Artículos de Gianfranco Casuso

La reconciliación nacional y una falsa noción de progreso

Que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski haya decidido declarar al 2018 como el año del diálogo y la reconciliación nacional puede interpretarse de una sola manera: con ello está autoproclamándose como el punto culminante de un largo proceso que se inició con la ruptura del justo orden institucional existente por parte de Sendero Luminoso, que continuó con los esfuerzos –con algunos “excesos y errores”– de Fujimori por reestablecer dicho orden, que pasó por un escarmiento en la forma de algunos años de cárcel para este y que ahora, finalmente, termina con el indulto y el perdón al salvador por los excesos y errores, así como con el tácito reconocimiento de su papel incuestionable en la pacificación nacional.


El fin de la inmunidad y el resurgimiento de la extrema derecha

La situación no puede estar más polarizada: de un lado, el temor hacia una izquierda que podría convertirnos en Venezuela; de otro, el temor hacia una derecha que nos dejará siendo Perú o algo peor (habiendo tenido 30 años para convertirnos en Dubái). La ingeniosa disyunción no es mía, lo confieso: ha sido planteada por los protagonistas de los bandos enfrentados. En este contexto llama la atención que, a diferencia de la prolongada indecisión durante la campaña para la primera vuelta, esta vez los votantes parezcan haber optado por su candidato con prematura e innegociable convicción. La naturaleza misma de la disyunción ha hecho que la incompatibilidad entre uno y otra parezca absoluta.


Los muertos de Sendero

Sendero Luminoso es uno de los protagonistas del que, sin duda alguna, fue el peor episodio de ejercicio sistemático y explícito de la fuerza con fines políticos en el Perú durante el siglo XX. La que Sendero inició no fue una guerra convencional, pues sus acciones, así como muchas de las respuestas por parte del Estado peruano, se hallaron por completo fuera de la ley y generaron paulatinamente un sentimiento de rechazo radical de la amplia mayoría de la ciudadanía.


Pandemia: incertidumbre, solidaridad y responsabilidad individual

Podemos entender a la solidaridad como un principio social distinto al egoísmo en la medida en que, mientras que el último asume que individuos plenamente conscientes de sus intereses buscan satisfacerlos mediante recursos que ellos mismos se procuran, el primero parte de la idea de que todo interés está socialmente constituido, por lo que llegar a conocer y realizar lo que uno realmente quiere es también el resultado de procesos de socialización y no solo de la introspección. Menciono esto porque poco después de iniciada la pandemia fue frecuente observar un cierto brote de optimismo asociado al potencial de la crisis para generar lazos solidarios que superaran el natural egoísmo de los primeros días, aquel que llevó a acaparar bienes de manera irracional y a aislarse físicamente como medida extrema de protección.