El rol crucial de la educación en el crecimiento económico y el desarrollo

Escrito por Fernando Villarán

Las teorías que sustentan el papel de la educación en la economía

El primer economista que introdujo a la educación como factor explicativo del crecimiento económico fue Joseph Schumpeter. En 1911 escribió el libro La teoría del desarrollo económico, en donde expuso la tesis de que el “emprendedor” tiene un rol vital en el logro del desarrollo. Determinó que los países que poseen más emprendedores serán los países que más se desarrollen. Definió al emprendedor como un hombre de acción, dinámico, el que rompe el equilibrio, hace lo que es nuevo, es un líder, logra una nueva combinación de factores de producción, no tiene resistencia al cambio, es intuitivo, está motivado por el poder y la alegría de la creación. Explicó que estas características no son producto de la “herencia” sino principalmente de la educación y de entornos favorables y dinámicos. En 1942, ya instalado como profesor principal de economía en la Universidad de Harvard, escribió el libro Capitalismo, socialismo y democracia en el que afirma que la innovación tecnológica es el motor del desarrollo, que existen muchos tipos de innovaciones, y que la empresa (grande o pequeña) era su origen. Nuevamente, la creatividad para la innovación tiene como origen principal una educación de calidad, un mercado competitivo, y un entorno intelectual y artístico estimulante. Instaló estos dos conceptos claves: el emprendimiento y la innovación, en el corazón de la economía moderna. 

En 1957, Robert Solow, economista de Harvard y profesor en el Massachussets Institute of Technology (MIT), escribió su famoso paper: Cambio técnico y la función de producción agregada. En este documento critica a la función de producción convencional de sólo dos elementos (capital y trabajo), postula que le falta un tercer factor central: la tecnología, y establece que el 87% del crecimiento de la economía norteamericana se debía al cambio técnico. Explica que la fuente principal de la tecnología es la Investigación y Desarrollo (I+D) realizada fundamentalmente en universidades de calidad. En 1989, Paul Romer, economista de la universidad de Chicago, y profesor en Berkeley y Stanford, escribió otro famoso paper: El cambio técnico endógeno. En este y otros documentos, criticó a los economistas ortodoxos por su visión de corto plazo y su alejamiento de los verdaderos problemas económicos, proponiendo la incorporación de la educación como variable clave del cambio técnico y del crecimiento económico. A ambos, Solow y Arrow, les otorgaron el premio Nobel de economía. 

En 1993, Peter Drucker, alumno de Schumpeter y Keynes, y profesor en la Universidad de Nueva York, escribió el libro La sociedad post capitalista. En este libro, pudo sintetizar en forma brillante el rol del conocimiento y la educación en el crecimiento. “El recurso económico básico ya no es el capital, ni los recursos naturales, ni el trabajo. Es, y seguirá siendo, el conocimiento”. Y continuó afirmando: “Las actividades creadoras de riqueza principales no van a ser la asignación de capital para usos productivos, ni el trabajo, los dos polos de la teoría económica de los siglos XIX y XX, sea esta clásica, marxista, keynesiana o neoclásica. El valor es creado ahora por la ‘productividad’ y la ‘innovación’, aplicaciones ambas del conocimiento a la producción.” Le da a su teoría una perspectiva histórica: en el feudalismo el recurso fundamental era la tierra, en la manufactura y la artesanía era el trabajo, desde la revolución industrial inglesa del siglo XVIII fue el capital, y desde la revolución informática (1970) viene siendo el conocimiento.

La evidencia empírica

Las teorías de los autores que acabamos de presentar se ven completamente sustentadas en sólida evidencia empírica. Se trata de dos investigaciones, relativamente recientes, conducidas por el profesor de Stanford, Charles Eesley, sobre las actividades de los egresados de las universidades MIT y Stanford. Los resultados de estas dos investigaciones fueron, nada menos, que espectaculares. Los egresados del MIT habían creado 25,800 empresas, que estaban operativas en el año que se llevó a cabo la investigación (2009), habían generado 3.3 millones de puestos de trabajo, vigentes en ese momento, y tenían unas ventas por 1.9 millones de millones de dólares (trillones en la jerga norteamericana). Si consideramos que estas empresas generaban un valor agregado de 50% (razonable si consideramos que muchas de ellas son de servicios), resulta que las empresas de los egresados del MIT representaban el 5.5% del PBI norteamericano de ese momento (posiblemente estos números hayan aumentado al día de hoy). Por su parte, los egresados de Stanford habían creado 39,900 empresas, que estaban operativas en el año que se llevó a cabo la investigación (2012), habían generado 5.4 millones de puestos de trabajo, vigentes en ese momento, y tenían unas ventas por 2.7 millones de millones de dólares. Asumiendo el mismo porcentaje de valor agregado, ello representaba el 9% del PBI norteamericano de aquella época. También habían creado 30,000 organizaciones sin fines de lucro (ONG), es decir, emprendimientos sociales. 

Las principales empresas creadas por los egresados del MIT han sido: INTEL, Digital Equipment Corporation (DEC), McDonnel-Douglas, Hewlett-Packard (HP), Texas Instruments, Industrias Koch, Raytheon, Genentech, America Online (AOL), Gillete, entre muchas otras. Las principales empresas creadas por los egresados de Stanford fueron: HP, Google, Nike, Cisco, Charles Schwab, Yahoo, GAP, VMWare, IDEO, Netflix, Tesla, entre muchas otras. Los egresados de esta universidad también crearon ONG como The Special Olympics, Kiva, Acumen Fund, MentorNet, entre muchas otras. 

La terrible situación de la educación en el Perú de hoy

En el Perú, estamos yendo en sentido contrario a todo lo que hemos dicho, tanto con respecto a las teorías como a las experiencias que hemos presentado. Estamos yendo en la dirección opuesta a la de los países desarrollados y emergentes exitosos. La educación peruana está atravesando la crisis más grave que jamás ha tenido en su historia; enfrenta una crisis existencial. Por un lado, el interés de los dueños de las universidades de baja calidad (también llamadas universidades chatarra), persisten en lucrar con la educación superior sin comprometerse con la calidad de su oferta. Por otro lado, los cambios en la regulación a cargo de la SUNEDU (Superintendencia Nacional de la Educación Universitaria), realizados desde julio de 2022, que van en contra de la exigencia de calidad en el sector universitario peruano. A ello se suma que se ha eliminado la meritocracia en la educación básica (inicial, primaria y secundaria); ahora los docentes que no tienen la calificación necesaria y probada pueden ingresar al sistema magisterial, ascender y acceder a puestos de responsabilidad sin ninguna exigencia. La calidad de la educación básica, que depende principalmente de la calidad e idoneidad de los docentes, se está perdiendo con cada día que pasa. 

Las votaciones en el Congreso de la República dan cuenta de una relación de intereses con los grupos de presión: los empresarios de universidades de baja calidad y los sectores sindicales radicales e irresponsables. Literalmente, están destruyendo la educación en el Perú, están traicionando a la juventud, demoliendo el futuro del país.

Mientras ello ocurre, desgraciadamente, los poderes fácticos conocidos, es decir, los grupos económicos, los medios masivos de comunicación y las fuerzas armadas, en su afán de mantener al gobierno de actual, están dejando pasar este crimen. En el mejor de los casos, se están poniendo de perfil, como si no fuera con ellos. Si bien no podemos generalizar, ya que no todos los miembros de una institución o empresa piensan y sienten de la misma manera, sí podemos hablar de indiferencia.

Los argumentos que sustentan esta “indiferencia” son dos; por un lado, sostienen que la tecnología se puede comprar, no es necesario crearla, que viene de la mano con la inversión extranjera (supuestamente la varita mágica del crecimiento), y que los conocimientos también se pueden contratar en cualquier lugar del mundo. Por otro lado, a estos sectores sociales dominantes (en su mayoría) no les importa mucho que la educación estatal para las mayorías nacionales sea de baja calidad, ellos tienen ingresos suficientes para matricular a sus hijos en escuelas y universidades privadas de calidad, en el país o en el extranjero. Son teorías y posturas completamente equivocadas, chocan con la realidad de los países desarrollados y de los países emergentes exitosos, que han apostado decididamente por la educación de calidad, el conocimiento y la tecnología. Por más que quieran, por más que continúen haciéndose los distraídos, no van a poder escapar de esta responsabilidad: la destrucción de la educación peruana también va recaer en sus manos, y la juventud y el futuro les van a pedir cuentas. 

Sobre el autor o autora

Fernando Villarán
Ex Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo. Master en Economía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fundador del actual Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN). Ha sido Director del COFIDE y funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Profesor principal de la Facultad de Ingeniería y Gestión de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).

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