Periodismo de telescopio

Escrito por , Revista Ideele N°230. Junio 2013

Karl Laske fue la piedra en el zapato del expresidente de Francia Nicolás Sarkozy. Juan Carlos Calderón es constantemente acosado por el presidente ecuatoriano Rafael Correa debido a sus investigaciones sobre corrupción. Catia Seabra es la responsable de la caída de Palocci Filho, jefe de Gobierno de Brasil. Graciela Mochkofsky es una de las periodistas que más ha investigado la relación entre prensa y poder en Argentina.

Hace unos días coincidieron todos ellos en Lima. Cada uno tiene un proyecto distinto que conjuga lo más clásico del periodismo, la rigurosidad y la búsqueda de la verdad, con formas alternativas de presentar la información.

El oficio periodístico clásico enfrenta hoy día grandes desafíos, por no decir grandes problemas: desde la subsistencia hasta la identidad. Su mantenimiento se vio seriamente amenazado con la masificación de la Internet y agravado con la crisis mundial. Y su identidad, confundida entre los nuevos géneros y maneras de informar.

Cada día menos personas postulan a las escuelas de periodismo, cada día se cierran más salas de periodismo de investigación en las redacciones, cada día desaparecen más diarios y revistas impresos. Pero cada día, también, se lo necesita más.

La sociedad requiere de periodismo, pero no de cualquiera, sino de uno independiente y veraz, características que no necesariamente priman en las grandes marcas de la redacción global.

Cada uno de estos periodistas carga una mochila de historias para contar, que en resumen demuestra que el buen periodismo incomoda al poder en todos lados, tanto a los regímenes autocráticos como a las más preciadas democracias. Una razón de peso para persistir.

I. Karl Laske: “La independencia de los medios es un desafío democrático”
Durante más de 15 años trabajó en el famoso diario de izquierda Libération, donde destapó varios casos de corrupción, uno de sus temas de investigación recurrentes, junto al del tráfico de armas. Hoy labora en Mediapart, el diario digital del que es uno de los fundadores, y que está causando más de un dolor de cabeza a la clase empresarial y política francesa.
–En Libération, que era considerado “el medio” de la izquierda, hiciste importantes destapes. ¿Saliste cuando cambiaron los inversionistas y entró Rothschild?
–Durante 17 años fui reportero de ese diario y pude descubrir varios casos de corrupción: los sobornos del grupo petrolero Elf, las ventas de armas a Taiwán, el tráfico de influencias y la corrupción en los municipios de la región parisina, y el financiamiento ilegal de tres partidos de derecha y dos de izquierda. Después, cuando entró Rothschild al diario, nos quiso limitar en una serie de derechos adquiridos, y poco a poco comenzó a ejercer presión directa sobre nuestras publicaciones. Para mantener mi independencia fue necesario renunciar y crear un medio digital que no estuviera al servicio de los poderes.
–¿La investigación que ustedes publicaron en Mediapart sobre los escándalos financieros en los que están involucrados el consejero y amigo del ex presidente Sarkozy, Thierry Gaubert, y un traficante de armas franco-libanés, lo toca a él?
–Lo que hemos comprobado con documentos es que Sarkozy estaba detrás de todo.
–¿Qué descubrieron?
–Que el origen de los fondos de su campaña dio pie al escándalo Bettencourt. Se descubrió que éstos venían de una red ilícita de financiamiento que implicaba al imperio L’Oreal. Liliane Bettencourt es una millonaria de más de 80 años, la mujer más rica de Francia. Parte de su fortuna viene de los productos L’Oreal. Los cargos contra Sarkozy fueron por abuso de confianza y estafa en perjuicio de la millonaria. Finalmente, los jueces libraron al expresidente por falta de pruebas.
–Siempre se trata de inmensas sumas de dinero que por lo común terminan en paraísos fiscales. Para un periodista de investigación debe de ser muy difícil romper ese cascarón que protege la corrupción.
–Sí, es muy complicado. Desde hace 20 años encontramos sociedades domiciliadas en paraísos fiscales. Ya en los años 90 del siglo pasado, los jueces descubrieron que la mayoría de partidos franceses habían formado sociedades en Panamá, gestionadas desde Ginebra. También lo hacían los grupos económicos como el petrolero Elf. Por ejemplo, el exministro de Hacienda Jérome Cahuzac, al que se le descubrió una cuenta en Suiza, había abierto otras en Singapur para esconder el dinero. En otra investigación reciente sobre las sociedades off shore se ha descubierto que la persona que administró los fondos de la campaña de Hollande tiene unas cuentas en Panamá que maneja a través de una sociedad.
–En Francia, la derecha y la izquierda se turnan en el poder. ¿Hay diferencias entre ellos cuando se trata de corrupción?
–Justamente, nuestra última investigación tuvo como resultado el descubrimiento de una antigua cuenta suiza del exministro Cahuzac, quien tuvo de renunciar en marzo pasado por este motivo. Ha sido acusado de blanqueo de dinero y de cobrar dinero a la industria farmacéutica cuando ejercía como médico. Éste ha sido un duro golpe al Gobierno socialista de Hollande. También estamos trabajando sobre otros 15 casos de corrupción de varios ministros.
–¿El que Cahuzac renunciara inmediatamente tiene que ver con una actitud más tajante de los socialistas ante la corrupción, o es una medida para evitar más escándalos?
–Hay diferencias en torno a ciertos principios y ciertos objetivos de transparencia entre la izquierda y la derecha. Pero, por ejemplo, ninguno de los diputados, sea cual fuere su posición política, quiere que su patrimonio sea publicado.
–En lo que concierne a la situación del periodismo en Francia, en el año 2010 se dictó una ley que protege a las fuentes a las que recurren los periodistas de investigación. Ése es un avance importante…
–Quiero decir que, a pesar de todo, el contexto francés es completamente diferente del peruano. Hay menos violaciones de derechos y, en el caso de la prensa, la ley del 2010 es como una especie de proclama: se reconoce la función de las fuentes e impide que se les investigue. Ha sido un avance, porque en la ley anterior ya habíamos logrado que se reconozca el carácter secreto de nuestras fuentes.
Pero tampoco crean que allá todo es mucho más fácil. La Comisión Europea de Derechos del Hombre nos apoya a medias, no con mucha firmeza. Ahora estamos luchando porque queremos lograr inmunidad cuando trabajamos con documentos secretos. Si la Policía nos encuentra con documentos protegidos o clasificados, puede detenernos. Todavía hay contradicciones en esta ley. Por eso estamos en un combate jurídico y político.
–En el año 2008, un grupo de periodistas funda Mediapart, el diario digital donde tú trabajas.
–Era una necesidad, porque en Francia hay concentración de medios y hostigamiento a los periodistas independientes. El equipo salió de los medios tradicionales porque éramos conscientes de la dificultad de investigar en esos diarios. Por eso pensamos en la creación de un medio diferente, digital, que nos permitiera suprimir los costos de la impresión y difusión. Para nosotros la independencia de los medios es un desafío democrático.
–Ustedes cobran a sus suscriptores.
–Sí, y nos va muy bien. El equipo lo conformamos 50 personas, de las cuales somos 30 periodistas dedicados a la investigación. Vivimos del aporte de nuestros lectores. Cobramos una suscripción de 9 euros al mes y tenemos 80 mil lectores. Hemos construido un medio sin publicidad. Es una innovación y un éxito desde el punto de vista económico: tenemos utilidades de 700 mil euros al año.
–En el Perú una propuesta como ésa podría llevar a que se restrinja la información a una élite cultivada y con capacidad adquisitiva que esté dispuesta a pagar por ella.
–No, porque es un diario que compras al igual que tu diario impreso. Tenemos que cubrir los costos; lo que nos ahorramos es el costo del papel, de la impresión y la distribución. Además, la misma información se difunde por otros medios como la televisión, e igual va a llegar a todos.
II. Entrevista con Juan Carlos Calderón: “En Ecuador tenemos que dar cuenta de lo que publicamos”
Actualmente es director de la revista Vanguardia. Este medio ha revelado fuertes denuncias de corrupción que involucran a funcionarios del presidente Rafael Correa, y por ello es atacado constantemente por el Gobierno. En dos oportunidades, fuerzas de élite de la Policía han irrumpido en la redacción de la revista y se han llevado los servidores y los equipos. Actualmente sufre un acoso empresarial por el boicot de los anunciantes que no quieren enemistarse con el Gobierno.
–¿La realidad para la prensa en Ecuador es tan dura como se pinta por acá?
–El Gobierno ha logrado posicionar una imagen negativa del periodismo no oficialista. Considera que los medios son un bien público y que, por tanto, deben estar controlados y regulados. Ha creado una leyenda negra en torno a la prensa: la acusa de mercantilista argumentando que los dueños de los periódicos son los que controlan los contenidos, y eso hace que haya constantes ataques al relato y al análisis de los hechos. Correa ha entrado a disputar este espacio y tiene su propia interpretación.
–¿Con cuántos medios cuenta?
–Tiene un “ejército” de unos 20 medios. Controla casi todos los canales de televisión. Es legítimo que cada uno tenga su interpretación de los hechos, pero lo que no se debe hacer es negar o destruir las otras versiones. A esto se suma que te judicializan, te criminalizan y te acosan. Por ejemplo, está el caso de Martín Pallares. Él es un periodista que escribía una columna en El Comercio donde era muy crítico del Gobierno. El Presidente salió en cadena nacional y no solo contraargumentó, sino que también lo insultó y dijo que era un enfermo mental. Correa incita a la violencia, y ya ha habido varios casos de gente que quiere agredir en la calle a los periodistas.
–Volviendo a la posición de Correa sobre los medios, él ‘se monta’ sobre una realidad en América Latina: no podemos negar que los dueños de los medios siempre han estado ligados al poder y es común que utilicen la información de acuerdo con sus conveniencias. ¿Qué es lo diferente en este caso?
–Es que se intenta acallar la voz de los periodistas, no solo la de los dueños. Se ataca a la persona para destruirla. El propio Presidente se encarga de hacer un acto de escarnio público. Martín Pallares no se metía con la vida personal de Correa: él criticaba los asuntos públicos.

–¿Así fue desde el comienzo del régimen?

–Casi. Correa fue el mimado de los medios cuando fue candidato. Yo me adscribí a ese proceso; toda la izquierda lo hizo. Yo voté tres veces por él en las siete elecciones de diverso tipo que hemos tenido. Él representaba una corriente histórica en un país que había pasado por procesos muy graves de inestabilidad. Era el candidato ideal, con mucho carisma y simpatía. Nunca había sido un militante de izquierda; más bien estaba vinculado a los sectores de derecha, pero se convirtió en el candidato de la izquierda. Fue promovido por un colectivo de movimientos sociales e indígenas porque asumió ciertas posiciones antiimperialistas: anunció la expulsión del Fondo Monetario y del Banco Mundial, prometió una Asamblea Constituyente y cumplió los dos primeros años. Se logró la unidad de la izquierda y por primera vez se ganó una elección. Después vino una segunda etapa, la del correísmo, en la que rompió con los líderes de izquierda.

–¿En esa etapa también le declaró la guerra a la prensa?

–En ese momento Correa declaró que su objetivo era luchar contra los medios y el poder mediático. Yo estaba trabajando en el diario Expreso y publicábamos temas de investigación. Allí sacamos lo de las empresas vinculadas al hermano del Presidente. Su reacción fue no aceptar que ese caso de corrupción tan grave se hubiera producido en su Gobierno. Y fue cuando dijo: “Me atacan porque soy de izquierda”.

–‘Chocar’ con el poder trae consecuencias, incluso judiciales. ¿Hay muchas demandas contra periodistas?

–En el país, la denuncia del poder termina convirtiéndose en un hecho político en sí mismo. Y como los periodistas somos políticos de clóset, trabajamos para que eso suceda. Los actores políticos y los corruptos que tienen el poder financiero se dieron cuenta de que debían atemorizar a la prensa. Se inició una política de judicialización. A esto se unió la demanda contra el diario El Universo. Su director, Ramiro Palacios, está exiliado ahora en Miami. Correa lo demandó por 80 millones de dólares y obtuvo una sentencia favorable por 40 millones.

–¿Todo esto se tradujo en que se bajó el tono y el volumen de las denuncias?

–En general, hay mucho temor. Por ejemplo, ya no se están publicando libros de investigación. El Universo ha bajado el tono, y los otros medios dejaron de hacer investigación y han disuelto sus unidades para no tener problemas. Ecuavisadespidió a su jefe de Informaciones porque publicó una nota sobre el ascenso irregular de tres militares. El Presidente amenazó a la televisora con demandarla si no pedía disculpas al Ejército y al país, y así lo hizo. Luego les perdonó el pago establecido en la sentencia, no sin antes declarar que podía meter presos a los dueños del circo y a los payasos, o sea, a los periodistas.

¿Y en el caso de 
Vanguardia, la revista que diriges?
–En nuestro caso es probable que Vanguardia desaparezca en seis meses por asfixia económica. Lo que sucede es que el acoso no es solo judicial. Las agencias de publicidad que tienen al Gobierno como su cliente más grande insinúan a sus anunciantes que no sería bueno que se les vincule con una revista como ésta.

–Ha habido corrupción en el entorno muy cercano de Correa: el primo, el hermano. Tú has escrito el libro 
El gran hermano.

–Sí, el 2009, cuando dirigía la Unidad de Investigación del diario Expreso, que era un machete, llegamos a descubrir los contratos que gente vinculada al hermano mayor del Presidente, Fabricio Correa, firmó con el Estado los dos primeros años: 160 millones de dólares por contratos con seis entidades públicas. Después una veeduría descubrió que la cifra llegaba a los 300 millones de dólares. Se armó un escándalo, Fabricio se convirtió en presidenciable y nosotros publicamos el libro El gran hermano. La reacción del Presidente fue la de defender a su hermano, pero al mes cambió la situación, porque la opinión pública se le fue encima y ya no pudo seguir defendiéndolo. Entonces resolvió quitarle los contratos. Fabricio acusó al Gobierno de corrupción y casi se convierte en el líder de la oposición.

–El último caso que investigó la revista 
Vanguardia fue el de un argentino que fue la pantalla de un escándalo de corrupción. ¿Se logró influir en la opinión pública?

–Se trató de un escándalo enorme que fue revelado por la revista y replicado por muchos de los medios en Ecuador. Se convirtió en un tema de tapa durante tres o cuatro meses. Cuando sacamos el caso Dusac, la amenaza fue la demanda. Cuando la comisión del Congreso donde había mayoría oficialista archivó el caso, la única recomendación que dieron fue que se investigara a los periodistas y a sus fuentes.

–En concreto, ¿qué descubrieron?

–Investigamos desde agosto del 2012 hasta antes de las elecciones de febrero de este año. Se trata de un argentino, Gastón Dusac, que llegó a Ecuador, pidió un préstamo de 800 mil dólares, se lo dieron en 24 horas por influencias de funcionarios del Gobierno, y a los 15 días le transfirieron la plata a Panamá, luego a Nueva York y finalmente a Suiza. Ésta fue la punta del iceberg de un caso que involucró al primo del Presidente de la República. En “la revolución socialista del siglo XXI” participan el hermano, el primo. Este último era un hombre muy poderoso que dirigía el Banco Central y administraba propiedades por un valor de 500 millones de dólares y que fueron incautadas a la banca corrupta que hizo el atraco bancario del año 2000. El préstamo era para acceder a un negocio gigantesco relacionado con la transmisión de datos vía la banca móvil por Internet y que significaba una ganancia de 80 millones de dólares al año.
Un grupo usó a este argentino para ello. Se armó un círculo virtuoso en el que la mayoría de medios empezaron a poner a sus periodistas a trabajar en eso. Nosotros somos una revista pequeña: botamos 16 mil ejemplares a la semana. El diario El Universo de Guayaquil entró al tema y no pasó nada. El impacto se produjo cuando salió en el Canal 4 de Noticias a nivel nacional.

–Después de eso se da una ley de comunicación.

–Sí, Correa llamó a un plebiscito en el que se preguntaba a la gente, entre otras cosas: “¿Está usted de acuerdo con que se apruebe la ley de comunicación para controlar los abusos de la prensa?”. En ese contexto nos demanda porque nosotros entrevistamos a Fabricio y le preguntamos si conocía de los contratos y él dijo que sí. Fuimos enjuiciados por el Presidente por daño moral y nos pidió una indemnización de 10 millones de dólares. Quince días después demanda a El Universo. Después aumentó el precio del papel y puso un impuesto al precio de tapa.

–¿La ley es controlista, pone en peligro la precaria libertad de prensa?

–Considera que la información es un servicio público y que, por lo tanto, debe haber un Ministerio Público y una Superintendencia de Medios, y se debe rendir cuentas al sector público. Ahora en Ecuador los periodistas tenemos que dar cuenta de lo que publicamos. El otro día recibí una llamada de un Consejo de Participación Ciudadana. Me llamó una consejera y me dijo que debía ir a rendir cuentas de lo que publico. Le dije que era al revés, que ella, como funcionaria pública, debía rendir cuentas. Me dijo que eso ya cambió con la reforma de la ley de participación ciudadana que hicieron.

–Queríamos preguntarte sobre política ecuatoriana. ¿Por qué consideras que el proyecto de Correa no es más de izquierda?

–Lo que está construyendo Correa hoy es un capitalismo moderno y de Estado, pero no hace cambios culturales profundos como la ley que permita el matrimonio gay o el aborto, y los pueblos indígenas han sido perseguidos por el Gobierno. Hay movimientos antimineros, por el derecho al agua. No ha cambiado la estructura de la propiedad de la tierra, del uso del agua.

–¿Choques con los grandes grupos económicos?

–Nada. Enfrentamientos ha habido contra los dirigentes sociales y los de izquierda. Hay sentencias por terrorismo. Ni Bin Laden. A una profesora que es dirigente de los educadores le ‘clavaron’ 8 años de prisión por terrorismo, por haber llamado a un colegio a una marcha contra el Gobierno.

–Correa hablaba sobre la defensa de los pueblos indígenas. ¿Qué pasó?

–Cerca de 200 dirigentes indígenas y campesinos tienen acusaciones fiscales de sabotaje y terrorismo por haber protestado por el agua. El único caso medio ambiental en el que han intervenido es el del multimillonario Álvaro Lobo, que es un opositor político, pero es un tema de impuestos. En el país hay 60 grupos económicos que han crecido muchísimo y han sido beneficiados por la inversión estatal. Ha habido un traspaso de la inversión a los grandes grupos.

–¿A las empresas mineras les ha puesto algún tipo de regulación? ¿Hay más impuestos, más recaudación?

–No hay regulación, pero sí una mayor recaudación por impuestos.
III. Graciela Mochkofsky: “Es muy difícil encontrar prensa independiente en Argentina”
Periodista experta en política nacional argentina, ha trabajado en los principales diarios de ese país, hasta que un buen día se cansó de tanta mesura y censura. Se refugió en la escritura —ha escrito seis libros— y ahora ha emprendido una nueva lucha: sacar adelante su propio medio digital.
–No siempre la historia entre los Kirchner y el diario Clarín ha sido de conflicto. ¿Cuánto duraron las buenas relaciones?
–Lo que yo reconstruí para mi libro Pecado original es la historia de Clarín y su relación con el poder político en todos los años de la democracia, desde comienzos de los 80 hasta ahora. Lo que se muestra es que Clarín tuvo una relación de acuerdos y desavenencias con todos los gobiernos. Lo que siempre hizo fue presionar a los gobiernos según los intereses económicos de su grupo, y había obtenido beneficios utilizando el diario, en algunos casos haciendo operaciones extorsivas. En el gobierno de Néstor Kirchner se dio una relación de mucha afinidad: el Presidente llamaba para ofrecer primicias y el diario obtenía beneficios como la aprobación de la fusión de dos empresas de cable que había comprado.
A partir del 2008, ya con Cristina Kirchner como presidenta, hubo una ruptura por razones estratégicas y políticas que empezaron con el conflicto del campo cuando el Gobierno subió las retenciones a la soja y otros granos que dividió a la sociedad en dos.
–¿Ése fue el punto de quiebre?
–Sí, el Grupo Clarín decide alejarse del Gobierno y se produce una gran ruptura, y los Kirchner optan por destruirlo y darle donde más les dolía: empiezan a sacar una serie de leyes para golpearlo económicamente.

–¿Dirías que Cristina tiene un estilo más confrontacional que el que tenía Néstor?

–El consenso general es que él era más negociador y que, aun cuando se enfrentaba abiertamente con grupos o personajes, siempre había una posibilidad de negociación por detrás. Ella ha demostrado ser mucho más intransigente y más combativa en muchas de sus peleas.

–¿La Ley de Medios dada por su Gobierno tiene aspectos positivos?

–Es una ley que se estaba debatiendo en la sociedad, en la Universidad, desde los años 80. La Ley de Radiodifusión que existía había sido dictada en la dictadura; ya le habían hecho 200 cambios y adendas, y había un consenso acerca de que se necesitaba una nueva ley. Sobre eso se ‘montó’ Cristina para usarla como un instrumento para desmembrar al Grupo Clarín y obligarlo a deshacerse de la mayoría de sus canales de cable.

–Actualmente la situación con respecto a los medios está muy polarizada.

–Ahora se dividen entre opositores y oficialistas. Los primeros se llaman “independientes” aunque actúan en oposición política al Gobierno, y los segundos se autodenominan “militantes” porque actúan como órganos de difusión directa de las políticas del Gobierno. Es un muy mal momento para los medios en Argentina. Resulta muy difícil encontrar prensa independiente, equilibrada.

–¿
Página 12?

–Ha quedado de lado del Gobierno y es claramente un diario oficialista. La mayoría de medios había cerrado sus unidades de investigación y ahora las han abierto parcialmente para investigar solo asuntos de corrupción que convienen a la línea de los periódicos. En algunos casos las investigaciones están bien hechas, en otros son burdas; pero en todos son usados por los medios como ataques políticos de oposición. Lo cual no significa que no hay corrupción, como la hubo en las últimas décadas.

–Y este último descubrimiento de la caja fuerte llena de dólares en la casa de los Kirchner, ¿está manipulado o es utilizado políticamente?

–No lo sé, porque yo no lo investigué. Lo que puedo decir es que se ha convertido en un espectáculo: hay una candidata de la oposición que sacó menos del 2% en las últimas elecciones que se ha convertido en un personaje medio payasesco que está utilizando la situación para conseguir rédito. La sociedad argentina ha caído en un cinismo relacionado con la corrupción. Hay un consenso en la sociedad sobre que los políticos roban, y esto ya no sorprende a nadie. En ese sentido, estas investigaciones no aportan nada nuevo al imaginario sobre los políticos.

–Pero Cristina mantiene un fuerte apoyo, a pesar de estas denuncias.

–Bueno, pero en los años 90, que fue el mejor momento del periodismo de investigación y de denuncia, Página 12 descubrió casos escandalosos de corrupción del gobierno de Menem y éste igual logró la reelección casi con el 50%, de modo que una cosa no tiene que ver con la otra. La gente vota a favor si su economía va mejor, en lo que le afecta directamente. Que los políticos roben no define la visión de la gente ni su decisión de voto.

–Hubo un momento en el que la gente se le tiró en contra a Menen.

–Es que hay una circunstancia en la que la sociedad recibe estas denuncias pero no hace nada al respecto. Pero después eso queda en la memoria, y en otro momento, cundo el político pierde el favor popular, le cobran los hechos de corrupción.

–Volviendo a Página 12. Tú iniciaste tu carrera allí. ¿Cómo fue esa experiencia?

–A los 20 años fue el mejor lugar donde pude empezarla. Estuve allí seis años e hice investigaciones de grandes casos de corrupción del menemismo. Esto llevó a que los que entramos desarrolláramos un espíritu crítico y nos convenciéramos de que nuestro papel era revelar lo que estaba oculto. Luego empezamos a descubrir que no era tan fácil. Yo creía que en el transcurso de mi carrera mi lucha iba a ser contra el poder y, finalmente, mi lucha empezó a ser contra los que querían mantener la verdad oculta.

–¿Y cómo pasas a trabajar a 
La Nación, el diario más tradicional del país?

–Es así. Se trata del diario centenario, creado por un expresidente que representaba al stablishment económico y político, pero que tuvo entre 1997 y 2000 una época de apertura muy interesante. En un momento éramos 19 periodistas de Página 12, acostumbrados a ser muy críticos y muy molestosos trabajando en este diario cuyo lema era “sabemos todo, pero no publicamos nada”.
En ese momento hubo un cambio de propiedad: los hijos jóvenes de una accionista tomaron el control del periódico y decidieron que había que parecerse al Washington Post. Entonces lo que hacíamos era tratar de forzar a ese periódico a hacer cosas que iban contra su naturaleza, pero con el apoyo de los dueños. Eso duró hasta el 2001. Yo cubrí Gobierno todos esos años y la pelea era todo el tiempo con los editores. Pero ganamos esa batalla más veces de la que la perdimos.

–Hasta que llegó la gran crisis del 2002.

–Recuerdo que hubo una gran devaluación de la moneda en Argentina; los diarios ganaban en pesos y estaban endeudados en dólares. Creyeron que su supervivencia estaba en juego y empezaron a hacer acuerdos con los presidentes de transición para salvarse, lo cual significaba que no se podía molestar a quienes se les pedía ayuda. Se cerró el equipo de investigación, nos pedían que bajáramos el tono. Fue un momento muy deprimente en mi carrera.

–¿Y cómo hicieron los que siguieron trabajando en los medios? ¿Se reciclaron, se resignaron?

–La gente que quedó en los medios se volcó al cinismo, en muchos casos a la corrupción, o a la depresión, o se refugió en los lugares menos molestos de los periódicos, donde pudieran escribir sobre jazz o algo que les diera una satisfacción personal. Otros pasaron a hacer prensa para empresas o para políticos. Varios nos refugiamos en los libros. En los 90 hubo en Argentina un boom de los libros de investigación: se vendían 100 mil, 200 mil ejemplares, y un grupo de periodistas pudimos vivir bien de eso porque había un mercado fuerte. Ahora todavía sigue siendo un país en el cual hay una audiencia sedienta de buena información y de historias bien contadas.

–Publicaste cinco libros.

–Sí. Me di cuenta de que uno de los temas que más me interesaba era una historia que no estaba contada: la relación entre la prensa y el poder político y económico en los últimos 20 años. También escribí una biografía de Jacobo Timermann, el gran modernizador de la prensa de los años 60 y 70 para contar la historia del periodismo en Argentina.

Sobre el puercoespín.com. Esta revista digital nace en Buenos Aires, pero no tiene una identidad nacional. ¿Es más bien para todo el mundo hispanohablante?
–Con mi marido, Gabriel Pasquini, que es otro colega que también salió del equipo de investigación de La Nación, pensamos que era nuestro deber moral ofrecer algo nuevo y crear nuestro propio medio. Hicimos planes de negocios, buscamos socios y empezamos a averiguar cómo se fundaba un medio pensando en el papel. Pero se requería una gran inversión y aquellos interesados en poner el dinero traían sus propias agendas.

–Los socios capitalistas siempre van a querer que sus demandas o intereses se vean reflejados en el medio que financian.

–Aprendimos que para encontrar un socio había que sacrificar la independencia periodística. Así lo han hecho prácticamente todos los medios: en el Gran Buenos Aires hay 18 periódicos, más de 500 radios, 52 canales entre digitales y abiertos, a pesar de que es uno de los peores momentos de la prensa. Cualquiera pensaría que hay un mercado que sostiene un periodismo muy activo, cuando en realidad el 90% de estos medios no se sostiene por sí mismo, sino por el dinero del Estado o de actores interesados en tener influencia política.

El puercoespín es un producto de esta era digital que permite una posibilidad como ésa.

–Sí, fue la oportunidad de crear un medio sin un peso. Muchos han hecho en formato digital lo mismo que querían hacer en papel, pero nosotros creamos un medio en el que hacemos una selección de lo mejor que vemos en una parte del periodismo mundial al que tenemos acceso: las mejores investigaciones sobre los temas que nos parecen relevantes, elegimos buenos textos y buenos trabajos para una audiencia sedienta de buen periodismo. Seleccionamos historias que van más allá de la noticia diaria, o incluso de la crónica bien escrita pero banal o efímera. Historias en las que un antropólogo o un historiador del futuro podrían encontrar algunas claves sobre nuestra época.
IV. Catia Seabra: “El PT ha tenido una reacción muy violenta contra la prensa”
Es una reportera neta con varios premios en su haber: cubre elecciones, viaja con presidentes y destapa escándalos de pesos pesados. Ha recibido varios premios de periodismo en Brasil. A pesar de haber difundido tantas denuncias relacionadas con importantes personajes, no ha sufrido amenazas, pero sí una que otra intimidación que ella ha parado en seco.
–Trabajas en el periódico más vendido de Brasil, el Folha de Sao Paulo, que tiene un tiraje diario de 300 mil ejemplares, y que es reconocido como un diario independiente, al menos del poder político.
–El diario ha realizado investigaciones en todos los gobiernos. Ha recibido premios por dos investigaciones hechas durante el gobierno de Cardoso: una sobre la compra de votos para garantizar su reelección, y la otra sobre un ‘chuponeo’ telefónico hecho por la Policía Federal al Banco Nacional de Desarrollo Social que da préstamos a empresas privadas. Analizando las conversaciones se descubrió que había favoritismo hacia ciertas empresas. También hemos realizado la serie de reportajes titulada “El patrimonio y las consultorías que derrumbaron al primer ministro de Dilma Rousseff”.

–El problema de la corrupción es grave en Brasil. Collor de Mello fue destituido, y en los gobiernos de 
Lula y Dilma Rousseff se han destapado varios escándalos ligados al Partido de los Trabajadores.

–El PT era muy pequeño; justamente crece luego del escándalo de Collor en 1992, cuando fue destituido del gobierno por el Parlamento, acusado de corrupción. Lula había perdido las elecciones de 1989 contra Collor, y este proceso lo fortaleció a él como candidato y al Partido de los Trabajadores (PT), que logró por primera vez colocar prefectos y ganar fuerza en las capitales.
Después, durante el gobierno de Lula, el PT siempre empuñó la bandera de la limpieza y del combate a la corrupción. Pero, según la Procuraduría General de la República, fue durante ese gobierno, en el 2005, que se produjo el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil: el Mensalao. Se descubrió que el gobierno había sobornado a varios diputados de la oposición entregándoles mensualidades para que apoyaran algunos proyectos presentados por el Ejecutivo. El exprimer ministro y miembro del PT, José Dirceu, fue condenado por corrupción activa y pasiva.

–Tú fuiste una de las que descubrió que el primer ministro de Dilma Rousseff, Antonio Palocci, se
había enriquecido ilícitamente. ¿Cómo fue esa investigación?

–Nació de una fuente que nos dijo que Palocci tenía un departamento muy grande de 3 millones de dólares. Era tan lujoso que el piso de mármol del baño tenía calefacción, de modo que cuando lo pisaba no sentía frío en los pies. Cualquiera que ocupa un cargo público debe presentar una declaración de bienes al iniciar su gestión. Luego, al final de ella, se hace una comparación para ver si se ha enriquecido. Cuando era diputado, Palocci declaró que tenía muy pocos bienes; cuatro años después había multiplicado 20 veces su patrimonio.

–¿Cuál fue la primera reacción de 
Lula cuando saltaron los escándalos?

–Culpó a la prensa. Dijo que estaba comprometida con la derecha.

–Basándote en las investigaciones que has hecho sobre la corrupción, ¿crees que éstas podrían llegar hasta 
Lula?

–Solo puedo decir que son personas muy cercanas a él. En este momento en Brasil hay una investigación en curso que lo involucra. Lula es casado, pero se sabía que tenía una relación íntima con su jefa de Protocolo, y ella está siendo acusada de tráfico de influencias. Igualmente, Dirceu y Palocci son muy cercanos, y José Genoino, que era el presidente del PT, también fue condenado.

–¿Entonces el PT ha optado por proteger a su gente en vez de tener una posición de condena a la corrupción?

–El PT se ha convertido en un partido muy grande, muy orgánico. Cada dos meses hay una reunión del comando del partido, que tiene 31 miembros. Dirceu y Genoino son integrantes de esa cúpula. En una de esas reuniones, este último leyó una carta de su hija en la que culpaba a los medios. Empezaron una campaña muy fuerte contra la prensa, contra el Ministerio Público y el Poder Judicial. Genoino fue víctima de tortura durante la dictadura y dice que ahora también la prensa lo tortura. Ambos, él y Dirceu, son considerados mártires por el PT; incluso, antes de la condena fueron homenajeados con una ‘churrascada’.

¿Este encubrimiento comenzó cuando llegaron al gobierno, o ya antes había dado señales peligrosas?

–En el gobierno de Cardoso se dio una Ley de Responsabilidad Fiscal para regular sus gastos. Esto implica que cada año las cuentas deben quedar cerradas para que el mandatario entregue el país saneado económicamente a su sucesor. Pero el PT no votó en el Congreso a favor de esta Ley. Y desde el reportaje sobre Falocci, que terminó con la dimisión de otros 8 ministros, el PT ha tenido una reacción muy violenta contra la prensa y ha redactado un documento pidiendo su control.

–Por las noticias que nos llegan, pareciera que Dilma ha actuado de manera más firme ante los actos de corrupción. Cuando se destapa un escándalo, ella saca al Ministro inmediatamente. En cambio, 
Lula parece que fue más permisivo.

–Es que la situación es diferente, porque Dilma cuenta con una base parlamentaria mucho más amplia y tiene varios aliados en el Parlamento. Tiene el apoyo del Partido del Movimiento Democrático Brasilero, algo que Lula no tenía. Por eso para ella es más fácil sacar a un Ministro acusado de corrupción. Ahora: es cierto que cuando los miembros del PT involucrados fueron acusados por el Supremo Tribunal Federal, el mismo Lula hizo movidas para que no los condenaran.

–En otros países de la región se han dado algunas leyes que pueden restringir el trabajo de investigación de los periodistas. A pesar de las intenciones que tiene el PT, según has señalado, parece que en Brasil es más difícil lograrlo.

–No es como parece. Existen dos proyectos de ley para la prohibición de la actuación de los fiscales y otro contra la de los jueces. Ambos pretenden reducir el poder de la Corte Suprema. El más peligro es el primero. El proyecto plantea que se puede encarcelar a los fiscales que divulguen el contenido de alguna investigación, y también les prohíbe que participen en las investigaciones policiales.

–¿Cuál ha sido la gran transformación de 
Lula en Brasil, un presidente que salió de un partido de izquierda que era claramente antiliberal, pero que cuando llegó al poder mantuvo la misma política económica que Cardoso?

–El gobierno hizo una distribución de la riqueza a través del aumento del salario mínimo, y esta medida incrementó la capacidad adquisitiva de la población. Hubo aciertos y errores. Palocci, el ministro de Economía de Lula, fue el nexo con el empresariado, y hasta hoy lo es. Cuando salió la denuncia contra él, los empresarios presionaron a los periódicos y revistas para taparla. Desde el comienzo se sabía hacia dónde iban: un día antes de su triunfo, Lula se reunió con los empresarios en un hotel y les aseguró que no habría cambios radicales en la economía.

–¿Qué dicen ahora movimientos como el de los “Sin Tierra” de los que el PT era abanderado?

–Hacen mucho menos ruido. Todavía se escuchan por ahí algunas críticas, porque el Gobierno cambió al Comando del ministerio encargado de la Reforma Agraria, que estaba a la izquierda del PT. La situación ahora es menos favorable para los “Sin Tierra”,incluso comparándola con el gobierno anterior. Dicen que el gobierno de Cardoso hacía expropiaciones y daba tierras; en cambio hoy les dan mejores condiciones a los hacendados. Tendría que visitar esas regiones para saber si es verdad.

–¿Cuál es el punto de convergencia entre el modelo chavista y el Gobierno del PT?

–Existe simpatía. Dentro del PT hay corrientes distintas, unas más hacia la izquierda. Un núcleo es muy cercano a Chávez. Aunque ahora esas corrientes son minoritarias y les han dado cargos en instituciones públicas como para neutralizarlas. En el primer gobierno de Lula hubo una lucha interna que terminó con la expulsión de parlamentarios.

–Tú fuiste la primera que sacó, en Brasil, la información sobre el papel de Favre en la campaña de Humala.

–El mérito de Favre ha sido trasladar al Perú el modelo de campaña de Lula, en la que él participó. Es que en Brasil está más avanzado el márketing electoral y hay expertos en campañas electorales. Por ejemplo, en Venezuela estuvo Joao Santana, el publicista de Dilma, que dirigió la campaña de Chávez y después la de Maduro. Favre participó también en dos campañas de Marta Suplicy. Para nosotros, él es conocido como el exesposo de Marta, que hoy es la Ministra de Cultura. En el tiempo que fue alcaldesa de Sao Paulo estuvo casada con él.

–Acá en el Perú existe una gran admiración hacia 
Lula.

–Sí, lo sé. Pero es que para mí también continúa siendo un personaje importantísimo. Su elección fue emblemática. Es un símbolo de lucha, de democratización del país.
–Personalmente, ¿te ha desilusionado?
–Sí.

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