La crisis social y política en Chile: “No son treinta pesos. Son treinta años”

Foto: Reuters

Escrito por Revista Ideele N°288. Octubre 2019

En estos momentos, escribir sobre lo que está sucediendo en Chile es un poco tratar de atrapar aire con redes, y cualquier intento de diagnóstico debe ser recibido con un poco de distancia. Es tal el estado de fluidez política y social, y de tal magnitud el viraje que están produciendo estas manifestaciones, que lo que existe hoy, comparado con lo que existía hasta el día jueves 17 de octubre, es simplemente un país diferente.

Los estudiantes secundarios de la capital, venían llevando a cabo en semanas anteriores una serie de protestas contra un alza de treinta pesos chilenos en el costo del pasaje del Metro de Santiago, que había entrado en vigor desde el pasado 6 de octubre. Esos treinta pesos equivalen sólo a 0.04 dólares. Es claro que por sí solos, esos 0.04 dólares no son los causantes de uno de nuestros ciclos de protestas más grandes e importantes de las últimas décadas, y sin embargo, se transformaron rápidamente en un símbolo. Uno de los gritos de protesta que más rápido se ha expandido en estos días en las calles reza “No son treinta pesos, son treinta años”. La incógnita es ¿treinta años de qué?

La respuesta es treinta años de todo. Cada uno de los ciudadanos tiene su acento particular en esta respuesta: para los más viejos pueden ser el sistema de pensiones, para otros puede ser el sistema de salud, para los estudiantes puede ser la mercantilización de la educación, para muchos es el hastío con el sistema político y con los gobiernos que hemos tenido desde el fin de la dictadura, y un largo etcétera donde cabe de todo.

Nuevamente, es irresponsable pretender plantear cual es LA causa, o LA explicación de este hastío, cansancio e indignación con el status quo. Sin embargo, sí podemos decir que uno de los términos que más se está usando para responder a la incógnita de este momento de crisis es la desigualdad.

La ortodoxia de economistas neoliberales que ha conducido la economía chilena desde la dictadura tiene como uno de sus mayores logros el convertir al establishment político a su credo monetarista. Hoy, el país le dice a esos convencidos que no comparte esa fe en Hayek y Friedman. Las estadísticas macroeconómicas del país han mostrado consistentemente números azules (incluso en el año 2010 estos números llevaron a Chile a ser el primer país de la región admitido en la OCDE), pero esas estadísticas no les bastan ni convencen a las mayorías, que no ven reflejadas sus experiencias cotidianas. Al contrario, deben cubrir con dificultades sus gastos básicos mes a mes. Ese aumento de 0,04 dólares ocurre en una ciudad en que una persona que percibe el sueldo mínimo (410 dólares) tiene que gastar casi un 10% de sus ingresos en transporte mensual, y en un país donde la mitad de los trabajadores gana 550 dólares mensuales o menos. Como otro botón de muestra, el Banco Central de Chile ha señalado un aumento acelerado en los niveles de endeudamiento familiar entre los años 2014-2017, alcanzando a un 73% del ingreso anual que disponen las familias.

Ya en el año 2011 hubo un aviso de crisis con las movilizaciones estudiantiles que sacudieron al país, y luego en 2018 un segundo aviso de crisis por vía de las gigantescas marchas feministas. Ambas ocurrieron durante mandatos de Sebastián Piñera, y en ambas oportunidades recibió con simulacros de que se estaba escuchando el mensaje de la ciudadanía. Así, tanto en el nivel simbólico, político, social, y económico, habían sonado las alarmas.

Hoy, nuevamente, Piñera y el modelo económico y social reciben un mazazo aún más fuerte que el de los años 2011 y 2019. Esta vez es más claro aún que se está poniendo en cuestión todas y cada una de las partes del sistema.

Nuevamente, con su reciente cambio de gabinete en ocho ministerios, Piñera dice haber escuchado el mensaje de la ciudadanía. Sin embargo, con una credibilidad destruida luego de una represión brutal con policías y militares, el multimillonario presidente empresario ya no convence a nadie. Hasta el momento, hay una cifra oficial de 1100 heridos, 130 de ellos con pérdida de ojos por disparos intencionales de la policía, más de 50 denuncias de torturas y casi 20 denuncias por violencia sexual, y un horroroso muestrario en redes sociales y televisión de la violencia policial y militar.

La sensación de vacío de poder, ausencia de proyecto y falta de liderazgos ya está entrando en su segunda semana, justo cuando el país necesita líderes capaces de conducir reformas estructurales, y estadistas capaces de reaccionar a esta crisis con algo mejor que represión y medidas de parche, y ver más allá de los indicadores económicos, el tiempo corto, y la ganancia política pequeña.

Sobre el autor o autora

Juan Aedo Guzmán
Periodista e historiador chileno por la Universidad de Chile.

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