Liberalismo con rostro humano

Escrito por Alonso Núñez del Prado Simons

Aunque el tiempo y las circunstancias le han dado otras acepciones y connotaciones, y por otro lado, sea cierto que hay liberales muy diversos, creo que el liberalismo empieza por amar la libertad y defenderla, oponiéndose a cualquier tipo de opresión, en especial a la que viene del Estado. El liberal ha sido, en la historia política, el rival de los conservadores; por definición, esta contra todo dogmatismo y cree en la tolerancia y el respeto, en las opiniones diferentes. Está dispuesto a debatir y por lo tanto a poner en duda su posición. No se encasilla, ni se siente dueño de la verdad. Considera que las discrepancias son sanas, que el pensamiento evoluciona y cree con firmeza en la democracia política, la economía de mercado y la libertad individual, que termina donde empiezan los derechos de los demás.

La tolerancia y más aún el respeto por las opiniones ajenas, por los que creen en otro dios, piensan distinto y tienen otras costumbres son los mayores logros de la historia, nos han civilizado, permitiendo que convivamos pacíficamente, atenuando la violencia y han creado espacio para la doctrina de los derechos humanos, por la que, por lo menos en teoría, no se puede pasar encima de nosotros en aspectos como la vida, la integridad física, la intimidad, etc. 

Un liberal, en todo el sentido de la palabra, no cree –como los marxistas dogmáticos– que la solución está en la economía, ni que el mercado libre es un nuevo dios capaz de solucionar todos los problemas, aunque haya personas que defendiendo esto, se autodenominen liberales y crean que éste es el camino, sin matices, ni otras consideraciones. Un liberal razonable jamás defendería un mercado en donde sólo sobreviva el más fuerte, porque eso implica que ‘la libertad total para los lobos es la muerte para los corderos, la libertad total para los poderosos, para los dotados, no es compatible con una existencia decente de los débiles y menos dotados.1’ 

Para la generación de riqueza, por lo menos por ahora, el libre mercado es necesario, pero tiene que estar complementado y matizado, por ejemplo, por el irrestricto respeto a los derechos humanos. No puede pasarse por encima de los derechos de nadie, ni tampoco sacrificar a algunos en beneficio de la mayoría. La persona, como lo sostenía Kant, es un fin en si misma y no puede pasar a ser un medio. Un gran pensador liberal, John Rawls, decía que la estructura legal tenía que ser pensada detrás de un velo de ignorancia respecto de nuestra posición en la vida. Las leyes tenemos que hacerlas pensando que podría tocarnos ser una persona afectada por ellas. 

El mercado libre por sí mismo, podría resultar en una lucha feroz por la sobrevivencia que no tiene nada de humana, pues las dimensiones espiritual y cultural que nos separan de los animales quedarían olvidadas.

El liberalismo, en la actualidad, pasa por la democracia, el Estado Constitucional de Derecho y la economía de mercado. La libertad es su valor principal, pero no olvida la justicia. La propiedad es el resultado del trabajo, pero debe tener los límites que la sociedad le imponga. Nadie tiene derecho, por ejemplo, a destruir un bien por el solo hecho de ser su propietario o a usarlo en desmedro del grupo.

Contra lo que algunos creen, un liberal se permite soñar y no descarta las utopías. Anhela un mundo en que reine la paz, la libertad y la justicia, donde cada persona sea libre en todo el sentido de la palabra y pueda satisfacer sus necesidades básicas, donde las fronteras y nacionalismos hayan desaparecido, junto con los fanáticos e intolerantes; un mundo que, finalmente, todos deseamos.

  1. Joaquín Fernandois. Isaiah Berlin, La libertad compleja. Pág. 50. En: http://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303183316/rev80_fermandois.pdf 
    ↩︎

Sobre el autor o autora

Alonso Núñez del Prado Simons
Magíster en Derecho de la Integración y en Derecho Constitucional. Master of Business Administration (MBA), graduado en Lingüística y Literatura, Filosofía. Fundador y director ejecutivo del Observatorio de Cumplimiento de Planes de Gobierno. Profesor universitario, árbitro de la Cámara de Comercio y conferencista. Presidente y director de varias entidades del sistema asegurador.

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