El tránsito de la niñez

Escrito por Revista Ideele N°307. Diciembre 2022. Imagen: Andina

    Hablemos de los niños que migran. Y hablemos particularmente de los niños refugiados. Hoy en día hay más de 27 millones personas refugiadas en el mundo y más de la mitad son niños[1]. Los refugiados son personas que huyen de sus países por conflictos armados o persecución[2], siendo la palabra clave huir. Sin embargo, a pesar de las significativas cifras de la niñez en estos procesos, los niños son agentes que suelen estar excluidos de las narrativas migratorias.

    Mucho se busca ocultar bajo la capacidad de resiliencia que tienen; no van a entender, no se van a acordar, no les afecta tanto. Pero este discurso que posiciona a los niños como agentes capaces de superar todas las adversidades es muy peligroso en la medida que genera una invisibilización de las consecuencias negativas que los desplazamientos forzados pueden tener en la niñez. Las siguientes líneas son una invitación a pensar sobre las implicancias que tiene el desplazamiento forzado en la niñez en las distintas etapas del recorrido migratorio; comenzando por la salida del país de origen, el viaje y el establecimiento en el destino final. Sobre este último punto, se hace una pequeña aproximación a los riesgos que enfrenta la niñez venezolana en el Perú.

      El recorrido migratorio de la niñez

      La primera etapa de todo viaje, incluso antes de la salida, es la planificación. En el caso particular de los niños refugiados, no hay una organización del viaje por la propia condición del refugio; huyen del país porque sus vidas corren peligro. Sin embargo, los niños no necesariamente conocen las circunstancias reales que los llevaron a dejar a sus casas, sus amigos y su escuela. Esta omisión por parte de los padres que puede parecer insignificante- no van a entender lo que sucede- puede tener impactos sustantivos en sus etapas de crecimiento[3], ya que el desconocimiento de la situación puede llevar a experimentar frustraciones y somatizar la ansiedad, además de generar secuelas que pueden manifestarse a través de insomnio y pesadillas.

      Los niños comienzan esta travesía con las pocas cosas que lograron reunir y muchas preguntas que no obtienen respuestas. Durante el tránsito, comienzan a experimentar la pérdida de su entorno; familiares, amigos, lugares, objetos conocidos. Además, teniendo en cuenta que estamos ante de un desplazamiento forzado, es probable que atraviesen circunstancias complejas, como la falta de alojamiento y alimentación, y presencien situaciones traumáticas; desde persecuciones hasta violencia generalizada- no se van a acordar-. Esto resulta especialmente problemático en la medida que la niñez es una etapa que requiere de determinadas rutinas y sistemas de apoyo para un adecuado desarrollo. La falta de estas estructuras, por ejemplo, puede suponer un serio problema en la construcción de su identidad, la cual está todavía en desarrollo[4].

      Tras días, semanas o meses, finalmente llegan a su lugar de destino. El proceso de establecimiento puede ser muy estresante – no les afecta tanto-,y suponer un proceso de maduración acelerado, pues en estos contextos es muy común que los niños asuman roles adultos, los cuales pueden ir desde el cuidado de los hermanos menores y ocupar tareas del hogar, hasta responsabilidades con la economía de la familia (o más claro, trabajo infantil). Estos nuevos roles imposibilitan a los niños a desempeñarse en los espacios que deberían estar ocupando como la escuela; se estima que los refugiados tienen cinco veces más probabilidades de estar fuera del sistema educativo que el promedio global[5].

      El proceso de crianza y desarrollo de los niños se ve fuertemente impactado por el fenómeno de movilidad humana, y más aún cuando es forzado. Es así como, en medio de este contexto, la incertidumbre sobre el futuro familiar, la pérdida de referentes familiares, la inestabilidad económica, las dificultades para acceder a la educación y la carga emocional que recae sobre los niños son algunos de los factores que les arrebatan a los niños el derecho de ejercerse como tal; el derecho a ser niños.

        Conclusiones

        En el contexto peruano, el caso emblemático de desplazamiento forzado es de las personas de nacionalidad venezolana, pues Perú es el segundo receptor de personas venezolanas en el mundo, con 1.286.000 venezolanos viviendo en el país, de las cuales más de 530.000 son solicitantes de asilo[6]. Actualmente se estima que más de 600 venezolanos entran diariamente al país, donde 1 de cada 4 son niños[7]. Las dificultades que atraviesan los niños no se agotan en el viaje migratorio, muy por el contrario, se pueden evidenciar en su establecimiento en el país. Según estudios realizados respecto a la protección de la niñez venezolana en el país, más de la mitad de los líderes y activistas comunitarios reportaron conocer un caso de violencia contra niños en sus comunidades. Esta violencia puede adoptar muchas formas; psicológica y emocional, física y hasta violaciones sexuales. Sin embargo, al ser encuestados sobre las medidas adoptadas en respuesta a estos casos, menos de la mitad afirmaron que las autoridades recibían las denuncias y sólo 1 de cada 4 pedía ayuda a los servicios de salud mental[8].

        La niñez es una etapa esencial en el desarrollo de una persona, y por tanto resulta fundamental garantizar el derecho de los niños a seguir siendo niños. Para esto se requiere generar y orientar programas para la protección de la infancia que construyan redes de protección capaces de prevenir y responder a las situaciones de riesgo emergentes. Es momento de replantearnos las políticas de la infancia y pensarlas como un tema de prioridad que nos ocupa a todos como sociedad, sin distinción de nacionalidad.


        [1] ACNUR (2022): Tendencias Globales: Desplazamiento Forzado

        [2] La definición de Refugiado se establece en la “Convención Sobre El Estatuto De Los Refugiados (1951)” y se desarrolla a nivel regional en la “Declaración de Cartagena (1984)”

        [3] Becerra, Margarita Becerra & Altimir, Laura (2010): El derecho a la salud de los niños y niñas

        migrantes y refugiados, contextos y especificidad en salud mental.

        [4] Díaz Rodríguez, Mercedes (2017); Menores refugiados: impacto psicológico y salud mental, Apuntes de Psicología 2017, Vol. 35, número 2, págs. 83-91.

        [5] ACNUR (2016): La Educación de los Refugiados está en Crisis

        [6] Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela R4V (2022): Plan de Respuesta a Refugiados y Migrantes (RMRP)

        [7] OIM (2022): Monitoreo de Flujo de Población Venezolana Reporte 17, Julio – Agosto

        [8] Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela R4V (2022): Análisis de Necesidades de Refugiados y Migrantes

        Sobre el autor o autora

        Valeria Arón Said
        Politóloga por la Pontificia Universidad Catolica del Peru.

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