¿Será duradero el acercamiento China-Rusia?

Foto: BBC

Escrito por Revista Ideele N°309. Marzo – Abril 2023

En su visita a Moscú, el pasado mes de marzo, Xi Jinping dijo a su anfitrión, Vladimir Putin, en las escalinatas del Kremlin:

“En este momento se están produciendo cambios en el mundo como no se han visto en cien años. Y nosotros, unidos, estamos impulsando esos cambios…” (Comisión de la Unión Europea, 30 marzo 2023)

Efectivamente, la invasión rusa de Ucrania y las dispares reacciones que ha suscitado han colocado bajo presión el frágil orden internacional que ha seguido a la unipolaridad norteamericana (2008-) y puesto a dura prueba compromisos y entendimientos entre las potencias mayores (por ejemplo, Francia y la India con EEUU).  Al mismo tiempo, han permitido a China aprovechar su nuevo sitial en la jerarquía mundial para intentar un sorprendente y controversial, pero no inviable, rol de mediadora en el conflicto.

Antecedentes

Después de estar al borde de la guerra en 1969, la Unión Soviética y China iniciaron la distensión en 1989, en medio de un repliegue internacional de la URSS, con una visita de Gorbachov a Beijing.

A lo largo de los años 1990, ambas potencias se distanciaron un tanto de EEUU y Occidente, China por las reacciones internacionales a los sucesos de Tianamen, Rusia por el mayor protagonismo que buscaron para el país, primero el canciller Primakov y luego el gobierno de Putin.

Moscú y Beijing suscribieron acuerdos de cooperación militar y no agresión. En 2001 establecieron la Organización de Cooperación de Shanghái (que hoy cuenta con ocho Estados miembros), para algunos observadores con intención de crear un contrapeso a la OTAN, y firmaron un tratado de cooperación, con algunas cláusulas propias de una alianza militar.

Hasta 2005, más del 90% de las armas convencionales importadas por China provinieron de Rusia. Luego Beijing empezó a practicar la sustitución de importaciones. Entre 2005 y 2008 ambos Estados resolvieron controversias pendientes en la delimitación de la frontera común, con la devolución de pequeñas áreas por parte de Rusia a China.

En 2014 sus empresas de hidrocarburos firmaron un mega-contrato de suministro de gas natural por 30 años iniciando la construcción de una interdependencia estratégica entre los dos países. En diciembre de ese año Moscú y Beijing llegaron a un acuerdo de canje de moneda que proporcionó a Rusia 24 mil millones de dólares para aliviar el impacto de las sanciones occidentales por la intervención rusa en Crimea y el este de Ucrania. Rusia abandonó su proyecto Euro-Atlántico y mostró una nueva orientación fundando una Unión Económica Euroasiática (2014).

En el plano diplomático, Moscú y Beijing han venido coordinando posiciones en una serie de temas globales, oponiéndose a las iniciativas de EEUU e invocando el propósito de avanzar hacia un orden multipolar.

Se oponen a la OTAN y a los intentos de comprometer los avances regionales de ambas a través de asociaciones y alianzas. Rechazan las críticas a sus acciones en materia de derechos humanos considerándolas injerencias en sus asuntos internos y defienden su derecho a determinar el estatus y trato concedido a grupos étnicos y minorías dentro de sus territorios.

Más recientemente y en el plano económico, a partir de la iniciativa china de la Franja y la Ruta o Nueva Ruta de la Seda (2013), Rusia y China han logrado un arreglo colaborativo en materia de comercio y transporte en el Asia Central (la Asociación Económica Euroasiática, 2016).

Las medidas económicas punitivas de EEUU y sus aliados sobre las principales potencias retadoras del orden actual paradójicamente han favorecido un mayor acercamiento de estas

Este arreglo permite desde 2018 transportar bienes de la provincia china de Sinkiang a Europa e impulsar inversiones en Siberia, el Lejano Oriente y Ártico rusos. La madera rusa sirve para fabricar y exportar muebles chinos. Se desarrolla también la producción de carne y soya para China. En el Ártico ruso se contempla construir un ramal de la Franja y la Ruta, la Ice Silk Road, que unirá por el norte puertos chinos y rusos con Europa, evitando el llamado Espacio Indo-Pacífico, donde EEUU promueve la contención de China.

Debemos reconocer que en las mencionadas regiones de Eurasia y particularmente en el aspecto económico se trata de un arreglo asimétrico entre los socios, debido al poder financiero de China. Sin embargo, Beijing y Moscú, especialmente éste, han decidido soslayar sus diferencias y privilegiar sus intereses políticos convergentes (con relación a EEUU) y sus intereses económicos complementarios (en el desarrollo de Eurasia, sus intercambios y sus recursos).

Después de la Invasión de Ucrania

La invasión de Ucrania ha traído un gran cambio en las relaciones económicas China-Rusia.  Las sanciones económicas impuestas a Rusia han determinado que las inversiones y exportaciones chinas ocupen rápidamente el lugar dejado por los flujos de Occidente.

El comercio entre Rusia y China creció 33% en 2022. Un 38% de los autos nuevos comprados en Rusia en febrero 2023 proviene de China, frente a 9% un año atrás. Al mismo tiempo, 75% de los teléfonos celulares, 70% de los equipos de construcción y 40% de las laptops en el mercado ruso son ahora de origen chino.

De esta manera, no es solo que China compra mucho mayores cantidades de petróleo y gas de Rusia. Rusia importa un enorme porcentaje de manufacturas chinas (las cuales también soportan sanciones en los mercados occidentales).

Las medidas económicas punitivas de EEUU y sus aliados sobre las principales potencias retadoras del orden actual paradójicamente han favorecido un mayor acercamiento de estas.

Desde un punto de vista económico y demográfico podría percibirse que se trata de un arreglo desigual donde China se beneficiará mucho más que su socio menor, logrando tener a su alcance ingentes recursos naturales que resultan invalorables para las necesidades de crecimiento de su gigantesca economía.

Rusia, por su parte, parece consciente del colosal peso y pujanza de China; sin embargo, cree que el arreglo con ella le permitirá no solo conjurar la contraofensiva que sufre de Occidente sino también hallar campo para sus ambiciones de protagonismo con relación al espacio de Eurasia.

En el aspecto de fortaleza y tecnología militar, por otro lado, Rusia es una potencia formidable por su arsenal nuclear y líneas de armamento avanzado. Puede proporcionar tranquilidad a China en una inmensa frontera en medio de la dura contienda que parece estar por desatarse con EEUU.  Moscú se halla motivado por una profunda amargura frente a Washington.

Doblegar la resistencia de Washington a las aspiraciones de liderazgo regional y global que ambas albergan es la principal preocupación tanto para Moscú como para Beijing.

Procurar cualquier otro objetivo – como podría ser, por ejemplo, para China, el dominio de la economía rusa o la apropiación de Siberia, por medios económicos, a través de la migración o por medios militares- tendrá que esperar hasta que se materialice su común empeño. La asociación de China y Rusia parece llamada a durar, por lo menos, lo que dure la contienda de ambas con EEUU.

Ninguna otra amenaza se puede comparar a la que plantea individualmente a Beijing y a Moscú la anulación de sus aspiraciones por mano de la potencia hegemónica. No parece haber tampoco, para ninguna de las dos, un aliado alternativo que posea la talla o los requisitos mínimos para acompañarla en el gran enfrentamiento que ha iniciado.

Sobre el autor o autora

Javier Alcalde Cardoza
Internacionalista. Doctor en Asuntos Exteriores por la Universidad de Virginia. Profesor del Departamento de Ciencias Sociales y de la Escuela de Gobierno de la PUCP.

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