-de-traitements-cruels-176893
— Aujourd’hui le Maroc del 23 de enero de 2018: http://aujourdhui.ma/societe/pauvrete-emploi-et-education-les-inegalites-se-creusent-au-maroc
— AMVEF (Association marocaine de lutte contre la violence à l’égard de femmes), febrero de 2018: http://amvef.org/index.php/2018/02/07/maroc-les-chiffres-alarmants-des-violences-faites-aux-femmes/
— Le 360 del 28 de febrero de 2018: http://fr.le360.ma/societe/etude-pour-38-des-marocains-les-femmes-meritent-detre-battues-157913
— Le Matin del 8 de marzo de 2018: https://lematin.ma/journal/2018/cadre-juridique-protegeant-femmes-toutes-formes-violence/288522.html

Sobre el autor o autora

Mariella Villasante
Doctora en antropología (École des Hautes études en sciences sociales, París), investigadora asociada al Instituto Riva Agüero y al Instituto de democracia y derechos humanos, PUCP. Especialista del Perú y de Mauritania. Comenzó sus trabajos de campo entre los Ashaninka de la selva central en 1978, obtuvo su Licencia en antropología en la PUCP en 1983. Luego estudió en la Universidad de Ginebra en 1983, y empezó sus trabajos de campo en Mauritania en 1986-1988. Tuvo su tesis doctoral en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris en 1995 (Laboratoire d’anthropologie sociale, Collège de France). Ha retomado sus investigaciones en el Perú en 2008, centradas sobre la violencia política en el país y entre los Ashaninka y Nomatsiguenga de la selva central. Ha traducido y publicado el Hatun Willakuy en francés en junio de 2015. Sobre Mauritania, ha publicado artículos y cuatro libros. Sobre el Perú ha publicado una treintena de artículos, la traducción al francés del Hatun Willakuy [2015], y tres libros: Violence politique au Pérou. Essai d'anthropologie de la violence, (2016); Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 (2018). En octubre de 2019 ha publicado: La violencia política en la selva central del Perú, 1980-2000. Los campos totalitarios senderistas y las secuelas de la guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia, Prefacio de Salomón Lerner. Un libro de síntesis se encuentra en prensa: La guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia y Muestra fotográfica (CD de música ashaninka tradicional), Instituto Riva Agüero e IDL. Desde 2019 trabaja sobre las creencias, el chamanismo y el arte musical ashaninka en colaboración con el Instituto Riva Agüero y el Centre de recherches en ethnomusicologie (CREM, Francia).

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