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Rigoberto Perezcano: “En Carmín Tropical hay profundidad y tristeza”

Una película que no se queda en la denuncia de los crímenes de odio y de la intolerancia hacia la población LGTB, sino que combina suspenso, amor y muerte. El sello de este director mexicano es que su cine tiene ese sabor regional del estado de Oaxaca, lugar en el que ha nacido.

Tu película termina siendo un thriller, algo que nadie se esperaba.
Eso me gusta mucho porque parece una película típica latinoamericana en la cual no hay diálogos, hay silencios, tristeza, pero a la mitad cambia. Me gusta que el espectador se cuestione si está viendo una ficción o un documental, y luego me gusta que a la mitad o casi al final la narración cambie.

Es una película de género.
Sí, me metí en algo que al cine latinoamericano no le gusta entrar. En este caso es el género de suspenso. El género negro o thriller es muy complicado, pero yo quería hacer una película así.

¿Cómo te acercas al cine negro?
Me encanta jugar y mezclar los géneros. Me acerco a éste porque soy fan de la literatura negra.

¿Qué autores?
Desde los clásicos: Poe, Dashiell Hammett, Simenon, Chandler, Carver. Hace algunos años he estado observando qué tan alejado está el cine mexicano del suspenso. Y a partir de allí quise contar una historia sobre la tolerancia y la intolerancia, sin que fuera una película panfletaria sobre el homosexualismo.

¿A qué te refieres con planfletaria?
Cuando es una película para homosexuales. El punto más difícil fue cuando comencé a investigar cómo podía hacer una película más universal. No quería que solo fuera a festivales lésbico- gays. Creo que lo que la hace más universal es la muerte.

El protagonista es un muxe. ¿Es como un travesti occidental?
Muxe viene de la palabra portuguesa “mujer”. Es aquel que se trasviste. El orgullo más grande que tiene la comunidad muxe en Juchitán es que no hay ni un solo transexual, todos se travisten. En este caso, lo particular es que no lo hacen solo en la noche: aquí están travestidos desde la mañana.

Este personaje hace su vida, se enamora. No te centras en su travestismo.
Las películas que tocan este tema, por lo general hablan de lo bien que se las pasan en las noches, del chiste, y no profundizan en su humanidad. Me interesaba esa profundidad, los rasgos que todos tenemos que nos hacen sentirnos tan humanos él y yo. Esa profundidad y esa tristeza es lo que diferencia a Carmín Tropical.

¿Hay alguna diferencia que tú quieras marcar con el resto de directores latinoamericanos?
Creo que cada quien hace el cine que quiere. Sin embargo, desde que hice Norteado, quería que fuera una película que no se parezca a las otras que tocan el tema de la migración. Si algo me gusta es correr el riesgo en la propuesta que estoy planteando, que la gente sienta que no ha visto esa película antes. Contar la misma historia pero de diferente manera, que la narrativa sea diferente.

Vienes del documental. ¿Cómo ha sido tu paso del cine de la realidad al de ficción?
Soy parte autodidacta y parte teórico porque estudié en el Centro de Investigación Cinematográfica. Sabía que el documental me iba a dar herramientas para poder tener la capacidad de improvisar, de trabajar con pocos recursos, de cargar la cámara sin la comodidad que muchas veces tiene la ficción. Me interesaba filmar documentales para la televisión. Uno que quiero mucho es XV en Zaachila que es el pueblo donde nací.

Después pasaron seis años y recién filmaste Norteado.
Sí, porque no tenía deseos de escribir porque estaba en una situación familiar difícil. Me invitan a filmar Norteado y me doy cuenta de que el guion original era muy malo. Les digo que tomaré la esencia pero que voy a cambiarlo todo. Y cuando estoy filmando incluyo la realidad. Hay gente que me dice que cuando empieza Carmín Tropical no saben si es un documental o una ficción. No me gusta seguir los caminos establecidos.

¿En Juchitán no hay maltrato a la población LGTB?
Sólo en Juchitán. Es un pueblo bastante pequeño en relación al país. Ahí se hace esa festividad que se celebra en noviembre y que reúne a todos los muxes de la región, así como a los travestis del estado y del país. En la fiesta ya no sabes quién es travesti, muxe o transexual. Juchitán es tolerante y la pasan muy bien. El muxe es importante en su núcleo familiar porque hace todas las actividades de una mujer con la fuerza de un hombre. Pero esa tolerancia no es generalizada y por eso asesinan a la protagonista al final.

¿En el DF hay más intolerancia?
Sí, pero no se llega a la intolerancia de ciudades como Bogotá, en la que estuve hace poco, y donde tienen muchas ciclovías, pero no permiten que los travestis se travistan desde la mañana. Los detienen.

Tú has señalado que te preocupa no caer en el folklorismo. ¿Cómo haces para no pisar ese palito?
Trato de darme cuenta de algunos elementos o rasgos que me dicen que puedo estar filmando un comercial de la Secretaría de Turismo del estado de Oaxaca y prefiero alejarme de eso, mantenerme siempre muy alerta. Me pregunto: ¿Estoy filmando la realidad o estoy filmando folklore?

Oaxaca es fundamental en tus películas. Tus protagonistas, tus escenarios. Escribes tus guiones sabiendo perfectamente qué terreno pisas.
Yo escribí los guiones de Norteado y Carmín tropical; en ambos casos mis referencias fueron del periódico. Me parece que ahí está la enciclopedia para hacer guiones. Quiero hacer mi trilogía de Oaxaca. Es un estado muy rico cultural y gastronómicamente, pero se sabe desde hace años, que es un sitio artístico. Grandísimos escritores, poetas, músicos Y ahorita vemos una generación de cineastas. Está Ignacio Ortiz, que es el mayor y el maestro, Jorge Pérez Lozano, yo, más jóvenes que están haciendo cortos donde muestran cualidades específicas y capacidad para contar una historia.

En Oaxaca no hay escuela de cine.
No hay. Yo tuve que irme para estudiar. Nosotros tenemos un proyecto que se llama Oaxacacine, en el que programamos películas de muy buena calidad en un espacio bellísimo que es el teatro Alcalá, y promovemos talleres de apreciación cinematográfica y un diplomado de cine mexicano. La gente está ávida por aprender.

El punto más difícil fue cuando comencé a investigar cómo podía hacer una película más universal. No quería que solo fuera a festivales lésbico- gays. Creo que lo que la hace más universal es la muerte.

¿El gran público acepta el nuevo cine mexicano o prefiere el tradicional?
Creo que se les está quitando el miedo. La gente sabe que el cine mexicano de los últimos años tiene una calidad importante.

Muchas películas mexicanas retratan la complicidad y la convivencia de las autoridades con las mafias del narcotráfico.
No existe la capacidad ni posibilidad de parte del gobierno por controlarlo. Esa es nuestra grandísima preocupación. Estamos hablando de estos lazos entre el gobierno y el crimen. Como dice un escritor, pensaron que iban a administrar el infierno y eso es imposible.

¿Cómo funciona el apoyo estatal al cine de Oaxaca?
Creo que se han dado cuenta por nuestro trabajo de que hay capacidad para contar historias. Ponen atención porque al segundo día que abrimos la convocatoria al diplomado de cine mexicano hay 90 personas que se inscriben. Pero por ahora no hay un apoyo específico. El cine regional está creciendo; se cuentan historias que no suceden en la ciudad de México.

¿Cómo financias tus películas?
Carmín tropical se financió a través del apoyo del gobierno federal, del IMCINE. También está la ley 226 que permite que los inversionistas puedan deducir impuestos a cambio de apoyo financiero a las películas. Eso está muy interesante. Un millonario mexicano puede optar por no darle al fisco sus impuestos y a cambio aparece su marca en los créditos.

¿Cuánto inviertes en una película?
Procuro que no pase de un millón y cachito de dólares, porque en un país como el mío me parece un descaro y una desfachatez gastar dinero público, cuando hay 25 millones de pobres.

¿En este momento qué directores mexicanos te llaman la atención?
Respeto muchísimo a un gran amigo que va a tener un crecimiento muy importante. Él se llama Everaldo Gonzáles y es documentalista. Su última película ha sido Los cuates de Australia. Respeto muchísimo el trabajo de Carlos Reygadas, de Amat Escalante.

¿El éxito hollywoodense de algunos directores mexicanos ha tenido repercusión positiva o negativa en los cineastas que han optado por hacer otro tipo de cine?
Creo que hay dos parámetros dentro del cine mexicano: Por un lado, están los tres amigos: Iñárritu, Cuarón y del Toro, y, por otro lado, los que hemos decidido hacer cine en el país. Ellos fueron importantes porque permitieron que se ponga atención en lo ocurría en México. A nosotros nos interesa seguir desarrollando nuestras propias historias.

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