Los “supremacistas blancos” en Estados Unidos: del racismo ordinario al eliminacionismo de todos los “extranjeros”

Créditos: Herald Media

Escrito por Revista Ideele N°287. Agosto 2019

En el mes de agosto se han registrado tres masacres de civiles por hombres “blancos” en Estados Unidos. La primera tuvo lugar en El Paso y tuvo como móvil la “defensa de su país de la invasión extranjera”, lo cual demostró, una vez más, que el racismo ordinario de los descendientes de migrantes europeos en Estados Unidos contra los no-blancos (nativos americanos, norteamericanos originarios de América Latina, Asia y África, migrantes recientes) se ha transformado en una estrategia eliminacionista simplemente criminal y terrorista. Las dos otras masacres parecen tener otros móviles. Veamos en primer lugar esos hechos recientes para luego aportar algunas interpretaciones centradas sobre los supremacistas blancos.

Los masacres recientes

• El sábado 3 de agosto, un hombre blanco abrió el fuego con un fusil AK-47 en un centro comercial de El Paso, ciudad del Estado de Texas mayoritariamente habitada por hispano-americanos, asesinando 22 personas y dejando 24 heridos.

• El domingo 4 de agosto, en Dayton (Ohio), un hombre blanco de 21 años mató a 10 personas con un rifle .223 de gran capacidad de tiro. La policía que patrullaba la zona lo eliminó 30 segundos después de que haya iniciado el tiroteo.

Eran las masacres n° 250 y n° 251 respectivamente en lo que va del año 2019. Hasta ese momento se contaban 531 muertos y 2,066 heridos (Huffpost del 4 de agosto, CNN del 7 de agosto). Precisemos que en Estados Unidos los “asesinatos de masa” conciernen las muertes de más de tres personas; cada año hay 340 masacres en promedio. Se trata de uno de los índices más altos del mundo después de Yemen. Los asesinos privilegian los centros comerciales, los restaurantes y las escuelas (New York Times del 4 de agosto).

• El sábado 31 de agosto ha tenido lugar otra masacre de civiles en la ciudad de Odessa, Estado de Texas (500 km al este de El Paso), por un hombre blanco, Seth Aaron Ator, de 36 años, que atacó con un fusil un auto de la policía que le ordenaba detenerse, matando además varios pasantes. En total murieron 7 personas y 22 fueron heridas. El sujeto fue eliminado poco después por la policía (Washington Times del 1ro de setiembre). Esta fue la masacre n° 252, que eleva el número de víctimas fatales a 538 muertos en ese tipo de violencia de masa en 2019.

El asesino de Dayton, Connor Betts, no tenía motivaciones explícitas. Las autoridades sospechan solamente que este hombre adhería a ideologías de violencia de extrema izquierda. Entre sus víctimas se encontraba su hermana, Megan Betts, de 22 años, estudiante de ecología; ambos habían llegado juntos en el mismo auto a Dayton pero luego se habían separado. Tampoco se sabe con precisión cuales fueron los móviles de Seth Aaron Ator, salvo que tenía antecedentes penales que databan de 2001. En cambio, el móvil del asesino de El Paso, Patrick Wood Crusius, de 21 años, es muy explícito pues había denunciado en internet la “invasión hispánica/latinoamericana de Texas”, y además había declarado que su acto se inspiraba de la masacre perpetrada por Brenton Tarrant (28 años), un supremacista blanco, en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch en Nueva Zelanda, que había provocado la muerte de 51 personas, el 15 de marzo de 2019. En un manifiesto difundido en su cuenta Facebook, Tarrant había declarado que existe el riesgo de un “gran reemplazo” de los europeos blancos de Nueva Zelanda por migrantes del Medio Oriente y del África del Norte. Por su lado, Patrick Wood declaró a la policía que buscaba matar “mejicanos”. Hubo 7 muertos mejicanos, 3 mujeres, 3 hombres, y un adolescente de 15 años. Crusius fue detenido (The New York Times, 5 de agosto).

Los crímenes racistas en Estados Unidos y los grupos minoritarios

Un informe del Centro de estudios sobre el odio y el extremismo de la Universidad de Santa Bárbara (California), publicado el 30 de julio, indica un aumento de 9% de crímenes racistas en 2018 en 30 ciudades del país, que han provocado la muerte de 2,009 personas. Esta tendencia ha continuado en 2019. Los grupos minoritarios que concentran el odio de los “blancos” son los afro-americanos, los judíos, los musulmanes, los homosexuales, y los latinoamericanos (France 24 del 4 de agosto).

En 2019, la población de Estados Unidos es de 329’420,142 millones de personas. 60,4% de la población es blanca, es decir de origen europeo. Los latinoamericanos son la minoría más importante (16,3% de la población). Además, 14% de la población ha nacido fuera de Estados Unidos; 4.4 millones de norteamericanos nació en la India y 3,8 millones de norteamericanos tienen origen chino. 79% de la población tiene el inglés como lengua materna, y el castellano es la lengua materna de 12,85% de residentes, es decir 37’458,470 personas.

Las lenguas de los nativos norteamericanos son habladas por solamente 0.9% de la población. Casi la mitad de norteamericanos es de religión protestante (49%), luego vienen los católicos (23%); los judíos representan solamente 2% de la población y los musulmanes 0,8%. La población afroamericana es estimada a 13% de la población. En fin, las previsiones para 2055 consideran la repartición siguiente: blancos (48%), hispánicos (29%), afroamericanos (13%), y 5% de Asiáticos (China e India) (World Population Review[1]).

Los afroamericanos son atacados regularmente en Estados Unidos. Recordemos que el 17 de julio de 2015, Dylan Roof (19 años) asesinó a 9 afroamericanos en una iglesia de Carolina del Sur, y declaró que quería “comenzar una guerra entre las razas”. El 12 de agosto de 2017, James Alex Fields, un neo nazi atropelló con su auto a varios manifestantes anti-racistas en Charlottesville y Heather Heyer, de 32 años, murió. Según la ONG Anti-defamation League (ADL), este hecho, ha marcado la resurgencia del “supremacismo blanco” en Estados Unidos. En octubre de 2018, Robert Bowes, que se reivindica antisemita, ha asesinado 11 personas en la sinagoga de Pittsburgh. Todos esos crímenes atroces son inéditos en ese país.

¿Cómo comprender esta escalada de violencia racista? Los supremacistas blancos y Trump

Los analistas norteamericanos y los miembros del partido demócrata concuerdan en considerar que la violencia extrema de los adherentes a la ideología de la “supremacía de la raza blanca” es alimentada directamente por el discurso racista y machista del presidente Donald Trump. Según ADL, los supremacistas blancos han votado masivamente por Trump, y en los Estados donde viven los crímenes racistas han aumentado considerablemente. Para esos extremistas, el triunfo de Trump ha sido interpretado como una victoria de su propio movimiento; por ello, desde 2016 han pasado del “militantismo on line” al mundo real de la violencia sanguinaria.

En efecto, según Beto O’Rourke[2], candidato demócrata de Texas a la elección presidencial de 2020, la masacre de El Paso, su ciudad natal, está directamente ligada a la retórica anti-inmigración de Trump, que durante su campaña había calificado a los migrantes mejicanos de “criminales” y “violadores”. O’Rourke ha explicado también los lazos profundos que existen entre El Paso y Ciudad Juárez, la ciudad mejicana vecina, y ha criticado con gran energía los planes absurdos de Trump de construir un “muro” que separe Méjico de los Estados Unidos[3]. Los miembros de la comunidad latinoamericana (en inglés “hispánica”) se sienten amenazados después de la masacre de El Paso, acusando Trump del aumento del odio hacia ellos. Angélica Salas, directora de la Coalición por el derecho de los migrantes, basada en Los Ángeles, ha declarado que Trump ha atizado las flamas de la discordia racial en el país. El Ministro de Relaciones exteriores de Méjico, Marcelo Ebrard, estuvo en El Paso y calificó la masacre de “acto terrorista contra los mejicanos” (Liberation del 6 de agosto).

Es evidente en efecto que Trump, un lamentable hombre de negocios, multimillonario, ultra liberal, ignorante, machista y pérfido, que llegó al poder por vías que serían juzgadas obsoletas y anti modernas en otros países[4] (Hillary Clinton obtuvo casi tres millones de votos más que él), y que se ha rodeado de millonarios ignorantes y de racistas de extrema derecha (como el patético Steve Bannon), ha abierto la posibilidad de “liberar” la palabra y los crímenes racistas desde noviembre de 2016. Los norteamericanos que apoyaron al candidato Trump, sobre todo los más pobres y sin empleo, creyeron en su discurso populista de ultra derecha que prometía el “retorno” de los privilegios de los “blancos” luego de 8 años de gobierno demócrata dirigido por un “negro” arribista.

A este elemento central, se añaden otros factores que explican, en gran parte, la afirmación de un movimiento populista racista de extrema derecha en varios países del mundo (Brasil, Italia, India, Gran Bretaña, Turquía, Francia, Alemania, Austria), autoritario, agresivo y ultra violento. Un movimiento que se inspira de las viejas ideologías racialistas europeas, las mismas que inspiraron a los nazis en Alemania, renovada recientemente por Renaud Camus, inventor de la teoría del “gran remplazo”. No obstante, el movimiento actual se enmarca en un nuevo contexto marcado, por un lado, por las redes sociales globalizadas (Facebook, Tweet, What’s App), que han hecho posible la comunicación inmediata a gran escala; y, por otro lado, por los efectos de la crisis climática y de la crisis económica mundial, factores que promueven los movimientos migratorios de Africanos, Latinoamericanos y Asiáticos, no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, en Australia y en Nueva Zelandia. Veamos esos factores.

Los supremacistas blancos: en Estados Unidos, están organizados en diferentes movimientos y se estima que deben haber 1,020 grupos distintos. Estos grupos creen en las teorías de “jerarquías raciales” adhieren a la ideología nazi y antisemita y son además influenciados por la obra de Renaud Camus, escritor francés de extrema derecha, que publicó el libro El gran remplazo en 2011. Esta teoría considera que los “extra europeos”, sobre todo los musulmanes de Medio Oriente y de África, están en vías de remplazar a las poblaciones “blancas” y buscan imponer su religión y su cultura en Estados Unidos y en Europa. En Francia, “el gran remplazo” se ha popularizado en el movimiento de extrema derecha dirigido por Marine Le Pen (Ressemblement national, Manifestación nacional). Los partidos de extrema derecha europeos (Italia, Austria, Alemania), y el sector de extrema derecha del movimiento de los Chalecos amarillos se inspiran también del discurso complotista y alucinado de “gran remplazo”.

Según Heidi Beirich, directora de proyectos de un centro de estudios de movimientos extremistas (Southern Poverty Law Center, SPLC), el miedo al “gran remplazo” aumento considerablemente en noviembre de 2018 con la entrada al Congreso de dos mujeres musulmanas (Ilhan Omar, de origen somalí, y Rashida Tlaib de origen palestino) y de una mujer bisexual (Kyrsen Sinema, Arizona). El 14 de julio de este año, Donald Trump ha insultado a 4 mujeres del partido demócrata: Alexandria Ocasio-Cortez (New York), Ayanna Pressley (Massachusetts), Ilhan Omar (Minnesota) y Rashida Tlaib (Michigan), invitándolas a regresar “ a esos lugares infestados por la criminalidad de donde vienen”, cuando tres de ellas han nacido en Estados Unidos (L’Express del 5 de agosto). Estos insultos racistas han sido desaprobados por el partido demócrata y la Cámara baja del Congreso, que tiene una mayoría demócrata, ha votado una moción condenando los “comentarios racistas” del presidente “que legitiman y acentúan el miedo y el odio de los nuevos norteamericanos y de las personas de color”. Como de costumbre, Trump ha negado esas acusaciones, declarando que “los que detestan el país, que se vayan.” (Le Monde del 17 de julio).

En realidad, la “teoría del gran remplazo” es el último avatar de la ideología y del sentimiento de superioridad racial de los “blancos” que se afirmó en todo el mundo desde la época de los “descubrimientos” de otros continentes: África, Asia y América. La conquista del continente americano por los españoles, portugueses, ingleses y otros europeos, implicó un gran genocidio de los pueblos originarios, como ha demostrado admirablemente Tzvetan Todorov en su libro La conquista de América. El problema del Otro (2003 [1983]). Ese racismo inicial, que implicó masacres, violaciones y asesinatos de extrema violencia, se ha reproducido hasta el presente en Estados Unidos, un país que ha admitido una política legal segregacionista y racista contra los descendientes de esclavos africanos, antes de abolirla por la presión de los movimientos sociales de los afroamericanos que defendían, con el apoyo de norteamericanos demócratas de todo origen, sus derechos cívicos. Eso sucedió en los años 1960, es decir hace muy poco tiempo en el marco de la historia de un país que nació a mediados del siglo XVIII.

El 2 de julio de 1964, el presidente Lyndon Johnson abolió la política segregacionista y discriminatoria que obligaba a los afroamericanos a entrar en ciertos restaurantes, autobuses, baños públicos, e incluso iglesias, como bien lo exponen las películas Hidden Figures (2016) y The Green Book (2018), no ha hecho desaparecer las ideologías y las creencias racistas. En los años 1970, David Duke, que influenciaba al Kukuxklán, militaba por restablecer la segregación racial. Hoy en día, Richard Spencer es uno de los grandes representantes del supremacismo blanco en Estados Unidos. En 2008, creó la expresión “alt right” (alternative right, derecha alternativa) y empezó a promover la creación de un “estado étnico” donde los blancos serían dominantes; una ideología cercana al “apartheid” que predominó en África del Sur hasta su desaparición gracias a la acción de Nelson Mandela y a la presión internacional. Richard Spencer apoya públicamente a Donald Trump y difunde su ideología de odio del Otro “no blanco” en todo el país, sin ser molestado.

(2) La venta libre de armas es libre en el país que no tiene nombre propio (“Estados Unidos” no es un nombre y “América” es el nombre de nuestro continente). Cualquier persona con dinero puede adquirirlas, legalmente o en el mercado negro. Sobre un total de 325 millones de habitantes, se estima que la mitad de adultos posee un arma. El expresidente Obama ha tratado de regular la venta libre de armas, sin ningún resultado pues las empresas que fabrican armamento son demasiado poderosas. A pesar de las matanzas recientes, raciales y criminales, Trump no ha mencionado siquiera la posibilidad de un control de la venta de armas pues él apoya frenéticamente el ultra liberalismo y el “derecho de los norteamericanos a defenderse con armas”. Esta situación facilita enormemente los crímenes de odio y la criminalidad en general.

(3) El terrorismo interno: después de los grandes atentados de Al-Qaeda, el 11 de setiembre de 2001, la lucha contra el terrorismo islámico ha concentrado la atención de las autoridades, de los políticos y de la sociedad en general, dejando en la sombra el desarrollo de las corrientes supremacistas blancas que siempre existieron y que se reforzaron desde la llegada al poder de Barak Obama. Lo que ahora se llama el “terrorismo interno” es el resultado de 8 años de gobierno demócrata, con un presidente mestizo, afro-americano, que trató de ocuparse de los más pobres, y que introdujo reformas sociales importantes, como aquella del seguro social para todos los ciudadanos, incluyendo a los “colored People” (gente de color, expresión despectiva y racista en Estados Unidos y Gran Bretaña), contrariando a las masas de blancos pobres que ahondaron sus resentimientos y sus cóleras mezquinas contra el “presidente negro”. Y para recuperar su posición privilegiada de “blancos”, única fuente de orgullo, votaron masivamente por el lamentable Donald Trump que prometía un retorno del “poder de los blancos” en el país.

Reflexiones finales

• Las masacres recientes contra “extranjeros” en Estados Unidos, en particular la que tuvo lugar en El Paso contra los mejicanos/latinoamericanos, representan una prueba fehaciente del retroceso de civilización al que asistimos en ese país, y también en otros países del mundo, donde la ideología de la dominación racial de los hombres blancos regresa de manera violenta, sanguinaria y bárbara. No solamente contra los Otros no-blancos, sino también contra las mujeres, como podemos observar en el Perú, en América Latina y en otros países del Norte, como Francia (en este país se cuentan 101 mujeres asesinadas desde enero de 2019).

• El discurso de los supremacistas blancos que dicen a los latinoamericanos, afroamericanos, asiáticos, judíos y árabes: “regresen a sus países” es totalmente absurdo. En las Américas, los inmigrantes son ellos[5]. Los únicos pueblos que son realmente originarios son los nativos, que han sido arrinconados y marginalizados históricamente.

• Los discursos populistas centrados sobre la “raza”, la etnicidad y la “identidad”, destinados a atraer el voto de las masas empobrecidas, se ha generalizado en otros países (Brasil, Austria, Italia, India, Turquía), y representan un desafío importante para el sistema democrático mundial.

• Para oponerse a este movimiento racista, que es parte del capitalismo salvaje predominante, no es suficiente decir que nos oponemos, como escribe Naomi Klein (2017[6]), es urgente construir también otra ideología alternativa con valores éticamente justos, fundada sobre la defensa del planeta y el bienestar de todos los seres humanos, sin ninguna distinción de “color”, de sexo o de religión.

Las sociedades humanas se han desarrollado sobre la base de la solidaridad y la cooperación (Yuval Noah Harari, Homo Sapiens, 2015); y nuestro futuro está condicionado a la capacidad de adaptación que tenemos, en tanto especie, ante los cambios sociales, económicos, políticos y ecológicos mayores. Es imposible continuar a vivir del modo en que lo hacemos desde la revolución industrial, desperdiciando energía inútilmente, inundando el planeta de plástico, desforestando los bosques y la Amazonía sudamericana para crear pastizales e instalar vacas destinadas a ser consumidas, como vemos actualmente en Brasil y en todos los países amazónicos, incluyendo nuestro país. Ese modelo ultra liberal, que desconoce los derechos de los sectores pobres de la sociedad, sobre todo en las zonas rurales, es totalmente obsoleto, anacrónico y suicida; y debe ser transformado rápidamente.

La defensa de la igualdad social y de los derechos de los pueblos a una vida digna, así como el abandono del modelo económico ultra liberal que predomina para proteger el planeta del calentamiento global, representan las mejores alternativas para el presente y para el futuro cercano.

[1] Ver : United States Population (2019-08-20). http://worldpopulationreview.com/countries/united-states/

[2] Ver la vidéo : “Politicians React to Shooting in El Paso and Dayton”, A Closer Look, Programa Late Night with Seth Meyershttps://youtu.be/rVf_9dihz3k

[3] Ver su entrevista del 24 de julio de 2019: https://www.youtube.com/watch?v=wda07xlSdfk&feature=youtu.be

[4] Los votantes eligen en realidad a los “grandes electores” de cada Estado, designados por los partidos políticos, los cuales votan por el candidato a la presidencia. No existe el sufragio universal directo. Hay 538 grandes electores, según la población de cada Estado. Cuando un partido gana la mayoría de votos de un Estado, ese partido gana todos los grandes electores; por ejemplo, si Clinton hubiera ganado en California, los 55 grandes electores de ese Estado habrían votado por la candidata demócrata. Este sistema electoral es anacrónico, y fue creado originalmente para proteger el poder de los propietarios de esclavos. En el siglo XXI, la democracia norteamericana sigue fundada sobre la protección de los intereses de los ricos y del establishment en general.

[5] Ver la vídeo musical publicada el 19 de julio de 2019 en un programa de Seth Meyers:”Go Back to your Country”, https://www.youtube.com/watch?v=a_DzUr175_0 Una excelente parodia humorística contra los racistas ignorantes.

[6] Klein, No Is Not Enough : Resisting Trump’s Schock Politics and Winning the World We Need, Chicago.

Sobre el autor o autora

Mariella Villasante
Doctora en antropología (École des Hautes études en sciences sociales, París), investigadora asociada al Instituto Riva Agüero y al Instituto de democracia y derechos humanos, PUCP. Especialista del Perú y de Mauritania. Comenzó sus trabajos de campo entre los Ashaninka de la selva central en 1978, obtuvo su Licencia en antropología en la PUCP en 1983. Luego estudió en la Universidad de Ginebra en 1983, y empezó sus trabajos de campo en Mauritania en 1986-1988. Tuvo su tesis doctoral en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris en 1995 (Laboratoire d’anthropologie sociale, Collège de France). Ha retomado sus investigaciones en el Perú en 2008, centradas sobre la violencia política en el país y entre los Ashaninka y Nomatsiguenga de la selva central. Ha traducido y publicado el Hatun Willakuy en francés en junio de 2015. Sobre Mauritania, ha publicado artículos y cuatro libros. Sobre el Perú ha publicado una treintena de artículos, la traducción al francés del Hatun Willakuy [2015], y tres libros: Violence politique au Pérou. Essai d'anthropologie de la violence, (2016); Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 (2018). En octubre de 2019 ha publicado: La violencia política en la selva central del Perú, 1980-2000. Los campos totalitarios senderistas y las secuelas de la guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia, Prefacio de Salomón Lerner. Un libro de síntesis se encuentra en prensa: La guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia y Muestra fotográfica (CD de música ashaninka tradicional), Instituto Riva Agüero e IDL. Desde 2019 trabaja sobre las creencias, el chamanismo y el arte musical ashaninka en colaboración con el Instituto Riva Agüero y el Centre de recherches en ethnomusicologie (CREM, Francia).

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