Todo el vasto fondo marino

Escrito por K’intu Galiano

José Watanabe es uno de los poetas más importantes del acervo cultural peruano. Desde su primer poemario (Álbum de familia – 1970) hasta el último (Banderas detrás de la niebla – 2006) el poeta nikkei labró un estilo único e inconfundible dentro del prolífico universo poético de su generación. La clave de esta manera singular de escribir fue el refrenamiento, un concepto inexistente en la beligerante agrupación Hora Zero, con quien Watanabe compartió partida de nacimiento poética. Aunque siempre estuvo interesado en la realidad nacional, el poeta trujillano no entendía la poesía como un vehículo para el activismo político -como fervientemente profesaban sus contemporáneos- sino como un esforzado intento para consignar las verdades sutiles de la vida natural. 

En 1919, Harumi Watanabe llegó al Callao en un barco procedente de Yokohama. Al poco tiempo se instaló en Barraza, una hacienda azucarera en las afueras de Trujillo, donde trabajaría cortando la caña para el gamonal. Fue ahí donde conoció a Paula Varas, con quien tuvo seis hijxs. Luego de afrontar la muerte de lxs últimxs dos, la pareja decidió trasladarse a una hacienda vecina en el pequeño pueblo de Laredo, donde supieron sobreponerse a la pérdida y tener cinco hijxs más. José fue el primero de esxs hijxs. 

Fue en este pequeño pueblo de La Libertad, en medio de una infancia muy pobre, donde José accedió a la influencia más importante de su quehacer poético. En Laredo, las casas eran precarias y hacinadas, y todas tenían su corral. En la suya -entre las gallinas y la caca de pollo- su padre le recitaba haiku, un tipo de poesía japonesa que concentra una honda sabiduría en tres versos austeros. Don Harumi era un hombre proveniente de una familia de samuráis, y desde niño había sido educado en el camino del guerrero zen, una doctrina que lleva el nombre de bushido. Para un samurái -o bushi– lo más importante era mantener la dignidad en los avatares de la pelea, de ahí que en el corazón de su código ético se encontrase la plena aceptación de la muerte. 

Una vez el guerrero está preparado para el hecho de morir, vive su vida sin la preocupación de morir, y escoge sus acciones basado en un principio, no en el miedo.1

Watanabe admiró desde siempre el impecable anclaje interior de su padre y estableció para sí ese mismo horizonte de dignidad y refrenamiento con el que fue forjando a través del tiempo su estilo literario. El camino del guerrero sacó a relucir el poder de su enseñanza cuando Harumi tuvo que enfrentar la agonía del cáncer producido por su severa adicción al tabaco. Fue en ese entonces que José -con apenas doce años- comenzó a fumar y, con ello, a sembrar la semilla del cáncer que terminaría por consumirlo del mismo modo que a su padre. 

Podríamos decir que el elemento estilístico de su poesía se encuentra en la vertiente paterna que hereda del Japón su refrenamiento en la expresión emocional y su fina sobriedad en la economía verbal. En lo que refiere al elemento temático, es la vertiente materna la que nutre su poesía. La cosmovisión andina es muy rica en mitos y posee un imaginario muy poderoso. En Laredo, muchos trabajadores y sus esposas provenían de la sierra y, en un acto cultural simbiótico, supieron amalgamar su cultura con la del norte liberteño. El resultado fue un generoso campo de cultivo que cundió con arraigo en la mente del joven Watanabe y, a la vez que sembró poderosas imágenes que seguirían germinando a lo largo de toda su vida, perfiló una de las características fundamentales de su personalidad: el miedo. 

El miedo circulará siempre en mi cuerpo

como otra sangre.2

Por un afortunado revés del destino, en 1956 Don Harumi gana el premio mayor de la lotería de Lima y Callao, y su familia se traslada a Trujillo. Es así como el niño más sensible y delicado de la familia puede seguir sus estudios de secundaria en el Colegio Nacional San Juan de Trujillo, donde alguna vez fue profesor César Vallejo. Más adelante, José migraría a Lima para seguir sus estudios superiores y labraría en esta ciudad los hitos más importantes de su adultez: su carrera profesional como poeta, sus relaciones amorosas, la paternidad y, finalmente, la enfermedad y la muerte. 

¿Cómo habrá sido para este ser humano marcado por la hipocondría enfrentarse a tres procesos de cáncer tan severos? ¿Cómo habrá hecho para converger en los últimos instantes de su vida la menesterosa y doliente realidad de la enfermedad con la digna aceptación de la muerte impuesta por el bushido? Estas preguntas dispararon en mí una curiosidad inicial por la vida de nuestro poeta, y luego dieron paso a una mayor profundización en su historia y su poesía. El resultado fue el inicio de un largo proceso de dramaturgia alrededor de la figura de José Watanabe, en el que esas preguntas iniciales devendrían en otras, tales como: ¿qué entendemos por la muerte?, ¿estamos preparadxs para asumirla?, ¿qué tanto hemos construido nuestra identidad sobre hábitos demasiado determinantes?, ¿estamos dispuestxs a soltar los apegos que rigen nuestra vida mundana? Esta y muchas interrogantes más fueron plasmándose en un texto teatral que honra la vida y la muerte de alguien que no solo es un gran referente en el arte de ser poeta, sino también en el arte de ser peruano. Pienso que en su historia se materializa el siempre enorme desafío que tenemos de amalgamar herencias culturales tan diversas en una aún-no-nación tan heterogénea y fragmentada como la nuestra. 

“WATANABE: todo el vasto fondo marino” toma como punto de partida la referencia particular de esta insondable figura histórica para arribar a una interpelación universal, y se plantea el reto de navegar en las profundidades de este efímero ser que habitamos en nuestro paso por esta vida, con un horizonte donde la trascendencia es posible. Esta obra de teatro pudo cobrar vida el año pasado gracias a ganar el Concurso de Producción de Artes Escénicas 2023, como parte del programa de Estímulos económicos del Ministerio de Cultura. Noche a noche, el público se sumergió en un ritual que honra el tránsito de esta presencia de un plano a otro de la existencia, y que con sobriedad y austeridad recorre una vasta multiplicidad de espacios y tiempos de la historia del poeta. Este año tenemos la fortuna y el privilegio de poder compartir este homenaje con el público una vez más, en una breve temporada en la Casa Yuyachkani (Jr. Tacna 363, Magdalena del Mar). La cita toma lugar los viernes, sábados y domingos a las 8p.m. hasta el 31 de marzo, y se puede acceder a ella enviando un correo a elplanosutil@gmail.com  Esperamos de todo corazón que puedan acompañarnos y que esta historia siga encontrando resonancias tan poderosas como la que suscitó en mí y en todo el equipo que forma parte de esta aventura. Nos vemos en el teatro.

Otra vez despiertas con el cuerpo poco, bien poco.

Otra vez tu vida oscila en el monitor cardíaco

pero más en tu miedo.

Ya no es la hipocondría. Ya te saltó el verdadero animalito.

Mas no patetices. Eres hijo de. No dramatices.

¡Mira que tu miedo es la única impureza en este cuarto ascéptico!

¿O nunca conseguiré ser hijo de?

El japonés

se acabó «picado por el cáncer más bravo que las águilas»,

sin dinero para morfina, pero con qué elegancia, escuchando

con qué elegancia

las notas

mesuradas primero y luego como mil precipitándose

del kotó

de La Hora Radial de la Colonia Japonesa.

Y la serrana

que si descubre que miran condolidamente su vejez

protesta con el castellano castizo que se conserva de Otusco para adentro:

“Más arrugas hay en tus compañones que en mi majoma, carajo”,

y asombrosamente sigue matando pollos, cuyes, cabritos, 

sin un gesto compasivo

y diciendo, como si dictara la suprema lección moral: 

“Deja el tiesto sobre las brasas, hijo, para que coja más temple”.

Ellos no vendrán, pues, a tomar tus manos

y acaso estás a punto de no ser hijo de nadie. Entonces 

el pensamiento imposible que te viene y te deja va haciéndose 

posible. Acógelo: ten miedo, ten miedo, 

y justamente con tu miedo quizá vuelvas a ser hijo de,

como antes, niño,cuando ellos todavía te abrazaban con alguna piedad. 3

* K’intu Galiano es dramaturgo y director de “WATANABE: todo el vasto fondo marino”. También es es director de la Asociación Cultural Plano Sutil.

  1. Comentario contenido en Hagakure Kikigaki, una publicación japonesa de principios del s.XVIII que condensó los preceptos del bushido e hizo las veces de guía práctica y espiritual para el guerrero bushi. 
    ↩︎
  2. El lenguado. Poema contenido en el poemario Cosas del cuerpo (1999). ↩︎
  3. La impureza. Poema contenido en el poemario El huso de la palabra (1989). ↩︎

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