I. Una empresa fuera de lugar

Miembros del Frente de Defensa Ecológico de Chilca

Escrito por , Revista Ideele N°229. Mayo 2013

En un mundo tan diverso como éste, son válidas todas las interpretaciones, pero en Chilca las consecuencias de las miradas distintas pueden ser letales. A la empresa Fénix Power no se le ocurrió mejor lugar para establecer su central termoeléctrica que a orillas del mar. Donde hubo un concurrido balneario ahora se yergue una gigantesca planta de gas. La primera infracción de la empresa es contra los ojos.

Pero Fénix Power no solo atenta contra la belleza paisajística: su establecimiento en Chilca tiene una serie de cuestionamientos que una parte importante de sus pobladores no se cansa de advertir.

La relación entre Chilca y el gas se remonta a ocho años atrás. A partir del 2005, el gobierno ha venido otorgando una serie de autorizaciones de estudios, concesiones y certificaciones ambientales a diversas  empresas para la construcción de termoeléctricas en Chilca, algunas de ellas con ínfimos patrimonios, ninguna experiencia en generación de energía termoeléctrica y serias limitaciones técnicas para cumplir con los términos de las concesiones. Algunas licencias fueron canceladas; otras no.

Cruzando la Panamericana Sur, vía que divide Chilca, funcionan cuatro termoeléctricas (Kallpa, Edelsur, Termochilca y Las Flores). Todas ellas se instalaron en un territorio que no les correspondía, ya que la zonificación es para uso agrícola y no industrial.
El caso de Fénix Power es el más alevoso. Ellos decidieron cruzar la carretera y colocarse a la vera del mar y a unos pasos de las lagunas medicinales. Según la zonificación municipal, ese territorio está destinado para uso  turístico, asunto que no parece ser la especialidad de la empresa. A no ser que los dueños de Fénix Power puedan demostrar el propósito recreacional de la amalgama de tubos de gas.

“Esta zona se considera reserva natural y es intangible. No es posible que junto a estas lagunas se ubique un megaproyecto de industria pesada como Fénix Power”, señala Milagros Mimbella.

Milagros es presidenta del Frente de Defensa del Patrimonio Cultural Ecológico y de las playas del distrito de Chilca. Ella ha recorrido todas las entidades del Estado que tienen que ver con temas ambientales denunciando lo que considera una agresión contra su medio de vida, pero no la han escuchado.

A pesar de sus quejas, los pobladores se han resignado a convivir con las termoeléctricas del otro lado de la carretera, pero no están dispuestos a tolerar la planta que ha originado el cierre de la playa Yaya este último verano.

De acuerdo con las normas vigentes, una planta de gas como la que construye Fénix Power debe instalarse en un área en la cual no habite gente en un kilómetro a la redonda. Sin embargo, a pocos metros de la edificación, en la playa Yaya están las casas y los negocios.

La Municipalidad de Cañete se opuso desde el inicio al funcionamiento del proyecto en la playa, porque atentaba contra la zonificación. Desde el año 1995 está vigente una ordenanza de zonificación emitida por la Municipalidad  de Cañete. A pesar de ello, la Municipalidad Distrital les dio  el permiso. Javier Alvarado, el entonces alcalde provincial de Cañete, se plantó y fueron a litigio. Ahora que vemos la planta de gas viva y coleteando, sabemos que ni la ley, ni la razón ni el sentido común pudieron imponerse. (Actualmente el ex alcalde de Cañete es Presidente Regional y ya no habla del tema.)

Las razones de la buena disposición de la municipalidad distrital para cambiar la zonificación de la playa puede estar en el convenio que realizó con la Empresa EG Chilca (a quien Fenix Power le tomó la posta del mismo proyecto) mediante el cual la empresa le dio 400,000 soles a la municipalidad para que realice una serie de obras de infraestructura, a cuenta de sus futuras obligaciones tributarias. ¿Se debe aceptar este tipo de “adelantos” a una empresa a la cual se pretende fiscalizar?

Pero no solo es responsabilidad de las autoridades locales. Las empresas de gas encontraron a un Estado con las puertas abiertas de par en par. No debe dejarse de lado que la empresa EG Chilca fue el tercer financista de la campaña municipal de Perú Posible en el año 2006.

Chacras (muy) hundidas
La zonificación territorial no es lo único que vulnera Fénix Power. Chilca es un lugar de una riqueza histórica singular: ¿A alguien le suena familiar el hombre de Chilca? A los arqueólogos sí; y bastante. El primer agricultor peruano y de toda América del Sur que tiene registrada la historia fue chilcano, con una antigüedad de 4.000 años a.C. Los primeros chilcanos desarrollaron una tecnología que aún hoy causa admiración y forma parte del patrimonio nacional. ¿Cómo pudo florecer en una zona desértica una pujante agricultura?

“Históricamente hay una tecnología agrícola que se desarrolló en la zona y que se usó en las chacras hundidas. Viendo que no hay lluvias en la costa, y dado que por el río Chilca no viene agua sino una vez cada siete u ocho años, lo que hicieron fue extraer capas de la arena que cubre el suelo, hasta llegar al subsuelo. Cuando se está ya muy cerca de la napa freática, el agua tiende a subir por el calor del sol durante el día. Al subir humedece el suelo, de manera que se puede sembrar en ese terreno y las raíces se nutren de esa humedad. No hay ningún cronista que deje de mencionar lo asombrosas que eran las chacras de Chilca, en las que se producía una gran cantidad de maíz. Obviamente, estamos hablando de tiempos en los que no había pozos de los que se extrae el agua de manera mecánica”, explica el arqueólogo Manuel Aguirre.

En virtud de ello, Chacras Hundidas fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en septiembre del año 2000. Doce años después, tuberías de gas atraviesan el largo y ancho patrimonio peruano.

La legislación sobre patrimonio cultural exige que para hacer una obra de esas proporciones se requiere de un certificado de inexistencia de restos arqueológicos (CIRA).

¿Cómo hizo la empresa? Por partes y con astucia, según señala Manuel Aguirre, quien además de ser un especialista en la cultura Chilca, ha vivido diez años en el pueblo:

“La trampa consiste en lo siguiente: si yo presento un proyecto de evaluación arqueológica para obtener un CIRA, lo tengo que presentar integralmente. Es decir, no solamente señalo dónde sería instalada la planta, sino todas las obras conexas: los caminos de acceso hacia la planta, por dónde van a estar instaladas las torres que van a evacuar la energía y por dónde voy a traer el gas”.

¿Qué hizo Fénix Power? Contrató solo un solo arqueólogo para hacer el proyecto de evaluación arqueológica de la zona de la planta. Como es una zona de playa y casi no hay restos, encontraron algunos conchales y desechos de marisqueo de pesca. “Y después, cuando pretenden concluir la obra, presentan un proyecto complementario para los accesos y excavan sobre toda la zona por donde va a venir el ducto. Esa franja por donde han hecho la excavación ha cruzado toda la zona intangible y la ha partido”, remarca Aguirre.

El arqueólogo también se refiere a que la ley faculta al ministerio a que otorgue un permiso para hacer una arqueología de rescate, si es que se trata de una obra de interés nacional. Ese rescate debe ser financiado por la empresa y realizado por arqueólogos profesionales. Pero para ello tiene que haberse terminado de levantar la evidencia arqueológica. Aguirre manifiesta: “Lo han realizado solo en el ancho del ducto y no han tomado en cuenta que hay un camino de servidumbre al costado que también ha sido afectado”.

El prodigio de las chacras hundidas consiste en convertir un terreno árido en frondoso. Chilca es un desierto, la carencia de agua es una condena que marca su historia. Las enfermedades estomacales que padecen sus habitantes son producto de esta escasez. En los centros poblados el agua llega dos horas al día; cuando llega. El pueblo depende de los camiones cisternas que los proveen de agua cara y muchas veces insalubre. Desde hace años, la Autoridad Nacional del Agua ha prohibido la construcción de pozos, una de las principales formas que tenían los agricultores de mitigar esta carencia y realizar su actividad productiva.

Sin embargo, otra parece ser la política con las empresas gasíferas. Kallpa cuenta con autorización para tener dos pozos de agua. Lo extraño del asunto es que una de las autorizaciones es para uso agrícola, actividad que no realiza.

Un cuestionado EIA

Dicen que todo lo que mal empieza, mal acaba. Ésta no parece ser la suerte de Fénix Power. Empezó pésimo, pero si el Estado sigue sin atender las demandas de los chilcanos, todo hace indicar que acabará muy bien.

El proyecto de Fénix Power se inició con un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) trucho, que ni siquiera fue realizado por ellos sino por la empresa EG Chilca, la antecesora de Fénix Power. Esta empresa presentó al Ministerio de Energía y Minas un EIA que les fue devuelto con más de 90 observaciones. La más escandalosa era que el Estudio presentado correspondía a un proyecto minero que nada tenía que ver con la extracción de gas. ¡Replop!

(En uno de sus talleres informativos, la empresa repartió el EIA a varios pobladores. Éstos se sorprendieron al ver un documento con correcciones. En las “marcas” aparecía tachado el nombre de Pampas de Cobre y sobrescrito el de EG Chilca.)

El MINEM también se dio cuenta del gazapo y observó: “En general se ha encontrado que el EIA es la modificación de un EIA de actividad minera, principalmente en los capítulos del marco legal y plan de manejo ambiental (están orientados a la minería), lo que hace notar la poca seriedad con que se ha elaborado el EIA en mención”. Al parecer, en este caso lo cortés les quitó lo valiente, pues, a pesar de esta burla, el EIA fue aprobado y es actualmente usado por Fénix Power.

No fue la única observación acerca de la legitimidad del documento. También señaló: “De la realización de los talleres informativos y la Audiencia Pública podría concluirse que los profesionales que han participado en la elaboración del EIA no son los mismos que lo han suscrito. Aclarar al respecto”. (EG Chilca lo negó.)

Al final, la empresa EG Chilca tuvo que abandonar el proyecto: al no lograr cumplir con la construcción y funcionamiento de la termoeléctrica, el Gobierno les canceló la licencia. La empresa estadounidense Fénix Power tomó la posta y empezó a trabajar con el mismo EIA de la empresa EG Chilca, es decir, con un Estudio realizado cinco años antes, cuando no existía ninguna termoeléctrica en funcionamiento. En esos cinco años muchas cosas habían cambiado en Chilca, y se necesitaba un nuevo estudio ambiental.

Milagros Mimbella también se queja de que cuando Fénix Power retomó el proyecto de EG Chilca, desconoció los compromisos de sus antecesores, que consistían en hacer pistas, veredas y una serie de mejoras para la comunidad.

Quejidos de sirena (Crónica de una visita a la playa Yaya)

Las condiciones parecen estar pintadas para hacer que el pueblo de Chilca no solo consienta sino que necesite de la termoeléctrica. La escasez de agua no es un problema irresoluble. Es el Estado el que no ha hecho nada por viabilizar el proyecto para hacer el trasvase de agua del río Mala y desviarlo a la cuenca de Chilca. Por eso las promesas de la empresa de desalinizar el agua les suenan muy bien a algunos habitantes de Chilca. Para otros son cantos de sirena.

Pero las mismas sirenas tampoco tendrían mucho espacio en Chilca. Los pescadores se quejan de que la actividad de Fénix Power afecta su medio de vida, y revelan una serie de situaciones que al parecer el EIA no ha detallado.

“En el muelle hay tres dragas. Cuando succionan el agua con arena para que puedan meter sus tubos, jalan el muy-muy, los choros, el lenguado, las rayas, todo el hábitat marino. La ley 26856 de la Marina dice que la playa es de todos, pero desde que está la empresa ya no es así”, señala el pescador Raúl Díaz.

Tiene razón: la playa ya no es de todos, al menos en estos días en que las pesadas máquinas de Fénix Power trabajan imperturbables para poder llegar a la meta. Ellos deben acabar en junio de este año para que no les ocurra lo mismo que a sus colegas de EG Chilca. Lo que antes era un concurrido balneario de aguas largas y frías, preferido por los corredores de olas, ahora es un terreno partido en dos por enormes máquinas excavadoras. Lo que más enerva a los pobladores de Chilca es el embuste: ellos aseguran que la empresa se había comprometido a no trabajar en verano.

Los únicos que asoman por el litoral son los obreros de Fénix Power, refugiados en sus cabinas, desde donde controlan la perforación.

“¿A dónde vamos a ir a pescar? ¿Cómo voy a pasar al otro lado? Han invadido nuestro terreno. Ahora tengo que irme para otro lado o pegarme a la peña. Nosotros nos metíamos por los huecos nadando y poníamos la red. Pero la correntada ha cambiado desde que han puesto unas paredes en el muelle que funciona como rompeolas, y eso hace que cambie la corriente”, agrega el pescador indignado.

La visita guiada que había improvisado Raúl Ruiz fue interrumpida por un grupo de la empresa que venía acompañado por un contingente policial. Algunos vigilantes de la compañía no pudieron ocultar su hostilidad hacia la gente de Chilca que nos acompañaba. Por su parte, ellos ven a la empresa como “alguien que se zampa a tu casa y encima te quiere botar”. Un policía intento ser amable y al despedirse nos dijo: “No solamente cuenten lo malo; de lo bueno también hablen”.

Raúl Ruiz ha pasado casi toda su vida en el mar de Chilca. Es un pescador recio con quien uno se podría pasar horas y horas hablando sobre temas marinos. A pesar de su sencillez, por momentos Ruiz usa un lenguaje técnico y tiene en su cabeza una asombrosa base de datos sobre legislación marítima. Refiere que la autorización que tenía la empresa era para hacer un muelle. Por eso fue multada por la Marina, y ni siquiera regateó. “Es que ahora el delito es negocio”, se queja Ruiz, quien también nos cuenta que muchas veces le ofrecieron plata para callarlo.

Según los técnicos de la empresa, el agua que devolverá al mar la termoeléctrica tendrá dos grados más. Pero Raúl y sus compañeros sospechan que va a regresar mucho más caliente. Sostienen que en una reunión que tuvieron en la empresa, un ingeniero les dijo que iba a subir 7 grados, lo que implicaría una catástrofe ambiental. “Luego el ingeniero se rectificó, dijo que se había tratado de una equivocación y se reafirmó en su proyección de dos grados”, añade Ruiz.

La hidróloga Carlota Pereyra también es suspicaz acerca del impacto que puede tener la labor de la empresa en la vida acuática. Señala que los choques de agua caliente y fría generan turbulencia y, por lo tanto, alteración de la vida marina. Dice que debe realizarse un estudio hidrogeológico para que se determine cómo está el sistema de agua por debajo del subsuelo.

Los pescadores de Chilca y Pucusana ya estaban preocupados porque la ANA, en el 2010, autorizó a ENERSUR a verter al mar de San Pedro de Chilca 420 mil metros cúbicos de agua residuales. Al enfriarse las turbinas, las aguas se llenarán de aceite y salmuera y se botarán calientes al mar. Ellos no conocen el volumen de aguas residuales que Fénix Power botará.

Pero la empresa nunca ha considerado a los pescadores: en las observaciones al EIA que presentó EG Chilca, el Ministerio pregunta cómo afectará el proyecto a la pesca artesanal. La respuesta de la empresa fue que en Salinas no existe pesca artesanal, sino simplemente pesca de subsistencia, que es un complemento de otras actividades económicas que realiza la población. Raúl Ruiz no existe, entonces.

Pero no solo desconocen a los pescadores de Chilca: tampoco se toma en cuenta a los de Pucusana, quienes temen las consecuencias de la actividad gasífera teniendo en cuenta que la corriente va de Sur a Norte.

Es necesario precisar que no podemos hablar de “los pescadores de Chilca” de manera general. La posición de Ruiz no es compartida por todos: están divididos. Un grupo de ellos no pone objeciones a la instalación de la empresa. Según Ruiz, algunos de los que llegaron a un acuerdo económico con Fénix Power no son pescadores, sino que pertenecen al sector de Construcción Civil.

Las promesas de Fénix Power

La empresa ha realizado un intenso trabajo de convencimiento a la población con promesas concretas. La principal: una planta de desalinización y potabilización, que debe proveer 2.000 m3 diarios de agua potable y que será entregada a las autoridades para su distribución en Chilca. Precisan que “no usa ni usará agua de pozos o de las lagunas, sino que operará en ciclo combinado con vapor de agua, para lo cual desalinizará el agua de mar y utilizará gas natural para el proceso de generación de energía”.

En un documento que nos alcanzó la empresa, indican que La planta tendrá una capacidad instalada de 540MW y que su importancia es fundamental para la continuidad del crecimiento económico del país, pues permitirá generar el 10% de energía que el país  consume actualmente. Detallan, también,  un convenio con el SENATI para la capacitación y formación continua de pobladores. En salud, resaltan que de acuerdo con la Red de Salud Chilca-Mala brindan servicios de pediatría para los niños de Chilca y Las Salinas. Además, trabajan con los Centros del Adulto Mayor del distrito para desarrollar clases de Tai-Chi y un proyecto productivo de tejidos. En cuanto al turismo, señalan que han realizado una serie de talleres con los pobladores para implementar el Plan de Desarrollo Turístico que se complementa con la construcción de un malecón en la playa Yaya. (Lo que vimos fue una vereda ancha frente a la mole.)

Los pobladores con los que conversamos no confían en estas promesas o les parecen insuficientes. Para ellos, los recursos con los que cuentan son invalorables, y nada de lo que pueda ofrecerle la empresa se equipara con lo que podría perder su comunidad.

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