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¿Por qué la movilidad en Lima es tan caótica? Un análisis basado en la gestión pública comparada

Crédito: Andina.pe

Los datos son cada vez más preocupantes. En el año 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que nuestra capital es la ciudad más contaminada de América Latina.  De acuerdo con TEC Corporation, empresa que ha instalado la mitad de los semáforos de Lima, las horas perdidas en el tráfico u “horas pico” se han duplicado en la última década, pasando de cinco a diez por día. Otro estudio de la  Asociación Automotriz del Perú halló que se pierden más de mil millones de galones de combustible en el tráfico y se emiten al ambiente 650 mil toneladas de CO2, lo que equivale a literalmente “quemar” 13 mil millones de soles al año. Las consecuencias de la contaminación generada por los automóviles son muy serias en la salud de las personas, especialmente de los más vulnerables. La Universidad canadiense McGill halló que el cáncer cerebral podría estar vinculado a la contaminación del aire por partículas ultrafinas (UPF), que son producidas por la quema de combustible de los automóviles. Otro estudio, esta vez del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EE. UU, identificó que vivir cerca de una autopista podría aumentar de forma significativa el riesgo de retrasos en el desarrollo cerebral de los niños pequeños. 

¿Por qué hemos llegado a ser la ciudad más contaminada de América Latina y con uno de los peores tráficos del mundo? La respuesta tiene dos vertientes principales, la primera es que el Estado se desentendió de desarrollar un verdadero sistema de transporte público masivo para la ciudad de Lima, con las consecuencias que todos conocemos. La segunda es que cuando el Estado quiso ejecutar obras de gran magnitud para aliviar el tráfico en nuestra ciudad, simplemente sus capacidades de gestión no dieron la talla. Para ilustrar esta última afirmación vamos a utilizar tres ejemplos de transporte público masivo (buses articulados, teleférico y tren subterráneo), y como estos se han desarrollado en otras ciudades latinoamericanas. 

El primer ejemplo es Bogotá, capital de Colombia. De acuerdo con su portal institucional, la capital colombiana inauguró la primera ruta troncal del Transmilenio (el equivalente al Metropolitano) el  18 de diciembre de 2000. Diecinueve años después el Transmilenio cuenta con 11 troncales en operación y 134 estaciones, que trasladaron durante el año 2017 a dos millones 380 mil personas diariamente. Es importante recordar que si bien en Transmilenio actualmente presenta muchos problemas, el gobierno bogotano fue capaz de construir una red de 11 troncales en 20 años, es decir casi una cada dos años.

El caso peruano muestra una realidad diametralmente opuesta. El Metropolitano fue inaugurado oficialmente el 28 de julio del año 2010. Actualmente  cuenta con 35 estaciones intermedias, una estación central subterránea y dos terminales. Diariamente es usado por 650 mil personas. Sin embargo la obra no está terminada, ha pasado una década desde su apertura y el tramo de 10 kilómetros que va desde la estación Naranjal hasta la estación Chimpu Ocllo, en Carabayllo no se ha construido. Esto ha traído enormes problemas con la calidad del servicio, que está totalmente desbordado. Es importante recordar que  la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán, anunció la construcción de la línea dos del Metropolitano en diciembre del año 2010. Sin embargo, pasada más de una década esto no se ha materializado. En otras palabras, a diferencia de Bogotá, las autoridades limeñas en 10 años solamente pudieron inaugurar una línea inconclusa de Metropolitano. 

El segundo ejemplo es la Paz, capital de Bolivia. En abril del año 2014, la Empresa Estatal de Transporte Por Cable inauguró el primer teleférico en dicha ciudad. Para el 2019, la metrópoli paceña ya cuenta con una red de diez teleféricos que transportan de manera rápida, económica, limpia y segura a 275 mil personas diariamente. En septiembre del año 2018 la Empresa Estatal de Transporte por Cable  ganó el Latam Smart City Awards, premio más importante de la región en proyectos urbanos, en la categoría Desarrollo urbano sostenible y movilidad. La red de teleféricos fue considerada la mejor iniciativa de América Latina. Es decir que en apenas cinco años el gobierno boliviano fue capaz de construir una red de 10 teleféricos que han cambiado la vida a los habitantes de la Paz, del Alto y de Oruro.

La realidad de Lima es totalmente distinta, en julio del año 2013, la ex alcaldesa Susana Villarán indicó que “el Centro Histórico está siendo recuperado tanto por nosotros como por el municipio del Rímac, en una acción comunitaria y mancomunada, por lo que esperamos que el teleférico sea un elemento más para lograr ese objetivo.” En este sentido, el gerente de Promoción de la Inversión Privada de la Municipalidad de Lima de ese entonces, Domingo Arzubialde, indicó que en setiembre del año 2013 se iniciarían las obras de construcción del Teleférico de Lima. Nada de eso sucedió. Posteriormente, el alcalde Castañeda anunció en agosto del 2015 la construcción de dos teleféricos, pero ya no la línea mencionada por la alcaldesa Villarán, sino otras en el Agustino y en Lima Norte. El teleférico de Lima Norte tenía previsto resolver los problemas de movilidad y accesibilidad de la población que habita en las laderas de los cerros en San Juan de Lurigancho e Independencia. Por su parte, el teleférico de El Agustino tenía como objetivo resolver los problemas de movilidad y accesibilidad de la población que habita en los cerros de ese distrito y en la zona de Catalina Huanca. De acuerdo con el ex burgomaestre Castañeda, estos dos teleféricos beneficiarían a 84 mil habitantes diariamente. Sin embargo, la construcción jamás  se inició. El actual alcalde de Lima Jorge Muñoz anunció en agosto del año 2019 que ahora sí se ejecutarán las dos líneas de teleférico mencionadas por Castañeda cuatro años atrás. Muñoz espera que ambas líneas estén listas en el 2022, es decir nueve años después del anuncio de la alcaldesa Villarán y siente años después de lo manifestado por Castañeda. A diferencia del gobierno paceño que construyó 10 líneas de teleférico en 5 años, el gobierno limeño no puede construir ni una sola en casi una década. 

 



A diferencia de Bogotá, las autoridades limeñas en 10 años  solamente pudieron inaugurar una línea inconclusa de Metropolitano. 


El tercer ejemplo es Quito, Ecuador. El metro subterráneo  de la capital ecuatoriana comenzó su construcción oficialmente el 16 de enero del año 2013 y se declarará formalmente inaugurado en octubre del 2020. Actualmente a pesar que la  obra ya fue concluida, el metro se encuentra el periodo de pruebas. Se espera que los 18 trenes habilitados con capacidad para 1 200 pasajeros cada uno, beneficien diariamente a 400 mil ciudadanos a lo largo de sus 15 estaciones distribuidas en 22 kilómetros.  

Casi paralelamente, el diciembre del año 2014, durante la gestión del presidente Ollanta Humala se inició formalmente la construcción de la línea dos del metro de Lima, que al igual que el metro de Quito es también subterránea. La longitud es de 27 kilómetros, cinco más que el metro quiteño y se espera que movilice a más de un millón de personas diariamente, de acuerdo con cálculos del Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (OSITRÁN). El gobierno peruano ha proyectado que  la línea dos del metro de Lima recién estará terminada en su totalidad el año 2024, 10 años después del comienzo de su construcción y casi cuatro años más que su similar quiteño. Sin embargo, recientes noticias han señalado que tal vez sea necesario postergar un año más la apertura, es decir inaugurar la línea dos el 2025, dado que existen problemas de ingeniería para articular la línea dos con la línea uno del metro. 

A manera de conclusión, es imprescindible que el Estado peruano mejore sus capacidades de gestión para la implementación de grandes obras de infraestructura en materia de  transporte público. Existen experiencias sumamente valiosas en algunos países latinoamericanos que nos podrían dar luces para alcanzar el objetivo de que la ciudad de Lima por fin cuente con un sistema de transporte público de calidad que incluya una red articulada de líneas subterráneas de metro, teleféricos y metropolitanos. Contar con una red de transporte público articulada y masiva es la mejor manera de disminuir los espantosos niveles de congestión y contaminación que padece nuestra ciudad, y por ende mejorar la salud y la calidad de vida de las y los limeños. 

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