El desarrollo naval de China

Escrito por Revista Ideele N°306. Octubre-Noviembre 2022

Para muchos, la historia de las relaciones internacionales es la historia de la lucha por la primacía entre grandes potencias terrestres y marítimas. Desde el siglo XIX hasta el presente han prevalecido sucesivamente  a nivel global dos grandes potencias marítimas, Gran Bretaña y Estados Unidos, imponiéndose sobre potencias terrestres como Francia, Alemania y la Unión Soviética.

Hoy, en el duelo que presenciamos entre EEUU y China, si el primero es la gran potencia marítima ¿podemos ver a China como una potencia terrestre?

 Mirando a los antecedentes de históricos de esta, la respuesta sería afirmativa, pese a que a comienzos del siglo XV  (Dinastía Ming) China alcanzó brevemente un mayor desarrollo naval que Portugal y España, que luego serían protagonistas de los Grandes Descubrimientos.

En efecto, China se ha circunscrito milenariamente a un vasto espacio terrestre, rodeado de cadenas de montañas, selvas y desiertos, en el cual desarrolló un gran imperio, sin sentir mayor necesidad de volcar su poderío a la expansión naval. La mayor amenaza marítima la constituían los piratas provenientes del Japón.

Sin embargo, en el siglo XIX, por ese mar que China descuidó, pudieron penetrar los demonios extranjeros (occidentales) que sumieron al Imperio en crisis  y postración. 

Poco después de que China consiguiera ponerse de pie, con la Revolución Comunista,  su economía se proyectó al mundo a fines del siglo pasado.  A comienzos del presente siglo emprendió una modernización militar que pudiera ir a la par con el aumento de su riqueza. En ella puso el acento en el desarrollo naval, a la vista del notable  rezago que este mostraba y al hecho que, de manera similar a lo que ocurría en el siglo XIX, tenía frente a sus costas a las armadas más poderosas del mundo[1].

Entendemos que, en ese momento, China tomó la  histórica decisión de buscar convertirse a la vez en una gran potencia terrestre y marítima.

Unos años después, EEUU, preocupado por el rápido ascenso de China así como por el carácter plural de los avances de ella, lanzó el Pivote al Asia (2009-2011), volviendo a priorizar esta macrorregión en su política exterior y asignándole una mayor presencia de su armada.  La atención al Asia había declinado momentáneamente frente al Medio Oriente.

De esta manera, Washington respondió a la dinámica china mostrando su resolución de preservar su primacía en Asia Pacífico y comenzó a mejorar su posicionamiento naval en la región.

Por su parte, Beijing ratificó la naturaleza anfibia de su gran estrategia con el lanzamiento de la Franja y la Ruta (BRI, 2013), una iniciativa de integración multirregional desde China hasta Europa que incluye una versión terrestre así como una versión marítima. Esta última estaría respaldada por el fortalecimiento de la marina de guerra china.

La marina de guerra china es ya la más numerosa del mundo con unidades tecnológicamente sofisticadas, incluyendo portaviones así como submarinos de propulsión atómica y misiles anti-barcos capaces de conducir carga nuclear. Muchos consideran su poderío inmediatamente detrás del de la armada norteamericana.

El poder militar de Estados Unidos en Asia ha dependido sobre todo de su poderío marítimo; ahora  con China ha visto surgir, por primera vez desde los años 1920, un desafío a este.

Avances y contención en el Pacífico

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, en su emergencia como potencia mundial, EEUU tomó muy en cuenta el ascenso de Japón y sus pretensiones en Asia Pacífico. Japón había derrotado anteriormente a China y a Rusia y había adquirido posesiones en la región a raíz de la guerra.

Estados Unidos creó la Flota del Pacífico en 1919, con una capacidad similar a la flota del Atlántico. Además, a nivel multilateral, en 1921 organizó la Conferencia de Washington buscando lograr un equilibrio de poder en Asia del Este y el Pacífico que permitiera contener la expansión japonesa. En esta conferencia se estableció una paridad de fuerzas navales entre Estados Unidos, Inglaterra y Japón, con Francia e Italia en un nivel inferior

Este esquema no sobrevivió en los años 1930, debido a las agresiones que se presentaron en el mundo, a los efectos de la Gran Depresión, particularmente sobre Japón y a la falta de voluntad de las grandes potencias de enfrentar el expansionismo japonés.  Japón invadió Manchuria, China, Asia del Sudeste y atacó Pearl Harbor motivando el ingreso de EEUU a la Segunda Guerra Mundial.

Posteriormente, al comienzo de la Guerra Fría (durante la Guerra de Corea) EEUU planteó, de manera unilateral, un Plan Estratégico de Contención Marítima (1951) esta vez referido a la URSS y China. El plan consistía en restringir el acceso de las dos potencias al Pacífico Occidental a través de una serie de bases navales (en territorios insulares) que harían posible proyectar al área el poderío militar norteamericano y frenar los avances soviéticos y chinos.

Este plan resaltó la existencia de varias Cadenas de Islas en el Pacífico que podían ser aprovechadas, por EEUU pero también por sus antagonistas, para establecer bases militares que sirvieran de avance o contención. La percepción de cadenas de islas de significado estratégico en medio del Pacífico mantiene hoy, como veremos, su centralidad en las discusiones militares sobre la región.

Debemos indicar que el plan estratégico de 1951, para frenar el avance del comunismo, a diferencia de las acuerdos multilaterales de 1921 y de las actuales relaciones entre EEUU y China, correspondía al contexto de una exacerbada contienda militar e ideológica. 

Además, la teoría de la contención que EEUU manejaba entonces, asumía la existencia de rivales de comportamiento básicamente oportunista (la URSS o China) que desistirían de sus presiones expansivas en puntos determinados al hallar una firme resistencia.

Estos dos rasgos del enfoque de 1951 nos hacen dudar que, pese a su prolongada vigencia, el esquema básico de cadenas materiales de contención sea hoy el más apropiado para manejar el desafío del poder marítimo chino o para mantener un equilibrio de poder entre EEUU y China en Asia Pacífico.

En particular, estimamos que será difícil que la flexibilidad se haga presente en el despliegue del desarrollo naval chino, puesto que este se origina en un interés básico de Beijing de profundizar la que percibe como una comprometida defensa de su propio litoral.

Una Visión del Proceso

Mirando en el mapa, desde China en dirección a América del Norte, encontramos actualmente una Primera Cadena de Islas que comprende las Islas Kuriles (en posesión de Rusia); varias islas de Japón, incluyendo la base norteamericana de Okinawa;  Taiwan; el norte de las Filipinas;  y la isla de Borneo (compartida por Indonesia, Malasia y Brunei).

Aquí el punto álgido es la isla de Taiwan, a 160 kilómetros del litoral chino y poderosamente armada y defendida por EEUU (a pesar de que no la reconoce como un Estado). El régimen nacionalista, que perdió la guerra civil china en 1949, se estableció en Taiwan, la cual sigue siendo considerada por Beijing como una provincia de su territorio.

China percibe actualmente a Taiwan como el broche de la Primera Cadena, que contribuye decisivamente a mantener a sus fuerzas navales embotelladas en el litoral y sin poder conseguir un avance consistente en el importante espacio de mar abierto que existe entre la Primera y la Segunda Cadena. El Estrecho de Taiwan, que separa a esta de China, es objeto de constantes tensiones. 

La Segunda Cadena comprende dos islas del Japón; la base norteamericana de Guam; Palau;  y llega hasta Papua (indonesia). Finalmente, en la Tercera Cadena se hallan las islas Aleutianas (EEUU y Rusia); Hawái; Samoa Americana; Fiji;  y Nueva Zelanda.

La misión de la Marina de Guerra china hasta los años 1970 fue  exclusivamente de  defensa del litoral, esto es de protección de la nueva república frente a un mundo al que consideraba hostil. Nuevos vientos comenzaron a soplar en los años 1980, de transformación económica de la nación, en cuanto a transformar también la misión y capacidades de la  armada. En este sentido, en 1987 un historiador naval chino escribió:

La  estrategia de defensa del litoral no significa de ninguna manera que nuestra  armada navegue solamente las zonas costeras y que únicamente los países imperialistas tienen el derecho de  desarrollar sus armadas para el propósito de buscar hegemonía en aguas muy lejanas de sus territorios (Kondrapalli)

En esta perspectiva, en los años 1980 la armada china se fue convirtiendo en una marina de aguas verdes, de acuerdo con la terminología naval norteamericana, es decir una  fuerza capaz de llevar adelante operaciones de litoral pero también, en alguna medida, en alta mar.

El litoral chino es bañado, de norte a sur, en primer lugar, por el Mar Amarillo, el cual se extiende desde la península de Corea a las costas chinas. Los principales puertos chinos en este mar son Dalián (que fue japonés por un tiempo) y Qingdao (que fue  brevemente alemán). Las orillas del Mar de Bohai, una extensión del Mar Amarillo, están a 300 kilómetros de Beijing.  En la orilla de Corea del Sur hallamos al importante puerto de Inchon, cerca a Seúl.

A continuación está  el Mar del Este o de la China Continental, que además de la península de Corea también baña a Japón. Aquí se encuentran Taiwan así como las islas Senkaku, administradas por Japón y reclamadas por China como islas Diaoyu;  y la isla japonesa de Okinawa con una base norteamericana. En el litoral chino están el delta del río Yangtsé y el puerto de Shanghái. Más al sur, sobre el Estrecho de Taiwan, están las prósperas ciudades de Fuzhou y Xiamen.

El Mar del Sur, que China comparte con otros cinco Estados, empieza al sur de Taiwan y es limitado por el Golfo de Tailandia por el  Oeste y la isla de Borneo por el sur. En el litoral chino, al norte está Hong Kong y al Oeste de este Shenzen, que floreció por las reformas de Deng.   Muy próximo se sitúa Cantón sobre el Rio Perla. Al sur hay grupos de islas en disputa entre China y los demás estados ribereños, tales como las islas Sprattly y Paracel.

Beijing considera que la mayor parte del Mar del Este y especialmente el Mar del Sur están bajo su soberanía. En el caso del Mar del Este hay una importante presencia japonesa y norteamericana. El Mar del Sur, en cambio, es visto por Beijing como una suerte de lago interior, de manera similar a como Washington ve al Caribe.

En este sentido, la reciente acción unilateral de construir islas artificiales en el Mar del Sur ha sido un gran logro para China, dado que ellas equivalen militarmente  a la presencia de cientos de portaviones que cambian el equilibrio estratégico en la región. Aunque debe señalarse que Vietnam y Filipinas precedieron a China en la construcción de islas, pero lo hicieron en una escala mucho menor.

Sin embargo, persiste una significativa  resistencia, sobre todo de EEUU, Japón y Taiwan, al dominio chino de los Mares del Sur y del Este. Para EEUU, en particular, el Mar del Sur encierra una importancia  estratégica similar a la del Mar Mediterráneo (según Stavridis), que le resulta imposible soslayar. Sus barcos de guerra utilizan el derecho de libre navegación para  acercarse provocadoramente a menos de  12 millas (mar territorial)  de las islas en posesión de China.

Japón, por su parte, se niega a  admitir que exista una controversia con China en torno a las islas Senkau, en el Mar del Este, y por otro lado considera oficialmente a Taiwan como un territorio crítico para su propia defensa.

El pleno dominio que China intenta adquirir de los tres mares que bañan sus costas le facilitaría mejorar las conexiones con el grueso del  Océano Pacífico  y con el  Océano Índico.

Este último no está solamente llamado a  convertirse en el escenario principal de la Ruta Marítima de la Seda de Beijing (parte de la BRI); hay consenso en señalar que, por el transporte de petróleo y las potencias islámicas situadas en sus costas, el Índico tendrá una importancia central en la evolución del Asia en este siglo. 

Dentro de China, la región litoral  representa solo el 14% del territorio pero en la actual etapa de transformación económica alberga a la mitad de la población y genera dos terceras partes del producto interno.

Por otro lado, el 90% del comercio exterior chino se transporta por mar (aunque es previsible que, en las próximas décadas, con el avance de la BRI aumente la cuota del transporte terrestre). China es consciente de que la  capacidad que persigue de garantizar en tiempos de paz la seguridad de  las rutas de sus mares conlleva crucialmente la de controlarlas en caso de conflicto. 

 En suma, podemos apreciar que China quiere, a través de la profundización de su defensa marítima, convertir su estratégico litoral en una esfera de seguridad inexpugnable. El disfute de una esfera de seguridad adyacente a su territorio ha sido hasta ahora una norma entre las grandes potencias.

Lograr este objetivo significaría, en lo inmediato, que China trataría de ejercer ciertas prerrogativas a las que potencias como EEUU activamente se oponen. Tal es el caso de restringir algunas actividades dentro de su Zona Económica Exclusiva. 

En esta perspectiva y como asunto de fondo, es pertinente señalar que China ya ha alcanzado una capacidad suficiente para negar o contrarrestar la proyección del poder militar de EEUU (u otra potencia extranjera) sobre su litoral.

Desde 1981, cuando incorporó  a su arsenal misiles intercontinentales capaces de llegar al territorio norteamericano,  China ha realizado un importante progreso en su posición defensiva frente a EEUU.  En los últimos 20 años, ha sido prominente la transformación de su poderío naval.

Este cambio histórico mejora claramente la situación de China en un posible conflicto, pero al mismo tiempo (tal como anticipan analistas como White) determinaría que el ataque del que pudiera ser objeto tendría que ser de dimensiones masivas si este buscara neutralizar su capacidad militar. Con ello la conflagración alcanzaría un rápido escalamiento y afectaría inevitablemente a grandes zonas pobladas de China.

Otros grandes objetivos de China son llegar a controlar la seguridad de sus rutas de comercio y eventualmente alcanzar una presencia marítima global. Para esto le falta todavía algún recorrido. La previsión que hace Beijing es que en la década de 2040 podría contar con una armada de alta mar (Blue Water), capaz de proyectar su poder en todo el Pacífico Occidental y otras partes del globo.

Hasta ahora el desarrollo naval de China ha logrado un avance notable en aspectos como capacidad instalada y nivel tecnológico. Sin embargo, para abordar plenamente la tarea de adquirir un alcance global, a la armada china le sería necesario establecerse en mar abierto, más allá de la Primera Cadena. Este sería un paso gigante y muy disputado que podría resultar el más difícil en todo el ascenso militar de China.

El fortalecimiento de la capacidad naval china en alta mar sería un logro muy importante, también, porque cambiaría el escenario central de una posible guerra y alejaría a sus centros poblados del peligro del impacto de un ataque masivo al litoral. En este aspecto de vulnerabilidad ostensible de su población en un conflicto, China mantiene todavía una desventaja importante frente a EEUU (aunque no frente a Japón que tiene un problema similar).

No es difícil entender que el progreso naval chino haya sido capaz de provocar reacciones importantes en algunos actores, apoyados por EEUU, las cuales le plantean incógnitas y dificultades para el futuro inmediato.  Concluimos este artículo  examinando brevemente estas reacciones, a excepción del papel individual de EEUU y el caso de Taiwan, temas cuya envergadura o complejidad demandan una extensión que no corresponde a  este artículo.

Reacciones al progreso naval Chino

Los dos grandes vecinos rivales de China son Japón e India. De ellos, aunque muy lejos del poder y protagonismo de EEUU, el Japón puede plantear los obstáculos más serios e inmediatos al desarrollo naval chino, que se da en los límites de su territorio.

Japón sobresale no solo por su capacidad  tecnológica, que ha volcado también a la defensa, sino además por su calidad de promotor financiero en la región, y su alianza con EEUU.

Corea del Sur, que junto con Japón son los mayores socios de EEUU en Asia, tiene una relación distinta a la de este con China. Este hecho dificulta un entendimiento tripartito.

El entendimiento con EEUU, en el caso de Séul, está enfocado en la amenaza de Corea del Norte. Los lazos militares (que incluyen tropas norteamericanas  en suelo surcoreano) no  llegan a configurar una alianza. Por otro lado las  relaciones de Seúl con Tokio presentan antecedentes y dificultades que les impiden mirar a China de idéntica manera.

En el caso de Japón, pese a la sustancial interdependencia económica que ha alcanzado con China,  mantiene  una antigua y vigorosa rivalidad con ella.

Así, Tokio ha incluido la preservación  de las islas Senkaku en las provisiones de su alianza con EEUU. Más serio aún, considera oficialmente a Taiwan como un asunto prioritario en su propia defensa.

En efecto, Japón se opone firmemente a que China recupere Taiwan. Su interés estratégico por la isla se entiende mejor si recordamos que en la guerra de 1894 con China uno de sus objetivos fue apoderarse de Taiwan, la cual retuvo hasta 1945.

Las razones para el interés de Japón se  relacionan con que Taiwan es una pieza clave para el control del Mar del Este, el cual baña buena parte de las costas japonesas y donde también se halla la base que Japón alquila a EEUU en Okinawa.

El posicionamiento antagónico de Japón con China se hizo más claro en las primeras décadas del siglo XXI debido a la gestión de su Primer Ministro Shinzo Abe, un extraordinario líder nacionalista que gobernó en 2006-2007 y entre 2012 y 2020.

En 2007, Abe promovió la formación del Quadrilateral Security Dialogue (Quad), junto con EEUU, India y Australia, con el fin de hacer  frente al ascenso de China. Bejing protestó llamándolo una  OTAN del Asia.  Con la finalidad práctica de  acercarse a China, Australia se retiró del Diálogo en 2008. El arreglo reanudó su funcionamiento, con Australia, a partir de 2017.

En medio de tensiones con China por las islas Senkaku, en 2013, el gobierno de Abe inició un plan quinquenal de mejora militar. Reinterpretó luego la Constitución en 2015, de manera que permitiera la acción en el extranjero de fuerzas japonesas en tareas de  seguridad colectiva. Ello revigorizó la alianza de Japón con EEUU, la cual desde los años 1950 es un elemento central de la configuración estratégica del Asia (la 7ª flota norteamericana tiene sus cuarteles en Japón).

En colaboración con la India, Japón lanzó en 2016 la iniciativa de un Corredor Económico Asia-África, que apunta al Sudeste Asiático, diseñado para competir con la Ruta Marítima de la Seda.

En los momentos que Abe tomaba el timón de Japón, la India, motivada por el nuevo clima geopolítico que  había surgido en los años 1990, se acercaba a EEUU; se hablaba de una “asociación global” entre ambos, que a la  sazón negociaban un acuerdo de cooperación nuclear. En 2007, India, al lado de EEUU, estuvo entre los miembros fundadores de la Quad.

La vinculación de India con el desarrollo naval de China ha sido necesariamente distinta a la de Japón. Los mayores problemas y tensiones entre China e India se hallan en su extensa frontera terrestre en los Himalayas, la cual motivó una guerra entre ellas en 1962 y un severo enfrentamiento en 2020.

Por su enorme población, el rápido crecimiento de sus economías y su distinta forma de gobierno, muchos ven a China e India como los colosos del siglo XXI que en algún momento protagonizarán un gran enfrentamiento.

En 2004, la compañía consultora norteamericana Booz Allen propuso una sugestiva  narrativa que encaja admirablemente con esta creencia: la idea de que China estaría rodeando a India a  través de la construcción de una cadena de puertos  y otra infraestructura en el Océano Índico, la cual poseería el potencial de convertirse en un cerco asfixiante en un futuro conflicto por la supremacía entre ambas. 

Tal es la hipótesis denominada Collar de Perlas,  estrategia que China  estaría llevando adelante notablemente en países como Pakistán, Sri Lanka, Bangladés, Maldivas y Myanmar.

Tenemos el caso notable de Gwadar en la costa de Pakistán  en el Mar Arábigo (cerca al estratégico Estrecho de Hormuz y a menos de 900 millas de Bombay), un puerto de  aguas profundas  manejado por una compañía china. Se menciona la posibilidad de que Gwadar se convierta en una base de la armada china.

A nivel internacional se escucha crecientemente  llamados a que la India, secundada activamente por la Quad, se aboque a contrarrestar estas acciones envolventes de la China en el Océano Índico. Se habla incluso, en términos más amplios y valóricos, de librar una pugna por preservar las (supuestas)  preferencias democráticas y liberales de lo que se denomina el Espacio Indo-Pacífico.

En la realidad, desde que India y EEUU suscribieron un acuerdo de cooperación en defensa (2005), este está colaborando significativamente para que India adquiera una presencia en el Océano Indico acorde con su estatura en el Asia, especialmente a  través de la venta de armamento y equipo y la  realización de ejercicios navales conjuntos.

Esta situación no comporta un arreglo de alianza, especialmente por la tradicional postura no alineada de la India, aunque para algunos  sectores internos significa un acercamiento excesivo a EEUU que  conlleva riesgos. Por otro lado, el gobierno indio ha venido cultivando las relaciones con los países del Indico particularmente los del Este buscando contrarrestar la influencia china.

Sin embargo, sobre la solidez de la hipótesis del Collar de Perlas, podemos reflexionar críticamente que no sería una tarea fácil ni de corto plazo la que tendría China si es que buscara militarizar puertos construidos con una finalidad comercial.

Ensayando una visión alternativa, no es fácil entender tampoco que países vecinos de India estén dispuestos tan temprano a alinearse firmemente con China, permitiendo el uso militar de su territorio, dejando de lado la más  atractiva posibilidad de beneficiarse de un flirteo con ambos competidores (obviamente no es el caso de Pakistan que ya ha escogido bando).

Estos razonamientos y dudas son seguramente compartidos por el gobierno y los think tank indios pero, igualmente, no pueden subestimar la creencia, en principio plausible, de un amenazante Collar de Perlas, ni dejar pasar la oportunidad que se  abre de lograr un progreso asistido en un nuevo plano de la rivalidad con China – el plano marítimo- que India había mantenido descuidado aun por más tiempo que su competidora.

La más reciente reacción al desarrollo naval chino ha sido el anuncio en 2021 del Aukus, un pacto entre EEUU, Reino Unido  y Australia para proveer a  esta última de submarinos de propulsión nuclear y en general de tecnologías avanzadas de defensa.

Con dos de sus miembros pertenecientes a la Quad, este arreglo podría representar una nueva estrategia de agrupamiento variable de países como fórmula de contención naval de China.

Infortunadamente para la percepción del arreglo en la región, detectamos la ironía  de que en la proclamada defensa de un Indo-Pacífico libre incluye a la antigua potencia imperial del Índico. El Reino Unido operando en aguas de una región muy lejana y ajena a su territorio nos hace recordar la frase que hemos citado de un historiador  naval chino en los años 1980.  

Referencias

Kondrapalli, China´s Naval Strategy. IDSA, 2000

Stavridis, Sea Power. Penguin Books, 2017

 White, The China Choice. Oxford University Press, 2012


[1] La 7ª flota de EEUU y la armada de su vecino, Japón, que por su desarrollo tecnológico es considerada por algunos  la segunda del mundo (Stavridis).

Sobre el autor o autora

Javier Alcalde Cardoza
Internacionalista. Doctor en Asuntos Exteriores por la Universidad de Virginia. Profesor del Departamento de Ciencias Sociales y de la Escuela de Gobierno de la PUCP.

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