Resiliencia e innovación en la agricultura en tiempos de crisis alimentaria en el Perú

Escrito por , , Revista Ideele N°305.

Este año se anuncia una crisis alimentaria a nivel mundial como resultado de la guerra entre Rusia y Ucrania. En este artículo, vamos a tratar de contribuir a un análisis del efecto que esta “crisis” está teniendo en la agricultura peruana y cómo podrá afectar la seguridad y soberanía alimentaria nacional. Con la finalidad de abrir la conversación, hemos entrevistado productores y especialistas activos en la producción de alimentos de pan llevar y de productos lácteos. 

Eduardo Zegarra, citando FAO y el PMA, señala que 50% de la población peruana se encuentra en situación de inseguridad media o grave.  Esta situación se agravó con la pandemia del Covid 19 y amenaza con agudizarse con la escasez de fertilizantes y concentrados junto con el alza del precio de combustible. Desde febrero de este año el combustible, el transporte y los insumos agropecuarios así como alimentos de consumo masivo como la papa, el arroz, el pan y el pollo han subido.  Como consecuencia directa de la pandemia, el déficit calórico en el país ha pasado de 26,8% en 2019 a 32,7% en 2021 . Esto significa que las personas consumen menos en cantidad y calidad en los sectores más pobres y vulnerables de las áreas urbanas periféricas y especialmente en las rurales, donde se concentra la mayor incidencia de pobreza y pobreza extrema.  Tomando en cuenta que esta población es la que tiene a cargo la mayor cantidad del alimento que se consume en el Perú, aquí exploramos el tema desde el  punto de vista de los pequeños y medianos productores.

La llamada “crisis alimentaria” en curso, desde la perspectiva de los productores y especialistas agrarias, impacta de manera diferenciada según la escala, diversidad e intensidad del sistema de producción.  Es importante afirmar que los pequeños productores que usan sistemas de producción tradicionales que tienden a vender en mercados locales, son poco afectados por la crisis debido a su autosuficiencia en semillas y abonos. Por otro lado, los productores con entre 5 y 10 has, con 1 a 5 vacunos, están re-convirtiendo su sistema de producción, sustituyendo los insumos externos con bioinsumos y alimentos ganaderos producidos en el propio predio. Nuestros entrevistados señalan que tanto estos productores (tradicionales, ecológicos y convencionales en re-conversión) superarán la crisis y serán el sustento del sector agropecuario nacional en el futuro. Por otro lado hemos constatado que el sistema de producción convencional, con alta dependencia en insumos externos “está en crisis”. 

Las siguientes preguntas fueron exploradas en entrevistas realizadas específicamente para este artículo:

  1. Cuáles son los principales problemas que se presentan actualmente en la producción de panllevar/ lácteos?
  2. ¿Qué tanto le ha afectado el incremento del precio de los fertilizantes?
  3. ¿Qué acciones/medidas están tomando los pequeños/ecológicos/medianos ante el incremento del precio de los fertilizantes y otros insumos?
  4. De qué manera estas medidas cambiarán los sistemas de producción agropecuarios en el futuro?

A continuación resumimos la información recolectada de los productores y especialistas entrevistados. Los seis[1] reúnen amplia experiencia y conocimiento en temas agropecuarios. Cabe señalar que todos ellos interactúan diariamente con productores y profesionales como ellos. Sin embargo sus opiniones son propias.

La producción agrícola

Hemos conversado con informantes claves que conocen bien la problemática de la agricultura y el desarrollo rural. En la agricultura de sierra se aprecia el impacto de la crisis de fertilizantes de manera diferenciada según el tamaño del predio y de acuerdo a la orientación comercial de sus cultivos (mercado interno/exportación; mercados masivos/mercados diferenciados). Los productores agroecológicos de la sierra son quienes menos han sentido la crisis debido a que ellos producen sus propios alimentos y también sus propios abonos e insumos. Un caso muy parecido es el de los pequeños productores que manejan sistemas tradicionales agroecológicos por defecto, porque tienen pocos recursos o no usan insumos externos. Estos dos sistemas de producción han sido y continúan siendo los más resilientes.

Por otro lado, los productores que están en proceso de transición a sistemas agroecológicos están enfrentando problemas por el alza de precios de los fertilizantes sintéticos puesto que todavía dependen de algunos insumos externos. Para mejorar los suelos degradados utilizan afrecho y otros productos orgánicos que requieren inversión. Los costos de estos son altos; por ejemplo en 2021 en Umarí, Huánuco, el afrecho costaba 40 soles y ahora se consigue en cerca de 60 soles el saco. Hay una gran demanda para el guano de isla en todos los sistemas de producción, pero no hay suficiente oferta. Los productores agroecológicos aprovechan los residuos de las cosechas para preparar el bocashi y el biol, abono de tipo orgánico.

Los productores convencionales ya sean pequeños (de 1 a 5 hectáreas), medianos (hasta 10 hectáreas) y los que manejan hasta 30 has, articulados al mercado, son quienes tendrán menores rendimientos por la escasez de fertilizantes importados.  Estos se han visto obligados a sembrar menores áreas debido a los altos costos de producción. Todo ello incidirá en una menor oferta de productos anuales como la papa y la quinua. Nuestros informantes señalan que debido al aumento del precio de los fertilizantes y del combustible, los precios de los alimentos para consumo nacional y de exportación, producidos con sistemas convencionales, se incrementarán.

Sin embargo, hay experiencias alternativas importantes en marcha como por ejemplo Islas de Paz, IDMA with IDEL, en Huánuco, donde se promueven sistemas alimentarios agroecológicos, localizados y  sostenibles que generan soberanía alimentaria local. El modelo fomenta la articulación comercial desde los productores a los consumidores urbanos a través de ferias y puntos verdes, con el apoyo de los gobiernos locales.

La producción ganadera

Los ganaderos convencionales en general no conocen las prácticas más sostenibles como en el caso de los agricultores, donde sí se ha comenzado hace años con el uso de bioabonos.  Los ganaderos no usan estas prácticas a pesar de que los vacunos producen alrededor de 35 kg de estiércol diario.

Los medianos productores de lácteos ven esta crisis como la más grave en muchos años.  Los informantes señalan que históricamente la política agraria ha dado poca importancia a la transmisión entre generaciones del conocimiento y del rol de la ganadería en la seguridad alimentaria.  Por otro lado, es limitado el acceso a financiamiento y a la  tecnología productiva, mientras la profesionalización del campo sigue escasa. Precisan que la crisis actual “ha sido la gota que colmó el vaso en el sector que apenas sobrevivía”. Se evidencia una disminución de un 70% en la inseminación artificial. Los ganaderos de la costa están rematando ganado y buscando otras actividades productivas.  Sin embargo,  los ganaderos de la sierra, que manejan sistemas de producción con pastoreo, mantienen sus programas de mejoramiento genético.

La crianza extensiva en sierra y algo de selva se mantiene porque no se utilizan insumos externos (fertilizantes y concentrados). No hay la cultura de fertilización y están menos conectados con los mercados internacionales. El 70% de los ganaderos de menos de 10 has están reconvertido su sistema al uso de la materia orgánica.  En algunos lugares, las autoridades están impulsando el uso de biofertilizantes, el manejo sostenible y conservación de pasturas. Los entrevistados opinan que los pequeños van a sobrevivir la crisis actual pero los medianos no: “son ellos los que representan el futuro de la ganadería nacional”.

En el caso de la producción orgánica o agroecológica, el incremento de los fertilizantes no les afecta porque son favorecidos por la demanda de guano de parte de los agricultores convencionales.  Esto representa un ingreso adicional. Sin embargo, los productores que hacen agricultura limpia-ecológica y elaboran sus propios biofertilizantes no generan crédito fiscal mientras que la urea comercial, que usan los productores convencionales, tiene un trato tributario especial.  Se opina que sería importante formular políticas de apoyo a los productores agroecológicos, debido a la estrecha interrelación entre la producción de panllevar y productos lácteos.

Está cobrando fuerza la elaboración de los biofertilizantes en las parcelas de producción, reconociendo las ventajas de no depender de insumos externos. Se ha incrementado la comprensión de la complementariedad agropecuaria (cultivos asociados y escalonados con crianza de traspatio). Además, se están impulsando los mercados de cadena corta en los cuales han tomado mucho interés las municipalidades, y ONGs. El factor COVID, ha hecho que el consumidor tenga interés en alimentos saludables y comience a reconocer su justo precio. Evidentemente, falta incrementar las campañas de educación.

Las innovaciones que han estimulado esta crisis  cambiarán la ganadería bovina  mediana del futuro. Se migrará hacia la selva donde se tendrá que innovar  sistemas silvopastoriles, bioabonos y bancos genéticos de forrajes. Para asegurar el respeto a las tierras de las comunidades indígenas serán necesarias técnicas de manejo sostenible de la tierra orgánica y de esa manera evitar la expansión de las áreas de uso.  Será importante usar las áreas ya destinadas a la ganadería con mayor eficiencia ya que la siembra de pastos en áreas rozadas no es sostenible.

 El uso racional de la tierra en  la sierra llevará a una ganadería de animales de menor tamaño si se espera generar rentabilidad para la reinversión en áreas menores.  En ambos casos se requiere  superar el uso de concentrados y enfocar en el uso racional de químicos, mirando hacia las medicinas naturales y el uso sostenible del agua y la tierra.

Reflexiones finales

Los productores más resilientes son los que no son dependientes de insumos  externos como fertilizantes y concentrados.  Estos incluyen los pequeños tradicionales, los agroecológicos y los sistemas ganaderos de pastoreo.  Los agricultores convencionales están disminuyendo las áreas  de siembra, mientras los ganaderos medianos están descartando animales.  Esta experiencia debe servir de lección para el diseño de una política de soberanía alimentaria que permita disminuir  drásticamente  la dependencia de insumos externos, sean nacionales o importados. Es imperativo que esta política  apoye a sistemas de producción tradicionales y agroecológicos de pequeña y mediana escala que abarca el panllevar y la ganadería láctea.

Si bien el Perú es minero, es en primera instancia rural.  Hay un apego a la agricultura y hay que asegurar que esta sea amigable con el medio ambiente.  Una política nacional futura debe orientarse a la seguridad alimentaria y nutricional incorporando lo aprendido durante la la crisis del Covid-19 y las innovaciones incorporadas durante la crisis actual.  Para ello hay que formar la capacidad técnica y política para avanzar.

En este contexto se debe impulsar la sistemas de seguridad alimentaria con participación de los gobiernos regionales y municipales, las organizaciones de productores y las entidades de investigación y desarrollo agrario.

* El año 2020 escribimos un artículo publicado en La Mula sobre la crisis del COVID 19 y su efecto en la producción de alimentos en el campo peruano y en los consumidores.  


[1] Sra. Gisela Lix-Flores, Gerente/Productora, La Cabrita, Valle de Chillón, Lima

Dr Luis Murga, Veterinario; Decano Zootecnica UNTRM, Amazonas

Sr. Holmell Quispe Valarde, Gerente/Productor, Cabaña de Justicia, Socabaya, Arequipa

Ing.  Wilmer Prado, Consultor en desarrollo agrario,  Huamanga, Ayacucho

Ing. Jorge Soto, Instituto del Medio Ambiente (IDMA) de Huánuco

Ing, Juan Pablo Pineda, Consultor en desarrollo rural y territorial, . Abancay, Apurimac.

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