Periodismo de investigación y ciudadanos informados contra la corrupción

Periodismo de investigación y ciudadanos informados contra la corrupción

Franklin Cornejo Director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
Ideele Revista Nº 282

Imagen: IDL-Reporteros.

Detrás de los destapes de los audios revelados por IDL Reporteros sobre los casos de corrupción de jueces y magistrados salta a la vista una profunda crisis de valores del sistema de justicia peruano. Nada de esto se hubiese conocido sin la participación de periodistas comprometidos con la búsqueda de la verdad, que en una interpretación social y civil del ejercicio del periodista han reafirmado el valor del periodismo como servicio público.

Este desempeño periodístico, no es aislado, pues forma parte de una reacción ciudadana, conformada por actores sociales y nuevos medios de información que piden como parte de sus reclamos cambios sociales y justicia. Periodistas y ciudadanos informados que en la mayor parte de casos, hablan y escriben desde lo alternativo y la realidad de las personas, ante la inoperancia y pasividad de autoridades e instituciones.

Al frente de IDL Reporteros está Gustavo Gorriti, periodista de investigación, especializado en temas de terrorismo y corrupción, sus investigaciones lo han llevado a escudriñar, a lo largo de su carrera, el accionar de los terroristas de Sendero Luminoso, al siniestro ex asesor presidencial Vladimiro Montesino, e innumerables casos de corrupción y narcotráfico. Estas investigaciones periodísticas han convertido a Gorriti en un destacado defensor de la prensa libre.

Siguiendo el ejemplo de IDL Reporteros se ha conformado una plataforma de medios digitales de investigación para “desgrabar” (transcribir audios), que forman parte de más de 60 mil audios de las escuchas que ordenó la Fiscalía de Crimen Organizado del Callao; se trata de la alianza de los medios digitales Ojo Público, Convoca y Wayka que con el diario La República realizan una investigación colaborativa para “revelar casos de corrupción y señalar a los principales actores que se ocultan en los miles de diálogos dispersos”, ha comentado el periodista, Ángel Páez, integrante de esta alianza de nuevos medios.

El periodismo de investigación y el reporterismo como trabajos meticulosos de los profesionales de la información han permitido conocer escenarios del que todos “habían escuchado hablar” alguna vez, pero del que no existían evidencias ni nombres. Hoy se conocen los nombres, los casos y los turbios asuntos que manejaban y negociaban las autoridades del Poder Judicial, abusando de sus cargos y recortando o limitando (previo soborno o coima) penas punitivas a sentenciados o sujetos enjuiciados por un sinnúmero de delitos. Como efecto de los audios ha sido detenido uno de sus principales protagonistas Walter Ríos, expresidente de la Corte del Callao.

La verificación de datos, la presentación de evidencias para que las autoridades cumplan su papel, junto a la búsqueda de la información con fuentes propias, y el trabajo de equipos de  periodistas con coraje ético son elementos del periodismo peruano que han doblegado a la corrupción; convirtiendo esta crisis en una oportunidad para que la opinión pública se prefigure, desde su indignación, como público crítico y ciudadano.

La mentira, el manejo de dinero (ilícito o de la conveniencia de terceros) y la impunidad son componentes de la corrupción que carcomen las instituciones públicas y extienden sus tentáculos para concentrar y acaparar poder.

En este contexto de denuncias periodísticas, la opinión pública informada sobre la corrupción y la prensa libre ejercen desde diferentes ámbitos y esferas las libertades de prensa y expresión, que resultan ser los escudos para consolidar es multiplicidad de públicos críticos e informados frente a los corruptos. Son actores sociales y periodistas que propician nuevas dinámicas de comunicar en democracia, que logran incluir nuevos temas en la agenda de los medios tradicionales (medios que no vieron los hilos de la corrupción).

La denuncia, la crítica, la conciencia de ser sujetos de derechos y miembros de una comunidad de ciudadanos, con la  posibilidad de reunirse, organizarse y no quedarse callados, es lo diferente, la novedad, en el escenario político de hoy. Hacer esto o estar llamado a hacerlo parte de la indignación de los peruanos y peruanas frente a las noticias de corrupción.

La respuesta contra la corrupción es ciudadana; una suma de voluntades que actúan en conjunto para recomponer la democracia, en una lucha que supera los temores y silencios que tratan de infligir los autoritarios.

En este escenario político-social, el común denominador, es que las personas piensan desde el lado de la sociedad, y el bien común, en una búsqueda posible de justicia frente a los oportunismos, las desigualdades y carencias.

Este ejercicio ciudadano se relaciona con la libertad y el desarrollo, pero sobretodo con el hecho de expresarse y participar que tienen los ciudadanos, y que según el Premio Nobel de Economía Amartya Sen[1], el vivir en sociedades democráticas está directamente relacionado a “las discusiones y los debates públicos, permitidos por las libertades políticas y por los derechos humanos, (que) también pueden desempeñar un importante papel en la formación de los valores. De hecho, la naturaleza de la participación y el diálogo públicos influye inevitablemente incluso en la identificación de las necesidades. La fuerza del debate público no sólo está relacionada con la democracia y tiene un enorme alcance, sino que, además, su cultivo puede mejorar el funcionamiento de la propia democracia”.

Este enfoque de Sen plantea que las personas asociadas y reunidas, como el caso de los periodistas y ciudadanos peruanos que luchan contra la corrupción, socializan entre sí y aprenden de sí mismas. En esas reuniones consiguen compartir valores, que son universales como el bien común. O el hecho de propiciar el debate, el diálogo y la búsqueda de la verdad.

Sin embargo, asistimos a escenarios confusos donde los públicos están fragmentados y dispersos, debido a la multiplicidad de medios y espacios de expresión. Ante ello los públicos se constituyen también desde experiencias significativas y valores comunes (como luchar contra la corrupción). Por ello este resurgimiento del público tiene diferentes mensajes, medios y circuitos de comunicación.

Los investigadores Silvio Waisbord y Adriana Amado[2] comentan que “la  comunicación no es posible sin un público común, que funge, a su vez, como un actor de la democracia. Los medios tradicionales, la aceleración constante de las tecnologías y los flujos globales de información fragmentaron los públicos. Pero la competencia más novedosa de los medios tradicionales no son otros soportes, sino “la comunicación interpersonal”, tal como advirtieran los estudios pioneros de opinión pública”.

Ante la desconfianza generalizada por los medios y los gobernantes, cuestión del que dan cuenta también los informes del Latinobarómetro, como la versión de ese informe del 2017, “los conocidos y familiares resultan ser fuentes de información representativas frente a la televisión, la radio, la prensa gráfica e internet”, dicen Waisbord y Amado.

Todo esto nos hace pensar en el contexto peruano de la corrupción, que lo que se viene es una recomposición de la democracia desde sus actores sociales como ciudadanos críticos, en este caso desde un periodismo de investigación diferente del periodismo comercial.

Los cambios suelen ser la consecuencia de las crisis. Y esta crisis política desencadenada por la corrupción puede ser la oportunidad para propiciar debates sobre el accionar de las personas y sus valores, particularmente cuando detentan el poder, representan a las instituciones, y deciden optar por el autoritarismo, recortar la participación de los demás, limitar la comunicación a información y amenazar contra la libertad de expresión y de prensa.

La posibilidad de que exista en la sociedad, la voz hablada y escrita (en múltiples medios y espacios) del público y los ciudadanos; al igual que la participación y el diálogo, la prensa libre y periodistas comprometidos por informar con la verdad será la mejor señal y demostración de una democracia participativa contra la mentira y la manipulación de las personas.



[1] Amartya Sen (2000) Desarrollo y libertad, p. 197-198. Planeta. Consulta 18 de marzo de 2015.

[2] Silvio Waisbord y Adriana Amado (2017) La comunicación pública: mutaciones interrogantes, págs. 96-109, en Revista Nueva Sociedad 269, mayo-junio 2017. Argentina. Consulta 15 de mayo de 2018.

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