¿Por qué suceden los feminicidios y las agresiones casi letales?

¿Por qué suceden los feminicidios y las agresiones casi letales?

Wilson Hernández Breña Director del Centro de Investigación Aplicada al Desarrollo
Ideele Revista Nº 280

Foto: Radio Nacional.

Hace casi dos décadas años, las ONG feministas empezaron a contar los feminicidios, uno a uno, a partir de las noticias que aparecían en prensa. Por entonces, era un problema que solo pocos (en realidad, pocas) notaban con preocupación. Gracias a este esfuerzo, hoy contamos con dos fuentes estatales oficiales que contabilizan feminicidios. Sabemos que en el Perú mueren poco más de cien mujeres al año por feminicidio.

En los últimos años, se han dado cambios legislativos, políticos y sociales, que revelan el actual interés por la violencia contra las mujeres. Pese a ese interés, nadie vio por necesidad responder lo más elemental: ¿por qué suceden los feminicidios? ¿Qué hace que una mujer, frente a otra, tenga mayor riesgo de ser asesinada por su pareja? Por supuesto, la explicación de la violencia contra las mujeres y de los feminicidios está en el machismo y por esta razón los feminicidios son más bajos en países desarrollados. Pero este es solo el discurso “paraguas” de explicaciones desagregadas aún poco estudiadas.

La evidencia –como se dice ahora– es muy poca y las respuestas son provisionales. En su mayoría, las respuestas han provenido del activismo y de algunos estudios cualitativos serios. Mientras que los primeros han atribuido los feminicidios a la violencia machista y al patriarcado, los segundos siempre carecerán de capacidad de generalización y estarán limitados a los sujetos y ámbitos que estudian. El patriarcado, el sistema machista, el sexismo, y explicaciones similares(Bersani&Chen, 1988; Lagarde, 2008; Shalhoub-Kervorkian&Daher-Nashif, 2013), han sido respuestas que buscando explicar el todo (aproximaciones muy macro) han logrado explicar muy poco sobre lo concreto (micro) que es tomar la decisión de matar a una mujer.

Siguiendo una línea previa de estudios (Hernández, 2015, 2016), en la Universidad de Lima finalizamos hace poco el estudio “Feminicidio: Determinantes y valoración del riesgo” (Hernández, Raguz, Morales y Burga, 2018) (https://goo.gl/GK6mwJ), el cual fue financiado por el Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES). Entre sus varios objetivos (causas de las tentativas de feminicidio, efectos de la violencia y valoración del riesgo), evaluamos qué características hacen que una mujer pase de un estado de víctima de violencia a otro de víctima de violencia letal. A continuación comento algunos resultados.

¿Qué causa los feminicidios?

De las dos fuentes disponibles, empleamos la del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables – MIMP (2010-2015) por ser más completa y confiable. Este espacio es corto, así que resalto los resultados más importantes.

Primero, los antecedentes de violencia física y psicológica elevan en más de 2 veces el riesgo de ser víctima de feminicidio. Este resultado sugiere la continuidad y el afianzamiento de los patrones de violencia, y que el feminicidio no aparece de la nada.

Segundo, el riesgo de feminicidio se reduce cuando la víctima fue en ocasiones anteriores agredida físicamente. Aunque este resultado parezca contraintuitivo, nos abre a un tema mayor sobre el que poco se ha debatido: No todos los agresores son iguales, sino que hay tipos (tipologías) de agresores.

Los estudios que han estudiado la existencia de tipologías, han hallado en forma consistente tres tipos de agresores (Holtzworth-Munroe&Stuart, 1994; Johnson 1995). Haremos referencia a los extremos de esta clasificación. En un extremo, están los “agresores limitados al ámbito familiar”. Son los que abundan. Ellos solo agreden a sus parejas, presentan pocas conductas antisociales, tienen una visión tradicional de los roles de género y, en general, parecen “normales” en muchos aspectos. No son los monstruos que esperamos. Tal es así, que diversas investigaciones han hallado pocas diferencias entre agresores y no agresores.

En el otro extremo de esta tipología, están los “violentos en general”. Para decirlo en breve, son los “matoncitos”. No solo le pegan a su pareja, sino que son capaces de agredir a vecinos, amigos y desconocidos en muchas situaciones. Suelen tener antecedentes penales y además registran antecedentes penales en mayor proporción. Son los que agreden con mayor severidad y frecuencia, y los que jamás recurren a ayuda psicológica. En este grupo están los que presentan más psicopatologías y desórdenes de personalidad, pero ni siquiera son mayoría. En otras palabras, los agresores no son “locos” (ni los “locos” agresores de mujeres).

¿A qué viene todo esto de las tipologías? Son útiles para entender que mientras que algunos hombres desfogan su posible letalidad agrediendo físicamente (de ahí nuestro segundo resultado aludido líneas arriba), otros hombres ofrecen el “paquete completo” de la agresión hasta la letalidad. Además, las tipologías orientan al Estado sobre la necesidad de brindar servicios de atención a agresores que tomen en cuenta sus distintos riesgos y necesidades. El MIMP tiene servicios para agresores, pero insuficientes en cantidad. Apenas tres a nivel nacional.

Tercero, haber actuado con premeditación elevó en 78% la probabilidad de feminicidio. Otros estudios han identificado que la premeditación está asociada con cuán detalladas son las amenazas dadas por el agresor. Hay una asociación fuerte entre el detalle de las mismas y su ejecución. Signos de este tipo deberían formar parte del sentido común preventivo de posibles víctimas (así como de protocolos de identificación de riesgo en víctimas), pero también de policías, fiscales, jueces, médicos legistas, personal de Centros de Emergencia Mujer, etc.

Por último, las comisarías tienen un rol pendiente. Haber interpuesto una denuncia policial redujo en 6% el riesgo de feminicidio, pero en forma estadísticamente no significativa. En simple, esto significa que es probable que esa reducción se deba al azar y no a haber denunciado.

Repensar las tentativas de feminicidio

Tanto el MIMP como el Observatorio de la Criminalidad del Ministerio Público contabilizan tentativas de feminicidio. Pero estas dos fuentes tienen discrepancias en los datos que otorgan. En el fondo, las diferencias en cifras entre ambas obedecen a un tema de fondo: al margen de cómo contabilicen tentativas, ambas fuentes tienen un sub reporte tremendo.

Por ello, en nuestro estudio buscamos reconstruir una cifra de tentativa de feminicidio. La mala noticia es que este ejercicio no es materialmente posible por la carencia de fuentes confiables. Esto nos debe llevar, de una vez por todas, a reformular cómo el Estado contabiliza las tentativas o simplemente dejar de hacerlo puesto que las cifras que circulan en la actualidad son un mal termómetro (quizás por eso mismo, el Observatorio de la Criminalidad no actualiza las cifras de feminicidio que producen y cuelga en su web desde el octubre del 2015 (https://portal.mpfn.gob.pe/boletininformativo/infoestadfeminicidio).

Aunque no es posible contar adecuadamente las tentativas de feminicidio, sí es posible construir un indicador que nos remita a un riesgo de relevancia. A ese indicador lo denominamos “violencia con riesgo de feminicidio”. ¿Qué es? Son las mujeres que sufrieron agresiones en modalidades similares a las que se ejecutan los feminicidios: ahorcamientos o estrangulaciones; amenazas con cuchillo o pistola; o ataques con cuchillo o pistola. Como algunos intuirán, empleamos la ENDES (2010-2015), un gran y sub explotado registro de información. De ahí obtuvimos que el 1.82% de mujeres han sido víctimas de violencia con riesgo de feminicidio.

Que quede claro que tentativas de feminicidio y violencia con riesgo de feminicidio no son indicadores comparables y que el segundo no reemplaza al primero. Aun así, veamos las diferencias: de cada millón de mujeres, 9 fueron víctimas de tentativa según el MIMP, 1 lo fue según el Observatorio de la Criminalidad del Ministerio Público y casi 17 mil fueron víctimas de violencia con riesgo de feminicidio.

Estas diferencias nos deben llevar a reflexionar sobre tres aspectos. Primero, la necesidad de contar con indicadores que midan agresiones graves (que pueden ser cercanas a las tentativas de feminicidio o conducir a ellas). Segundo, remarcar el sub reporte de casos graves de violencia. Tercero y más importante aún, visibilizar el gran número de agresiones con riesgo de feminicidio que el Estado debe prevenir e identificar. Cuarto, la necesidad de elaborar indicadores de focalización distritales sobre violencia contra las mujeres para dirigir recursos a donde más se necesitan.

"Los factores que conllevan a una violencia con riesgo de feminicidio no se limitan a la pareja. La transferencia intergeneracional de la violencia también fue un resultado consistente en nuestro trabajo".

¿Qué causa la violencia con riesgo de feminicidio?

La base de datos que usamos (ENDES) fue mucho más rica y permitió testear diversas hipótesis. Evaluamos hipótesis micro y macro sociales. Lo más importante es que esto nos permitió evaluar características individuales (de la mujer, su agresor y su relación) y relacionarlas con valores de la sociedad.

En este caso, la pregunta fue qué factores elevan la probabilidad que una mujer sea víctima de violencia con riesgo de feminicidio. El más importante fue que haya sido víctima de violencia sexual. Haberlo sido eleva 4 veces su riesgo de ser víctima de esta forma de violencia. Es de lejos, el efecto más importante y sugiere que las estructuras de poder se posan sobre la objetivación y el uso del cuerpo para infligir daño y llevarlos hacia formas violentas cercanas a lo letal. No es que la violencia sexual condicione sí o sí un feminicidio, pero sí lo hace más probable bajo la lógica de dominación extrema a la que algunos feminicidas van sometiendo en el tiempo a sus víctimas.

Luego de esta variable, lo más importante fue la presencia de situaciones de control de él hacia ella. Nuevamente, estos aspectos nos reseñan a la existencia de patrones de dominación, control del movimiento, del cuerpo y de aislamiento. En efecto, cuando el agresor impide que su pareja visite o la visiten sus familiares, su probabilidad de ser víctima de violencia con riesgo de feminicidio aumenta en 67%. Cuando el impedimento recae en las visitas a amigos, el aumento es similar (56%).

Los factores que conllevan a una violencia con riesgo de feminicidio no se limitan a la pareja. La transferencia intergeneracional de la violencia también fue un resultado consistente en nuestro trabajo. Es decir, mujeres cuyos padres agredieron a sus madres tuvieron un 11% más de probabilidades de ser víctimas de violencia con riesgo de feminicidio.

Pero así como todo no se limita a la pareja, el resto de factores explicativos tampoco se restringe a la historia de la mujer. Hay factores que aluden directamente a los procesos de socialización y a la relativización de la violencia como un acto perjudicial. En efecto, la normalización de la violencia de parte de las mujeres duplica su probabilidad de ser víctimas de violencia con riesgo de feminicidio.

No todo queda ahí. Hay una carga social en la estructura social que también explica la violencia. En breve, mientras el caldo de cultivo en cada distrito esté cargado de más dificultades para ejercer control social (estrictamente, más desventajas sociales), mayor tiende a ser el riesgo de que una mujer sea víctima de violencia con riesgo de feminicidio (frente a una mujer en un distrito sin este caldo de cultivo). Esta tesis –lo ambiental influye en lo individual– es parte del enfoque socioestructural que desde hace más de veinte años reenfocó la Criminología.

Cierre

En estas líneas, hemos presentado evidencia para lo que las feministas vienen señalando hace muchos años. La desigualdad, asimetrías de poder y dominación en un contexto machista generan violencia contra las mujeres. Pero hemos extendido la comprensión de cómo actúan e interactúan en lo micro varios de estos aspectos en la historia de la mujer, en su relación y en la sociedad que condicionan la violencia de los hombres hacia las mujeres. Todo esto hace de la agresión de mujeres un fenómeno muy distinto del que, por supuesto, también sufren los hombres (pero en menor proporción, frecuencia y severidad).


 

Referencias

Bersani, C., & Chen, H. (1988). Sociological perspectives in family violence. En R. Hasselt, A. Morrison, A. Bellack, & M. Hersen, Handbook of familyviolence (págs. 57-84). New York: Plenum.https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-1-4757-5360-8_4

Hernández, W. (2015). Feminicidio (agregado) en el Perú y su relación con variables macrosociales. Urvio Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad(17), 48-66.https://doi.org/10.17141/urvio.17.2015.2007

Hernández, W. (2016). Lo que sabemos del feminicidio. ¿Qué lo causa? Revista del Centro de Investigación y Estudios Judiciales, 25, 80-86.https://goo.gl/YEZoDi

Hernández, W., Raguz, M, Morales, H, Burga, A. Feminicidio: Determinantes y valoración del riesgo. Lima, Universidad de Lima, Consorcio de Investigación Económica y Social, 2018.

http://cies.org.pe/sites/default/files/investigaciones/ul_-_feminicidios_determinantes_y_evaluacion_de_riesgo.pdf

Holtzworth-Munroe, A., & Stuart, G. (1994). Typologies of male batterers: Three subtypes and the differences among them. Psychological Bulletin, 116(3), 476-497.https://pdfs.semanticscholar.org/1ec4/a8988ab27826a3bd0d4b1b7f1a73a510173a.pdf

Johnson, M. (1995). Patriarchal terrorism and common coupleviolence: Two forms of violence against women. Journal of Marriage and the Family, 57, 283-294. https://www.jstor.org/stable/353683

Lagarde, M. (2008). Antropología, feminismo y política: violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres. En M. Bullen, & C. Diez, Retos teóricos y nuevas prácticas(págs. 209-239). XI Congreso de Antropología de la FAAEE, Donostia, AnkulegiAntropologiaElkartea.https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3078742

Shalhoub-Kervorkian, N., &Daher-Nashif, S. (2013). Femicide and Colonization: Between the Politics of Exclusion and the Culture of Control. Violence Against Women, 19(3), 295-315.http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1077801213485548

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