Fin de un año convulso, sin solución a la vista

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Revista Ideele N°307. Diciembre 2022

Al terminar un año tan complejo y convulso como el 2022, se hace difícil pensar en qué nos traerá el que pronto empieza. Como cada diciembre solemos reflexionar sobre los logros y flaquezas del gobierno de turno, así como imaginar hacia donde seguimos. Esta vez viene difícil la mano, el año que termina fue desastroso con golpe de Estado, manifestaciones, muertos que lamentar y lo que se vislumbra para el que viene tampoco es particularmente esperanzador.

Cuando me invitaron a escribir esta columna, Pedro Castillo era presidente y todo parecía indicar que una vez más no se tendrían los votos para la vacancia y que seguiría en su triste papel de un mandatario sin ideas, sin plan y sin propuestas, pero que lograba mantenerse en el puesto con una extraña combinación de corrupción —a la que tristemente estamos muy acostumbrados los peruanos—, con una ineptitud que a veces parecía bordear en lo increíble.

Por motivos que son casi imposibles de entender y que han sido largamente debatidos, hace poco más de dos semanas el presidente elegido para gobernar hasta el 2026 decidió cerrar el Congreso e intervenir en la judicatura. En suma, dar un autogolpe, usando casi el mismo lenguaje de ‘disolver’, que Fujimori hizo famoso en 1992. Pero como todos sabemos, sin coordinación alguna, y con cero respaldos, el experimento duró poco más que un par de horas. Los mecanismos constitucionales se pusieron en marcha y, en menos de lo que canta un gallo, el Perú tenía en Dina Boluarte a su primera presidenta.

Convencida que contaba con el respaldo institucional, en su primer discurso se despachó alegremente con que ella terminaría el mandato para el que había sido elegida junto a Pedro Castillo y que todo se mantendría igual hasta el 2026. Luego pasó un largo par de días en silencio, mientras la calle se iba poniendo más candente, sobre todo en el sur y para el martes 13 la mitad del país ardía en llamas. Pedían que se fueran todos.

 Las principales demandas eran: el llamado a elecciones anticipadas, el cierre inmediato del Congreso y, en algunos lugares, incluso, el pedido del retorno de Castillo a la presidencia, algo absolutamente imposible después de haber sido defenestrado por intentar tomar el poder a la fuerza. Lo que sorprendentemente pareció sorprender a Boluarte y a su flamante gabinete fue la virulencia de la reacción en provincias donde el apoyo a Castillo no era bajo y donde las demandas insatisfechas siguen siendo inmensas.

La respuesta fue inmediata y muy fuerte, se acusó a todas las personas que se inclinaron por la protesta de ser revoltosos, terrucos, de ser azuzados y organizados por fuerzas oscuras y, en algunos casos, de cosas aún más delirantes. El descontento y el hartazgo con la situación no se tomaron en cuenta y esto no hizo más que echarle más leña al fuego. Carreteras cortadas, aeropuertos tomados, instancias estatales quemadas, piedras en el camino, gente tirando cosas, por un lado, y, por el otro, la Policía y el Ejercito lanzando gases lacrimógenos y perdigones, vestidos con trajes de asalto.

El resultado: más de 25 peruanos y peruanas muertos, algunos menores de edad. Esto es inaceptable y terminar el año con este saldo nos debería llevar a todos como sociedad a reflexionar sobre lo mal que están las cosas. ¿Cómo es posible que mueran personas y no se vea un proceso que por lo menos prometa algo de justicia? ¿Cómo es posible que los responsables políticos no enfrenten las consecuencias de sus acciones? Y que, más bien, veamos al que fuera ministro de Defensa convertirse en premier.

De momento tenemos una pequeña tregua de Navidad, ya que por estos días se han suspendido las movilizaciones. Pero esta no es más que una tensa calma y es difícil imaginar que las cosas volverán a su curso por sí solas, las demandas son muchas y siguen insatisfechas. El Congreso no parece entender que su legitimidad para legislar es mínima y que son muy transparentes, porque casi todas sus acciones se ven como intentos de seguir atornillados a su curul.

¿Pero qué hay de las demandas? Muchas de ellas vienen de larguísima data y, sobre todo en el sur, responden a la sensación de que no importa por quien voten en cada elección, sus votos que piden cambios —porque quieren que se hagan reformas profundas para que el país sea menos desigual— no valen nada porque rápidamente quienes ofrecían cambio como candidatos, una vez elegidos se acomodan al estatus quo y gobiernan con lo que se suele llamar el ‘piloto automático’, que no significa otra cosa que el consenso de que la economía no debe cambiar.

Este conceso sobre lo económico, esta característica peruana que sorprende a muchos observadores que ven esto desde el extranjero, se forjó después de la terrible crisis económica vivida en los ochenta y noventa. La hiperinflación, el control de tipo de cambio, las recetas heterodoxas y el golpe tan fuerte que significó para todos los peruanos vivir en esa situación al límite, inoculó a una gran mayoría en contra de cualquier medida que se desviase de las normas del neoliberalismo.

Pero treinta años más tarde hay cosas que no pueden seguir así, no solo en lo económico sino también en lo político. El problema es, sin embargo, principalmente uno de legitimidad. En los últimos siete años, desde la elección de Kuczynski, el divorcio entre los gobernantes y las personas que son gobernadas se ha hecho cada vez más profundo. La sensación que los representantes no nos representan se ha acrecentado y el desgaste de la política ha sido incremental, llegando al punto actual donde no sabemos realmente cómo llegaron los congresistas hasta a donde están y a quienes representan.

El futuro nos trae una serie de procesos electorales que no queda bien claro cuando serán, que modalidad tendrán y, sobre todo, cuáles serán sus resultados. Se habla de los mecanismos electorales, de las elecciones internas, de que se deben respetar los plazos establecidos en la ley, pero en el fondo muchas de esas reglas significan poco en la práctica. ¿De qué sirven las elecciones internas si no hay partidos políticos reales porque son poco más que cascarones vacíos que se venden como vehículos electorales al mejor postor?

Este es el escenario para el 2023, un año de conflictos, un año de indefiniciones y quizás de cambios profundos, aunque es posible que una vez más sea un año, más bien, de más de lo mismo. Más indefinición, más protesta y menos acción para encontrar consensos que se necesitan porque se sigue considerando que los interlocutores no son válidos. Menudo panorama para la conmemoración del bicentenario del año más convulso de nuestra independencia, así como del bicentenario de nuestra primera Constitución.

Sobre el autor o autora

Natalia Sobrevilla Perea
Doctora por la Universidad de Londres (2005). Se licenció en la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1996. Su último libro Los Inicios de la República Peruana. Viendo Más allá de la “cueva de bandoleros” fue publicado por Fondo Editorial de la Pontifica Universidad Católica del Perú en el 2019 y reúne sus ensayos más tempranos, algunos aparecen por primera vez en castellano. En este momento se encuentra terminando un libro sobre el ejército y la creación del estado en el siglo diecinueve y desde el 2007 enseña en la Universidad de Kent donde tiene la catedra de Historia Latinoamericana. Su libro sobre la independencia se acaba de publicar, para más detalles sobre su trayectoria en www.nataliasobrevillaperea.org/es/

1 Comentario sobre "Fin de un año convulso, sin solución a la vista"

  1. buenas tardes..el choloindio..LA UNICA SOLUCION EN ESTOS MOMENTOS PAR EL PERU,ES QUE ENTRE UN GOBIERNO DE EMERGENCIA NACIONAL UN PRESIDENTE PROVISIONAL,EL EXMINISTRO DE TRABAJO,IBER MARAVI EL EXCANCILLER HECTOR BEJAR O EL EXALCALDE DE LIMA RICARDO BELMONT O INCLUSO EL COMANDANTE REVOLUCIONARIO,ANTAURO HUIMALA,SERIAN BUENOS PRESIDENTES PROVISIONALES..son honestos nacionalistas democratas buscan la dignidad el honor la verdad la justicia e incluso los cuatro cono una junta de gobierno seria lo mejor..EL PERU Y SOBRETODO LA CIUDAD DE LIMA ES UN PAIS ENFERMO TODO ESTA MAL ES UN ESTADO FALLIDO UN NARCO ESTADO,SOBRETODO LA CIUDAD LIMA QUE SE HA CONVERTIDO EN PROSTIBULO..lleno de delincuentes mafiosos corruptos pobrezas desigualdades narcotraficantes drogadictos,medios de comunicacion canales de television prostituido..POR SUERTE LOS HOMBRES Y MUJERES DEL SUR DE PAIS DE PROVINCIAS QUE TIENEN DIGNIDAD HONOR,SE HAN DADO CUENTA DE ESO Y ES POR ESO QUE BUSCAN HACER UN VUEVO PAIS O UNIRSE HA BOLIVIA UNA NUEVA CONFEDERACION PERUBOLIVIA EL TAHUANTINSUYO…ya que lima la ciudad de lima no da la talla esta degenerando y es mal ejemplo para las provincias de este pais,personalmente pienso que las gentes de lima no tienen la fuerza para hacer caer ha este gobierno actual asesino corrupto mafioso narcos violento con mentalidad gringo criollo colonial mente de exclavos negros.. Y QUE SOLO LAS GENTES BUENAS DE PROVINCIAS TIENEN LA FUERZA Y QUE CON AYUDA DE BOLIVIA ARGENTINA MEXICO,TIENEN LA FUERZA PARA TUMBAR HA ESTE ACTUAL GOBIERNO PERUANO..y asi cerrar el congreso hacer elecciones de inmediato liberar al expresidente pedro castillo y enviarlo con su familia ha mexico…gracias.

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