¿Padre de la patria?: Acoso y sexismo laboral y político

Escrito por Revista Ideele N° 311

El congresista fujimorista Juan Carlos Lizarzaburu, dirigió comentarios de índole machista hacia su colega parlamentaria Patricia Juárez durante una sesión legislativa. Dicho comentario se filtró a través de un micrófono abierto. Este incidente ha sido condenado tanto el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables como por diversos actores políticos y organizaciones feministas.

En sus palabras, el congresista hizo referencia de manera despectiva a los pechos de Juárez, señalando que, al igual que otras mujeres, ella también utiliza sujetadores con relleno. El tono sexista y burlesco de sus afirmaciones ha generado repudio, especialmente porque no es la primera vez que el mencionado congresista protagoniza episodios polémicos por sus comentarios inapropiados en el ámbito parlamentario.

La desafortunada observación tuvo lugar durante una sesión de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales. Ante la difusión de dicha declaración, el moderador intervino solicitando apagar los dispositivos y, la reunión continuó aparentemente sin mayores consecuencias. Posteriormente, el congresista ofreció disculpas, argumentando que no era pertinente catalogar el incidente como acoso sexual, y agregó: “es una cosa de lo más natural, una conversación entre tres hombres”. 

La justificación de este comportamiento por parte del congresista revela la existencia de una mentalidad arraigada que minimiza la gravedad de la violencia de género. Algunos argumentan que estos comentarios son simplemente chistes o expresiones inofensivas, sin comprender el impacto más amplio que tienen en la perpetuación de estereotipos y desigualdades de género. La trivialización de tales conductas refleja la necesidad de una educación y concienciación más profunda sobre las implicaciones de la violencia de género, así como sobre la importancia de la igualdad y el respeto mutuo.

Además, la justificación de comentarios sexistas a menudo se basa en la perpetuación de roles de género tradicionales, donde se espera que las mujeres se sometan a ciertos estándares de belleza o comportamiento. Este enfoque refuerza la cosificación de las mujeres y su reducción a su apariencia física, en lugar de reconocer sus habilidades, logros y contribuciones en el ámbito político y en la sociedad en general.

De la misma forma, este lamentable suceso resalta la persistencia de actitudes machistas dentro de la esfera política, evidenciando la necesidad de abordar y erradicar el acoso sexual, incluso en contextos institucionales. E incide en la existencia de una problemática más amplia relacionada con la objetivación de las mujeres en el ámbito laboral y político. 

Esta conducta sexista y de acoso, abarca una amplia gama de comportamientos que buscan controlar, humillar o menospreciar a las mujeres. Los comentarios sexistas y degradantes, son una forma de violencia simbólica que contribuye a la construcción de una cultura que perpetúa la desigualdad de género; ya que, no solo afecta la dignidad de las mujeres directamente implicadas, sino que también envía un mensaje perjudicial a la sociedad en general.

El acoso sexual y, en este caso, el acoso sexual político, son problemáticas serias que afectan la integridad y la dignidad de las personas, en particular de las mujeres, en el ejercicio de sus responsabilidades laborales. Este incidente subraya la importancia de implementar medidas efectivas para prevenir y sancionar comportamientos discriminatorios y degradantes en el ámbito político, así como de promover una cultura de respeto y equidad de género. 

Además, se requiere una acción decidida por parte de las instituciones para sancionar y condenar enérgicamente tales comportamientos, enviando un claro mensaje de que la violencia de género no será tolerada en ninguna circunstancia. 

La normativa peruana, tipifica esta conducta a través del Decreto Legislativo 1410 en su artículo 176-B del Código Penal, bajo el siguiente tenor: 

“El que, de cualquier forma, vigila, persigue, hostiga, asedia o busca establecer contacto o cercanía con una persona, sin el consentimiento de esta, para llevar a cabo actos de connotación sexual, será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de tres ni mayor de cinco años e inhabilitación, (…)”. Para mayor claridad respecto a los actos de connotación sexual. el art. 6 de la Ley de prevención y sanción del hostigamiento sexual, Ley 27942 denomina los actos de connotación sexual como:

“i) Insinuaciones sexuales, proposiciones sexuales, gestos obscenos o exhibiciones a través de cualquier medio de imágenes de contenido sexual que resulten insoportables, hostiles, humillantes u ofensivos para la víctima.

ii) Acercamientos corporales, roces, tocamientos y otras conductas físicas de naturaleza sexual que resulten ofensivas y no deseadas por la víctima”.

Por lo que se evidencia, que este tipo de comentarios no solo denigra a la víctima directa, en este caso, Patricia Juárez, sino, que también, envía un mensaje pernicioso a todas las mujeres, sugiriendo que son objeto de juicio y comentario por su apariencia física en lugar de ser valoradas por sus habilidades y contribuciones. Ello sumado a la disculpa insuficiente y la negación de que se tratara de acoso sexual demuestran una falta de comprensión profunda sobre la importancia de abordar y condenar estos comportamientos.

En conclusión, la narrativa alrededor de este caso refuerza la urgencia de una transformación cultural profunda que desafíe las actitudes sexistas arraigadas y promueva un entorno en el que todas las personas, independientemente de su género, sean tratadas con respeto y dignidad en todos los ámbitos de la vida. La resistencia a abordar esta cuestión con la seriedad que merece, perpetúa la violencia de género y la discriminación, y es responsabilidad de la sociedad en su conjunto demandar un cambio significativo y duradero y construir así una sociedad más equitativa y respetuosa.

Sobre el autor o autora

Elba Acevedo Rojas
Abogada y Licenciada en educación, Magister en Derecho (PUCP), Magister en Educación (UDEP). Candidata a Doctora en Gobierno y Políticas Públicas (UNI). Defensora y Promotora de DDHH, autora del Libro: "Hostigamiento sexual universitario: el espectador como agente de cambio" y del libro: "Políticas Públicas para el derecho a una vida libre de violencia sexual".

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