“Dios escribe derecho sobre líneas torcidas”: algunas consecuencias de la presidencia de Castillo

Escrito por Revista Ideele N°306. Octubre-Noviembre 2022

No sé si se trata de un refrán popular, es una frase de santa Teresa de Jesús o quizá ambos, pero con una cierta dosis de optimismo eso de que ‘Dios escribe derecho sobre líneas torcidas’ puede resultar siendo cierto respecto del gobierno de Pedro Castillo. Son pocos los que tienen dudas sobre sus efectos nocivos, pero en mi opinión este presidente es la definición de la ‘incapacidad moral permanente’ hecha realidad. Poniéndole un toque de humor, podemos decir que nos ha ahorrado la interpretación del Tribunal Constitucional.

Sin embargo, hay otras perlas rescatables de lo que venimos sufriendo, aun cuando todavía no haya terminado. Para empezar, el excesivo respeto que existía hacia la investidura de la presidencia de la república puede haber llegado a su fin. Como no era muy democrático, sino más bien una herencia virreinal podría decirse que es un paso adelante. Si le ponemos esperanza podríamos usar para este gobierno el proverbio que reza que ‘no hay mal que por bien no venga’. Ojalá que en efecto el bien esté por llegar.

Una preocupación que tenemos muchos es que si no se hacen reformas políticas profundas (verdaderas elecciones internas en los partidos, Senado que no duplique las funciones legislativas, reelección inmediata de congresistas por una sola vez, circunscripciones uninominales o binominales, etc.), la salida de Castillo no va a solucionar nada y tendremos a alguien similar o inferior, acompañado por otro congreso que podría ser incluso peor que el actual, cosa que parece imposible. Necesitamos un sistema que ate a los elegidos a sus electores no solo durante las elecciones, sino de manera permanente y que los congresistas cumplan con la principal de sus funciones que es la de representar a sus electores.

Es verdad que la actitud de cierto sector y sus críticas han sobrepasado los límites aceptables y eso le ha permitido a Castillo victimizarse. Lamentablemente, todo empezó cuando se denunció un fraude que nunca pudo ser probado y que luego continuó con la pretensión de vacar a Castillo incluso antes de que asumiera sus funciones. Empero, la conducta del presidente y sus nombramientos han causado un rechazo tan generalizado que sus índices de aprobación están por los suelos. No obstante, hay todavía un grupo que lo sigue apoyando, sin duda, por los excesos cometidos, pero que más temprano que tarde terminará por convencerse de la incapacidad de Castillo sumados a los muchos indicios de corrupción.

Asimismo, se ha conseguido que los peruanos valoremos la importancia de la calidad de la burocracia estatal y existan iniciativas para apoyar e implantar el régimen de SERVIR que ha estado abandonado. En realidad, todos los gobiernos han aprovechado para colocar a su gente en diferentes cargos públicos (para muestra recordemos los dos gobiernos apristas), pero esta vez –salvo algunas excepciones– la calidad de la gente que ha nombrado Castillo y Perú Libre ha sido inferior, incluso algunos con antecedentes policiales o judiciales. Eso ha causado rechazo en todos los niveles de la población, porque muchas veces está sufriendo las consecuencias, como en el caso de la expedición de pasaportes que se ha convertido en un vía crucis que no tiene cuando acabar.

Espero que en el porvenir los nombramientos gubernamentales en las instituciones públicas podrán ser cuestionados con más libertad y a partir de las calificaciones y experiencia. Hasta antes de Castillo se tenía por cierto que el gobierno de turno podía nombrar funcionarios a los miembros de su partido o a sus allegados, muchas veces correspondiendo favores o pagando aportes de campaña, pero esta vez ha sido tal el descaro y el descalabro que con toda legitimidad se han cuestionado desde todos los sectores. No obstante, eso se venía haciendo hace mucho tiempo y nadie lo criticaba, sino en raras oportunidades. Lo que estamos viviendo nos ha hecho notar la importancia de tener a funcionarios no sólo probos, sino también calificados y eficientes.  

Todo lo mencionado abona a una más clara separación de poderes que siempre estuvo nebulosa en la historia de nuestro país. Desde la visión de la mayor parte de la población el presidente era una especie de rey que podía hacer y deshacer en todo el sector público y algunos mandatarios prefirieron que esto se siguiera creyendo. De hecho, durante largos períodos se aprovechó para infiltrar allegados en todas partes, incluidos el Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación, el Jurado Nacional de Elecciones y las empresas públicas, además de comprar congresistas a los que se llamaba tránsfugas. Con Castillo la división de poderes ha sido bastante obvia, pero ha logrado bloquear la vacancia comprando congresistas. Por lo menos es lo que parece.

Si lográramos profesionalizar el servicio público de manera tal que los nuevos gobiernos sólo pudieran hacer cambios en los más altos cargos, todo lo anterior y en general lo que estamos viviendo no hubiera ocurrido.

Parece que, en el futuro, la Fiscalía podrá investigar al presidente, cosa que hubiera sido imposible, por ejemplo, en el gobierno de Alan García. Existe temor porque esto puede convertirse en un exceso y en verdad debemos tener cuidado, pero considero que haciendo las sumas y restas va a resultar siendo ventajoso, porque el proceder de los próximos presidentes va a tener que ser diligente y meticuloso, en especial, respecto del cohecho. Podría incluso servir para que incorporáramos un capítulo sobre corrupción en la Constitución.

Esta es la oportunidad para que por fin se entienda que los funcionarios públicos, en especial los elegidos, no son nuestros jefes –como muchos de ellos se sienten–, sino que están a nuestro servicio, por lo que tenemos todo el derecho de exigirles un buen trabajo en el desempeño de sus funciones. En los países más desarrollados, Suecia, por ejemplo, los miembros del gobierno viven como todos los otros ciudadanos, no tienen prebendas, chofer, ni seguridad. Se trasladan en movilidad pública y no se sienten por encima de nadie.

Aunque suene a un argumento religioso y que no ha sido leído desde la perspectiva que propongo, considero válido aquí traer a colación el pasaje del lavado de los pies del evangelio de Juan (13; 1-20). Allí Jesús, el Maestro, la autoridad, hace un gesto que muestra que está al servicio de sus discípulos y en realidad de todos. Toda una lección: si quieres ser grande sirve a tu pueblo sin que esto te quite la condición de líder que también nos mostró Cristo. Por desgracia, desde hace mucho tiempo la propia Iglesia lo ha olvidado. El Papa Francisco está intentando recuperarlo.

El dolor y el sufrimiento suelen ser grandes maestros, esperemos que podamos aprovechar de lo que estamos viviendo.

Sobre el autor o autora

Alonso Núñez del Prado Simons
Magíster en Derecho de la Integración y en Derecho Constitucional. Master of Business Administration (MBA), graduado en Lingüística y Literatura, Filosofía. Fundador y director ejecutivo del Observatorio de Cumplimiento de Planes de Gobierno. Profesor universitario, árbitro de la Cámara de Comercio y conferencista. Presidente y director de varias entidades del sistema asegurador.

1 Comentario sobre "“Dios escribe derecho sobre líneas torcidas”: algunas consecuencias de la presidencia de Castillo"

  1. Helmut Lünstedt | 1 diciembre 2022 en 00:36 | Responder

    excelente comentario estimado Alonso, puntual a lo que está sucediendo en todos los gobiernos, por lo que tu artículo lo paso a mis allegados en Bolivia, pues los mismos hechos y acciones ilegítimas que declaras son las que se están cursando también en Bolivia y en otros países, creo que en todos, ya que la agenda 2030 es la que ha aportado todo este debacle de la valoración y capacidad de los politicos de turno.. Gracias por tu artículo, como dices bien, también nos hace ver lo que de muy cerca podemos no estar viendo

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