La experiencia de la arquitectura modular en el desarrollo de la educación pública en el Perú

Créditos: El Comercio

Escrito por Revista Ideele N°287. Agosto 2019

La incorporación del metal en la construcción, definitivamente, ha revolucionado la arquitectura a nivel mundial. Durante las últimas décadas, las estructuras metálicas han sido utilizadas para toda clase de fines, desde invernaderos hasta rascacielos. En el Perú, por ejemplo, para dotar a las escuelas en zonas rurales de infraestructura pública de calidad. El reto del metal es ambicioso: reducir la enorme brecha de desigualdad en la educación rural.

Es imposible negar las profundas desigualdades de las que aún adolece la educación nacional, vistas desde el acceso y el logro educativo (Benavides 2007, De Belaúnde 2011). Esta ha sido una de las constantes de nuestra historia, y el fenómeno se hace más palpable en el campo de la infraestructura. Los centros educativos carecen de las condiciones mínimas para atender las necesidades de la población estudiantil peruana, mucho más en zonas rurales (Beltrán y Seinfield 2013).

En un país megadiverso, cultural y biológicamente, el Estado tiene la difícil tarea de construir infraestructuras que tomen en cuenta la geografía, el clima y las costumbres en cada rincón del país. Las políticas y lineamientos deben tomar en cuenta estas peculiaridades para atender equitativamente al sector educativo.

En ese sentido, el presente artículo busca analizar el rol de las estructuras metálicas y del sistema prefabricado modular en la propuesta de atención a la educación pública rural del Programa Nacional de Infraestructura Educativa (PRONIED), así como sus características, ventajas y posibilidades.

Hacia un diagnóstico de la infraestructura educativa en el mundo rural

El mundo rural se caracteriza, entre otras cosas, por la distribución dispersa de su población. Es por ello que su demanda educativa no ha sido históricamente prioridad del Estado, como sí la de centros urbanos y otras zonas de alta densidad poblacional. Como solución, en muchos casos la ciudadanía organizada ha construido escuelas por sí misma, utilizando materiales y mano de obra locales, sin contar con supervisión técnica y empleando recursos propios. La demanda educativa, sin embargo, sigue creciendo y el Estado está en la obligación de atenderla.

Tres son las características de los centros educativos en zonas rurales: su lejanía, diversidad climática y materialidad.

En primer lugar, los centros educativos rurales son de ubicación remota. Se ubican en comunidades o caseríos de difícil acceso. Para llegar a ellos es necesario realizar viajes largos, con múltiples trasbordos y en toda clase de vehículos (por vía terrestre en la región andina y fluvial en la Amazonía).

Esta situación resulta especialmente problemática para docentes y directores. Pero también para el Estado, que necesita desplazarse hacia las zonas para atender sus necesidades. La accesibilidad física, al momento de proponer y realizar cambios, es fundamental.

En segundo lugar, se encuentra el factor climático. La infraestructura educativa enfrenta numerosas dificultades climáticas. En la sierra costeña, los huaycos, inundaciones y sequías, en especial durante el fenómeno del Niño. En la región andina, debido a las fuertes lluvias o heladas. En la Amazonía, también por las fuertes lluvias, inundaciones, tormentas eléctricas y condiciones de calor extremo.

En tercer lugar, nos referimos a la materialidad de las escuelas. El material de construcción debe garantizar la seguridad y confort térmico de las instalaciones. En el Perú, por lo general, se emplean materiales locales, como el adobe y la piedra en la región andina, o la madera y las hojas de palma en la Amazonía. Sin embargo, el cambio climático desborda las capacidades que pueden ofrecer estos equipamientos.

El material empleado y las técnicas constructivas empleadas tienen que ver directamente con las estrategias de protección ante las asperezas del clima. En la sierra se opta por espacios de muros anchos y pocas ventanas, priorizando la conservación del calor interno. En la selva, mientras tanto, se opta por soluciones ligeras, buscando la máxima ventilación, por ejemplo, a través de pisos elevados del nivel del suelo para enfrentar las constantes inundaciones.

Metal y arquitectura modular

Las técnicas constructivas son herramientas tecnológicas de actualización constante. Por ello, desde el Estado, resulta necesario enriquecer las infraestructuras arquitectónicas nutriéndose de estos cambios. Es la tecnología quien afecta a la arquitectura, debido a que sus métodos y procedimientos dotan de nuevos materiales, técnicas de fabricación y diseño que serán aplicados en la materialización del edificio, y aunque estas innovaciones se han sucedido a lo largo de la historia, es ahora cuando se producen en mayor cantidad y rapidez (Becerra 2011).

Desde que la arquitectura moderna empezó a reclamar una identidad propia, y en consecuencia a desvestirse del ornamento, encontró su máxima funcionalidad como mecanismo expresivo. Quedó así nutrida por los principios del movimiento moderno. Precisamente, cada parte del edificio moderno debía justificar su existencia en base a la función que cumplía. Su apariencia formal era reducida al mínimo.

Influyó también la revolución industrial, en especial en la implementación de procesos eficientes a cadenas de producción, que luego fueron aplicadas a la arquitectura en nuevas tipologías de edificaciones. En ellas, el metal y el vidrio fueron las materialidades representativas del progreso y los nuevos tiempos.

La arquitectura modular, precisamente, es un resultado de la industrialización. Se caracteriza por sus edificaciones de alta eficiencia, cortos tiempos de producción y fácil montaje. Sus elementos son producidos en serie, de acuerdo con un documento técnico previo que los clasifica para su ensamblaje final. Por sus características, el metal resulta un buen material para la construcción de módulos prefabricados.

Según Curtis (1986), el metal surge como una tecnología de circunstancias principalmente pragmáticas. Este material, señala el autor, ‘‘permitía la construcción a partir de planchas estandarizadas y pequeñas pletinas soldadas o roblonadas, fomentando así la invención de nuevos sistemas estructurales.’’

A esto apuntan nuevos lineamientos en las políticas públicas del sector Educación: buscar soluciones ágiles para asegurar condiciones mínimas de habitabilidad en los centros educativos rurales.

En el Perú, existen ya experiencias de uso del metal en la implementación de módulos prefabricados en estructura de perfilería metálica conformada, comúnmente aplicadas por el sector privado en proyectos extractivos (como campamentos mineros y petroleros). Por su lado, el Estado ha desarrollado centros educativos, viviendas de emergencia, bases de instrucción militar, entre otros proyectos.

En materia educativa, precisamente, la arquitectura modular representa una de las innovaciones que mejor pueden abordar la problemática en cuanto al clima y la dispersión poblacional.

La propuesta del Programa Nacional de Infraestructura Educativa

Por lo general, los módulos prefabricados en nuestro país han sido utilizados de manera estrictamente utilitaria. Sin embargo, el PRONIED ha abordado la experiencia de este sistema constructivo modular desde un enfoque arquitectónico. Esto le ha permitido ajustar su propuesta a diversas realidades geográficas y climáticas, incluso culturales (Saavedra 2016).

Para esto, ha sido necesario realizar un mapeo previo y exhaustivo de las escuelas rurales, con el propósito de obtener un registro actualizado de las condiciones de su infraestructura. Por supuesto, esto no solo incluye el estado de las aulas, sino también de los servicios higiénicos y cercos perimétricos. Este trabajo es de suma importancia, pues solo con el conocimiento real de campo será posible determinar los requerimientos específicos de cada escuela. Con ellos, el PRONIED podrá entregarles kits de infraestructura, así como determinar su cantidad y tipología.

Entendemos como kit de infraestructura al conjunto de componentes a ser instalados en cada escuela. Cada uno incluye módulo prefabricado, mobiliario, conectores, equipamientos, y sistemas alternativos de agua, saneamiento, cocinas prefabricadas y energía (Saavedra 2016).

La configuración y cantidad de componentes pueden variar en función a lo determinado en el proceso de inspección. Esto, como ya hemos señalado, da como resultado una atención focalizada a cada escuela. El exministro de Educación, Jaime Saavedra (2016), señala que los módulos prefabricados pueden llegar a reemplazar, parcial o totalmente, un local escolar.

La importancia de la inspección radica, precisamente, en la recomendación de otorgar o no módulos prefabricados a un centro educativo. Más adelante, el PRONIED evaluará la proposición, pudiendo aprobarla, rechazarla o reajustarla. Con ello, se contabilizará el total de kits que se haya decidido otorgar en un área geográfica y serán solicitados a la Unidad Gerencial de Mobiliario y Equipamiento. Este procedimiento, una vez realizada la inspección, puede tardar entre seis y doce meses.

Para esto, se involucra al director del centro educativo como responsable de la habilitación del terreno y liberación de elementos puedan obstaculizar los trabajos posteriores. El tiempo de instalación de los kits varía en cuanto a la complejidad del proyecto: entre dos y tres semanas para los simples; y hasta seis para los más complejos. Finalmente, la infraestructura es entregada a la comunidad para su uso escolar.

La novedad de la propuesta del PRONIED radica en ofrecer módulos prefabricados que trascienden la clásica solución ingenieril, con lo que se convierten en un aporte más integral y de mayor alcance. A la larga, su diseño y consideraciones arquitectónicas los convierte en un proyecto sostenible. A esto contribuyen su eficiencia, durabilidad y adaptación a contextos locales variables, así como los trabajos de sensibilización con las comunidades para los acepten como nuevas infraestructuras.

Asimismo, el uso de este sistema constructivo –en estructura metálica– evidencia su enorme versatilidad, capaz de adaptarse a las variadas realidades del mundo rural en el Perú. Por ejemplo, en la sierra de la costa norte, las provincias altas del sur andino o la Amazonía. Precisamente, para ellas se han elaborado nuevos lineamientos en las políticas públicas, como el Plan Integral para la Reconstrucción con Cambios, el Plan Multisectorial ante Heladas y Friaje y el Plan Selva.

Este último ha sido premiado en la XVII Bienal Nacional de Arquitectura, y elegido finalista de la XI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo.

Conclusión

La experiencia de la arquitectura modular, como se ha visto, ha servido para potenciar la infraestructura educativa en variadas zonas rurales de nuestro país, en los Andes y en la Amazonía. La propuesta del PRONIED, en ese sentido, tiende a reducir las brechas de desigualdad en la educación pública.

Por sus características, los módulos prefabricados en estructura metálica han mostrado su enorme utilidad para atender un conjunto de variables de diversidad geográfica, climática y cultural. También simplicidad en el procedimiento para su otorgamiento, desde la inspección hasta la implementación del kit de infraestructura en campo.

Las nuevas edificaciones, dotadas de un claro enfoque arquitectónico, toman en cuenta las necesidades específicas de cada escuela y ofrecen mejorar la experiencia del aprendizaje.

A esto apuntan nuevos lineamientos en las políticas públicas del sector Educación: buscar soluciones ágiles para asegurar condiciones mínimas de habitabilidad en los centros educativos rurales. Con ello, se espera brindar mayores oportunidades de desarrollo a la próxima generación de niños, niñas y adolescentes, reconociendo la importancia de su participación activa en la sociedad nacional.

Igualmente, los resultados del PRONIED en materia educativa nos invitan a pensar en las nuevas posibilidades de este sistema constructivo. ¿Acaso el modelo podría ser replicado para la prestación de otros servicios públicos, como la salud, el deporte o la cultura? Hoy resulta necesario repensar la manera en que imaginamos y construimos las infraestructuras públicas del Perú.

Referencias bibliográficas

Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (2017). Plan Integral para la Reconstrucción con Cambios [en línea]. Disponible en: https://es.scribd.com/document/361866284/Plan-Integral-de-Reconstruccion-con-Cambios-Aprobada-0609-pdf

Becerra, Diego (2011). El componente artesanal del Hospital Regional del Cusco. En: Revista Arkinka, Núm. 236.

Beltrán, Arlette y Janice Seinfield (2013). La trampa educativa en el Perú. Cuando la educación llega a muchos, pero sirve a pocos. Lima: Universidad del Pacífico.

Benavides, Martín (2007). Lejos (aún) de la equidad: la persistencia de las desigualdades educativas en el Perú. En: Investigación, políticas y desarrollo en el Perú. Lima: GRADE.

Courtis, William (1986). La arquitectura moderna desde 1900. Madrid: Phaidon Press.

De Belaúnde, Carolina (2011). Profundizando las brechas. Una mirada a la desigualdad en los estudios sobre el sistema educativo peruano. En: Las desigualdades en el Perú. Balances críticos. Lima: IEP.

Saavedra, Jaime (2016). Plan Selva. Infraestructura educativa en la Amazonía peruana. En: Arkinka, Núm. 249.

Presidencia del Consejo de Ministros (2019). Plan Multisectorial ante Heladas y Friaje 2019-2021 [en línea]. Disponible en: https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/350878/Plan_Multisectorial_ante_Heladas_y_Friaje_2019_COMPLETO_FINAL_TRIMBOX.pdf

Sobre el autor o autora

Diego Becerra Portocarrero
Arquitecto por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex Consultor del Programa Nacional de Infraestructura Educativa del Ministerio de Educación.

Deja el primer comentario sobre "La experiencia de la arquitectura modular en el desarrollo de la educación pública en el Perú"

Deje un comentario

Su correo electrónico no será publicado.


*