Santiago Mitre: “Tenemos necesidad de volver a creer”

Escrito por Revista Ideele N°223. Setiembre 2012

Pertenece a la generación joven del cine argentino. Ha sido coguionista de Carancho y Leonera, dos películas de las grandes. El estudiante es su primera película como director, y ha ganado el premio de la crítica argentina en el BAFICI, y el de la peruana en el Festival de Cine de Lima de este año. El retrato de la Universidad de Buenos Aires y las pugnas estudiantiles en la facultad de Sociales se convierten en un reflejo de la miseria y la grandeza de la política argentina.

Tú no te sitúas en el plan de juez, sino que retratas una circunstancia en la que los personajes actuaron bien o mal. Pero, a la vez, nos parece que hay una mirada desencantada de la política.
–No estuvo pensada como una película de crítica al modo como se hace política. Quizá por el momento en el que me tocó nacer y en el que fui creciendo, cuando uno veía que los políticos se manejaban de tal o cual manera, haya cosas que me han atravesado y me han producido cierto desencanto de la clase dirigente de Argentina. Pero no intento construir la ficción desde ahí, sino planteando personajes que me parezcan reales, que tengan profundidad y que sean ambiguos.

–Son personajes totalmente comprometidos…
–Los veo como personas pasionales y que persiguen objetivos con mucha intensidad. Eso hay que celebrarlo en la juventud, aun cuando estén haciendo cosas equivocadas.

–Una frase se repite varias veces en la película: “Así es la política”. ¿El fin justifica los medios?
–Me parece que la frase no quiere dar a entender eso, sino que hay determinados hechos que no se pueden comprender por fuera de la práctica de la política; lo que intentan hacer los personajes es delimitar un espacio: en ese terreno se juega así y hay que aprender a jugar en él. La práctica de la política está planteada en la película como un juego, no tanto por lo lúdico sino porque tiene determinadas reglas a los que los personajes se deben adecuar.

–¿Y cómo ha sido el proceso de investigación? La película es muy fina al poner determinados nombres que pueden remitir a varios momentos políticos sin ser explícita.
–La película parte de la observación de ese microcosmos que es la política universitaria, que tiene cientos de agrupaciones y un grado de especificidad que la mayoría de gente no conoce. Yo investigué sobre ese ámbito, pero mi intención no era hablar solo de la universidad, sino, a partir de ella, tratar de establecer líneas y relaciones con hechos históricos de la política argentina. Por eso la película parte con un tono muy realista, pero a medida que avanza se va despegando del realismo; entonces me tomo ciertas libertades, como en la escena del plenario, en la que están en un campamento, que es la escena que más me gusta.

–Cuando uno imita el discurso de Perón…
–Sí, en el discurso en la Plaza de Mayo, cuando echa a los Montoneros del lugar. Y después otro personaje hace un discurso histórico de otro presidente que se llamaba Luim, muy integrador, cuando murió Perón, que llamó a la unificación de los distintos sectores. Incluso grabamos varios más: el discurso del Che en la ONU, el del suicidio de Allende. Cuando se dieron esos discursos, la juventud estuvo muy involucrada en la política.

–Sobre Roque, el protagonista. Es un seductor nato y, a la vez, muy hábil haciendo correlaciones y alianzas políticas.
–Tenía facilidad para hacer amigos y un deseo muy fuerte por seducir chicas, y les resultaba atractivo a las mujeres. Imaginé entonces que esa clase de personajes tal vez pueda ser funcional y muy útil en política. Así empecé esta historia en la que me pregunté si era posible que un tipo así hiciera una carrera exitosa en política solo por ser seductor y carismático. Uno mira el recorrido de varios políticos actuales y no ve que sean precisamente brillantes.

–El final, cuando él se niega a formar parte de la nueva mafia, ¿es una reivindicación de la ética?
–Hubo mucha discusión sobre el final en Argentina. Nunca lo dudé: me parece que el final es ése. De todas maneras, no tengo un final único de ese final. Me parece que todas las lecturas son posibles: le dijo que no porque Roque cree que es importante volver a una política moral y ética, o le dijo que no porque ya tiene un pacto con otra agrupación, o le dijo que no porque desprecia la política y se quiere ir a cultivar yuca al altiplano.

–A diferencia de lo que sucede en el Perú, se ve que hay un fuerte movimiento estudiantil que en la película se dice que es minoritario. Para esos jóvenes argentinos lo ideológico se discute; ser de izquierda o derecha todavía tiene sentido. Todavía hablan de grandes transformaciones.
–Por supuesto. En la Facultad de Ciencias Sociales en particular, y en las facultades humanísticas de la Universidad de Buenos Aires, hay de la izquierda a la extrema izquierda; y si eres trotskista, por ahí que eres de derecha. De todos modos, es minoritario en la Universidad.

–Pero históricamente el movimiento estudiantil argentino ha sido fuerte.
–Sí, se arraiga en una tradición política muy fuerte, porque fue el movilizador de grandes transformaciones. Participó de la reforma universitaria, un hecho muy importante y un logro que parte de los estudiantes en colaboración con los trabajadores: “el Cordobazo”. Después, en el 90, durante el neoliberalismo, se ha aplacado, pero ahora se ve nuevamente una revalorización de la militancia política.

–Que va de la mano con los movimientos juveniles en el mundo.
–Se ve lo que está sucediendo en Chile como el mejor ejemplo, tal vez. Pero también en Israel, en España, incluso en los Estados Unidos: los que ocuparon Wall Street eran casi todos pibes. Me parece que estamos en una época post-ideológica en la que los jóvenes estamos medio perdidos, pero, a la vez, con una necesidad de volver a creer y movilizarnos.

–En la película parecía que los movimientos estudiantiles tenían un correlato con los grandes movimientos nacionales. En el Perú, los partidos no existen en la universidad, salvo Sendero.
–Sí, existe. El Radicalismo fue el partido más importante en la Universidad de Buenos Aires, el que produjo la reforma a fines de la década del 20. Y a partir de ahí, quedó arraigado en la Universidad. Por eso la película habla bastante del Radicalismo. Hoy está completamente desprestigiado y es minoritario en el plano estudiantil, pero continúa fuerte entre los docentes. Después, en cuanto al peronismo, estuvo muy ausente hasta que volvió el ‘kirchnerismo’, que logró aglutinar y establecer un discurso de inclusión de los jóvenes en la política, muy atractivo para muchos chicos que venían de familias peronistas. Y ahora está esa agrupación de funcionarios que se llama La Cámpora.

“Me parece que estamos en una época post-ideológica en la que los jóvenes estamos medio perdidos, pero, a la vez, con una necesidad de volver a creer y movilizarnos” Santiago Mitre

–¿Tú vienes de la Universidad del Cine? Allí no has vivido la política universitaria.
–No, es una escuelita de cine, muy chiquita. No hay nada; apenas hay clases.

–¿Entonces por qué este interés?
–El interés lo tengo desde siempre. Siempre me interesó la política. Vengo de una familia muy politizada. Mi bisabuelo fue ministro de Agricultura y diputado durante el gobierno de Yrigoyen. Mi abuelo fue funcionario en el primer gobierno de Perón, y mis padres militaron en el peronismo durante los años 70 y después pertenecieron a un partido progresista de los 90 que se llamó Frente Grande.

–¿Tus padres estuvieron en el ‘ala izquierda’ del peronismo, con los Montoneros?
–No en la lucha armada, pero sí en la agrupación de izquierda del peronismo.

–¿Tuvieron que salir del país?
–No, pero sí corrieron riesgos y desaparecieron muchos compañeros de agrupación de ellos.

–¿Tus padres siguen siendo peronistas?
–Ser peronista es una cosa medio rara. En una entrevista le preguntaron a Perón cómo podía definir al electorado argentino, y dijo: “Bueno, hay un tanto por ciento de conservadores, un tanto por ciento de nacionalistas, un tanto por ciento de gente de izquierda, y el resto mutan entre un lado y el otro”. Entonces le repreguntaron: “Pero general, no ha dicho cuántos son peronistas”. A lo que respondió: “Bueno, es que peronistas son todos”.

–¿Cómo ves a la Argentina?
–La verdad es que no estoy contento con el actual gobierno. Soy bastante crítico, aunque es un gobierno fuerte, y eso está bien. En la película evité fervientemente hacer sentencias o establecer discusiones en torno al ‘kirchnerismo’, porque esas discusiones se están dando en las tapas de los diarios, en las revistas, la clase política, y no quería que mi película se mezclase con eso.

–¿Y qué opinas de medidas como la ley de medios o la estatización de Repsol?
–Hay medidas progresistas en apariencia beneficiosas, sobre todo la unidad regional con otros países. Lo más importante que logra hacer este gobierno es dar una sensación de fortaleza y de estar buscando siempre nuevas medidas.

–También hay denuncias de corrupción.
–Sí, el tema del patrimonio de la presidenta es escandaloso.

–¿Qué temas te interesaría tocar en tus próximas películas?
–Me gustaría seguir trabajando ficción y con un relato fuerte, pero en un tono realista, y pensando en algo social del país o de la zona. Yo hago el cine que me sale, no es algo que uno se plantea como línea. Ahora estoy escribiendo una película muy parecida pero también opuesta a El estudiante. La historia trata de una trabajadora social muy ideologizada y muy ferviente en sus convicciones políticas.

–¿Qué significa pasar de guionista a director en tu evolución como cineasta? Porque tú has coescrito Carancho, Leonera y El elefante blanco, todas de Pablo Trapero.
–Yo estudié Cine y me pensé como director. En la universidad dirigí cortometrajes. Después empecé a escribir para televisión, hasta que conocí a Pablo. La verdad es que me pareció una escuela interesantísima el participar de los procesos de guión, y ver después cómo se transformaban en películas. Me parece que la escritura, el rodaje y el montaje son tres instancias de lo mismo, que es hacer cine.

–Tú te has mantenido fiel al guión. No ha habido improvisación.
–Lo que pasa es que la película era muy compleja de filmar: teníamos un equipo técnico muy chico, de apenas cinco personas. Yo tenía que hacer muchas cosas: recoger a los actores, ver los equipos; todos hacíamos todo. No podía ponerme a retrabajar las escenas. Había trabajado el guión durante dos años, sabía que estaba bien. Hice un trabajo bastante minucioso con el habla específica de la universidad, con cierta jerga que los actores no conocen, porque  no sabían de lo que estaban hablando. Entonces era muy difícil ponerlos a improvisar sobre temas que no conocían.

–Trapero te apoyó dando ideas. Pero dijiste que él no está acostumbrado a tantas limitaciones técnicas.
–Bueno, Pablo hizo Mundo grúa en un rodaje parecido, con un equipo chico, con una estrategia de documental y en un año de filmación. Hoy filma en una estructura industrial. Es un director de la industria, muy bueno, porque ha logrado no perder sus marcas de autor. Soy muy amigo de él, y cuando tuve el proyecto lo discutí con él y me aconsejó que lo filmemos así.

–¿Era difícil conseguir financiamiento?
–Por el tema y porque los actores no eran conocidos, era una película muy poco atractiva para un inversor.

–Tampoco ganaste el concurso del INCAA.
–No, fue una pena, pero nos terminó ayudando, porque las películas que ganaron todavía no se han filmado y no se sabe cuándo se van a estrenar. Y fue un concurso del 2009. Yo no podía tener parada la película tres años; me moría.

–¿Cómo conseguiste financiarla?
–Con ayuda de amigos. Trapero me prestó las oficinas y algunas luces, compramos una cámara, los actores trabajaban por un viático.

–Tú has coescrito El elefante blanco, que está dedicada al padre Mujica.
–Es imposible hablar del movimiento de los padres villeros sin mencionar al padre Mujica, que es un modelo de compromiso y lucha. Ellos adoran al padre Mujica.

–El gobierno dijo que lo habían asesinado los Montoneros, porque hubo una ruptura entre Firmenich y él. Pero después se supo que fue el Estado. ¿Es la hipótesis que se maneja?
–Mujica fue asesinado en democracia, no en dictadura. Hay un consenso en que lo mató la Triple A, un grupo paramilitar formado por policías.

La súper industria
–Sobre la industria cinematográfica argentina, sorprende la cantidad de películas que se producen.
–Sí, es una cantidad enorme. Son como 200 películas al año que se financian con la ayuda estatal. Solo Brasil y México producen más.

–Pero las óperas primas no son fáciles de financiar. Los fondos de los concursos se demoran mucho en hacerse efectivos.
–Hay una ley de cine que es copia de la francesa, y es muy buena. Un porcentaje muy grande de las entradas va al fondo de fomento cinematográfico. Hay un fondo anual que es insuficiente, y no existen salas de cine para exhibir las películas que se hacen

–¿Cuántas facultades de cine hay?
–Bastantes, pero no sé si alguna demasiado buena. En la UBA hay una carrera que es imagen y sonido.

–Tú, Alejandro Fadel, Ezequiel Acuña, Mariano Shinaz, Alejo Movishansky y Matías Piñeiro son los nuevos directores argentinos. ¿Qué los identifica como generación?
–No sé si hay una línea estética que uno pueda trazar en las cosas que hacemos, pero sí existe un posicionamiento de producción. No entramos en las reglas de la industria.

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