Vizcarra y la mayoría fujimorista

Vizcarra y la mayoría fujimorista

Alessandro Caviglia Marconi Docente de Filosofía de la PUCP
Ideele Revista Nº 282

Foto: El Comercio.

Desde hace unos meses el Presidente de la República, Martín Vizcarra, dejó de ser el presidente puesto por Keiko Fujimori a ser un actor político autónomo. El desprestigio de Fuerza Popular y el apoyo que ha ido ganando de parte de la población le han permitido que, sin contar con una bancada sustantiva y sin un partido político fuerte que lo respalde, pueda posicionarse como un protagonista fuerte de la coyuntura política.

En este contexto hay voces que acusan al presidente de dos cosas. La primera acusación es la de hacer una política populista, mientras que la segunda es la de generar un clima innecesario de confrontación. Quien ha formulado con claridad la primera acusación son los miembros de FP y Fernando Rospigliosi. La segunda acusación ha sido formulada con claridad por Lourdes Flores Nano. Frente a la primera acusación hay que señalar que la política populista no consiste sólo en convocar el apoyo popular, sino en hacerlo con el objetivo de reducir derechos fundamentales. Por ejemplo, si el presidente Vizcarra hubiera incluido entre los temas para el referéndum consultas sobre la pena de muerte (como sí lo intentaron hacer algunos congresistas de FP), se hubiera tratado de una medida populista. Pero si la convocatoria tiene como objetivo fortalecer las instituciones a fin de fortalecer los derechos de los ciudadanos, no se trata de una medida populista en absoluto.

Más bien, quienes han buscado mantener una política populista fue Fuerza Popular, por lo menos mientras mantenía una aprobación aceptable de parte de la población. De hecho, el mismo nombre del movimiento, Fuerza Popular, denota claramente la intención de llevar adelante una política populista con el objetivo de ganar votos y apoyo. Ahora rechazan el populismo porque tienen baja aprobación y acusan al gobierno de tener ese tipo de actitud. Esta estrategia corresponde claramente a la baja aceptación que tienen, pero si tuviesen mayor aprobación se subirán a la estrategia populista sin pensarlo dos veces. Pero no hay que descartar la posibilidad de que la estrategia de Keiko Fujimori sea la siguiente. En primera instancia, buscar ganar la aprobación ciudadana; pero si ello no resulta, la estrategia podría ser simplemente la de tratar de destruir a sus enemigos y seguir acumulando poder. Esta segunda estrategia se basaría en la creencia de que la población experimenta admiración por el poderoso y terminarán por apoyarlo.

Frente a la acusación de generar una confrontación política innecesaria es necesario señalar que hay que distinguir, en política, a los adversarios de los enemigos. Los adversarios políticos son quienes mantienes discrepancias pero es posible llegar a negociaciones y a acuerdos, en cambio los enemigos son aquellos que buscan desaparecer del espectro a su contraparte. Mientras que con los adversarios se puede negociar, con los enemigos lo único que se puede hacer es esperar el ataque a traición o la intención de que uno quede eliminado. PPK no entendió dicha diferencia y es por eso que quedó en la situación en la que se encuentra. En cambio, Vizcarra sí entiende claramente que con Keiko Fujimori no se puede ni tener una conversación privada, pues ya se sabe que no desaprovechará la oportunidad de difundirla con vileza si el asunto le conviene. La perspectiva de Flores Nano es de una ingenuidad tan grande que sorprende que se trate de una política con tanta experiencia, aunque ello podría explicar porqué nunca logró ganar una elección.

El presidente Vizcarra debe tener en claro que Keiko Fujimori no es su adversario sino su enemiga, especialmente desde que él decidió no permanecer sometido a su poder. Entonces, teniendo en cuenta ese dato, lo que debe hacer es confrontar constantemente al fujimorismo e ir acumulando el prestigio suficiente para que la calle sea su soporte político más importante. De modo que debe ser hábil en reflejos políticos y alejar de sí toda persona que comience a ser cuestionada por la ciudadanía y mantenerse firme en sus propósitos. Mostrarse como pusilánime le resultaría fatal.

En esta coyuntura, lo que debe hacer el presidente es no dar su brazo a torcer y denunciar a la mayoría de estar obstruyendo las reformas planteadas. Ciertamente, la respuesta del Congreso ante la Moción de Confianza fue lo suficientemente ambigua como para poder bloquear la realización de las esperadas reformas. El único camino que tiene el presidente es seguir acumulando prestigio, aunque sus ministros no gocen de tanta aprobación. Pero, si la población comienza a desconfiar de Vizcarra, se abren las puertas para su ocaso, por medio de la invención de una causal de vacancia. De hecho, el fujimorismo no va a desaprovechar la oportunidad de ir por la vacancia como represalia por la Moción de Confianza.

Pero hay otro factor que está apareciendo en la escena política actual. Como es sabido, la derecha radical que apoyaba incondicionalmente a Keiko Fujimori está comenzando a alejarse. Víctor Andrés Ponce, uno de los voceros de dicha derecha antidemocrática, ha dejado entender que la derecha podría apostar por Alan García, de no aparecer otra opción. Pero, para que eso seas posible, tiene que evitar que los juicios lleguen hasta el político aprista. Es en ese sentido que la posición de Chávarri es importante, tanto para Alan García como para la misma Keiko Fujimori. En este sentido, la derecha antidemocrática lo mantendrá como Fiscal de la Nación y se opondrá a toda reforma que termine por removerlo.

Lo que queda claro es que Vizcarra no tiene miedo a confrontar al brazo político de Keiko Fujimori, porque además del desprestigio de la segunda y el apoyo que tiene el primero de parte de la población, se trata de un presidente que no tiene nada que perder ni nada que ocultar. Además de que ha sabido rodearse de asesores inteligentes que ha terminado sacando roncha a los fujimoristas, quienes los desalifican por ser extranjeros. Pero yo me pregunto: si un argentino nos llevó al mundial, ¿qué problema hay en que otro argentino nos ayude a librarnos de la amenaza autoritaria que representa el resentimiento irracional de Keiko Fujimori por haber perdido todas las elecciones en las que ha participado?

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