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Francisco Márquez: “Se puede seguir hablando de la dictadura porque algo no se resolvió en los 70”

Foto de Handréz García

“La larga noche de Francisco Sanctis” fue muy bien recibida en el Festival de Cine de Buenos Aires y en el Festival de Cannes de este año. En el 20 Festival de Lima ha ganado una mención honrosa del jurado. Ha sido escrita y dirigida por Francisco Márquez y Andrea Testa, una pareja que se conoce desde que hacían juntos sus trabajos para la escuela de cine en el que estudiaban. Es su ópera prima.

Año 1977, en plena dictadura militar. Francisco Sanctis, un padre de familia preocupado por mejorar su situación laboral, de pronto recibe la información precisa de dos personas a las que los militares van a desaparecer esa misma noche. El dilema es decidir si se arriesgará a avisarles o no.

¿Dónde estudiaste cine?
En la escuela del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) que es pública. Además de la Universidad del Cine que es tan cara, hay esta otra opción que es muy buena. El problema es que el ingreso es muy restrictivo, te toman un examen difícil. La escuela tiene sedes regionales como la de Jujuy y Formosa.

A pesar de la crisis económica, la producción cinematográfica se mantiene. Hay muchas óperas primas.
En Argentina se producen muchas películas, y esa cantidad permite que despunten algunas buenas. El problema es la exhibición. No hay una política estatal decidida. La cuota de pantalla es muy pequeña y se incumple. Muchas veces las grandes cadenas prefieren pagar la multa que cumplir con la cuota.

¿Porque les conviene más económicamente?
Ni siquiera sé si les conviene comercialmente. Creo que responde a acuerdos económicos entre las cadenas y las grandes distribuidoras. El gran desafío en Argentina es pelear por cambiar la dinámica de la exhibición. Hoy los cines están copados por las películas norteamericanas o por gigantes producciones locales que son cinco estrellas y que copan el mercado del cine argentino. 
Andrea Testa, la otra directora de la película, ha estrenado hace poco un documental que tuvo cerca de seis mil espectadores - que es bastante para un documental- y en una sola sala. Si uno ve el promedio de espectador por sala, éste supera a una media norteamericana. Entonces sí hay un público potencial que no tiene la posibilidad de encontrarse con la película.

¿Con Kirchner no hubo una política de apoyo a la exhibición nacional?
La política debe ser establecer una cuota de pantalla estricta que se cumpla, y que las asociaciones de productores y directores puedan intervenir en la programación. Eso sería lo ideal. Con el gobierno de Kichner hubo un intento de abrir salas de exhibición - los espacios INCAA – que estuvo bien como idea, pero que no ha terminado de funcionar porque en muchos casos la gestión es privada y el criterio de selección de las películas es complejo.

El nuevo gobierno no prioriza la cultura. ¿Pueden venir tiempos más difíciles para la industria cinematográfica?
Ya hay centros culturales que no han resistido el embate de las medidas económicas. No es un gobierno preocupado por la cultura. De hecho, hemos tenido un ministro de cultura al que toda la comunidad artística lo rechazaba por sus dichos revisionistas de la dictadura militar.

Pero, ¿llegará al extremo de disponer de los fondos para el cine?
Lo que pasa es que el INCAA es autárquico, tiene sus propios fondos que vienen de la venta de entradas y de un fondo que sale de un impuesto que tienen las televisoras por cable. Hay dos peligros. Primero: que disminuya la venta de entradas por la recesión económica, y, segundo: que ese porcentaje a las televisoras – que es el 40% de la caja del INCAA - no se cobre tal como establecía la ley de medios que ha sido derogada. 
Otro peligro es la influencia que puedan tener algunos medios de comunicación. Hay medios que son aliados del gobierno y que sacan notas diciendo que las películas que se producen no las ve nadie. Nosotros les hemos respondido diciendo que tiene que haber una política sobre la exhibición, pero los sectores concentrados dicen que no hay que producir esas películas. Es una lucha que la debe dar el gremio audiovisual. Vamos a ver qué pasa.

Pasando a tu película, ¿cómo llegas a la novela de Humberto Constantini?
Fue una casualidad. Un día fui con Andrea al parque Centenario donde hay una feria de libros usados. Generalmente vamos a comprar allí. Llegamos a un puesto y vimos el libro en una edición muy vieja porque hace 20 años que esa novela no se ha vuelto a editar. 
Conocíamos algo de su poesía, yo había leído un cuento de Constantini. Es un autor que está un poco relegado en Argentina. Y una vez que leímos la novela la quisimos hacerla los dos y planteamos una codirección.

¿Tu acercamiento al tema es por la novela, o has tenido familiares desaparecidos, ex montoneros?
No en términos familiares. Pero siempre fue un tema que me interesó. El documental que hice está cruzado por la política. Como muchos jóvenes, a los 15 años empezamos a marchar todos los 24 de marzo contra la dictadura. También pasó algo en Argentina que nos marcó: El 19 y 20 de diciembre de 2001, el país salió a la calle y se enfrentó a la policía. Yo tenía 20 años y salí con todos mis amigos a poner el cuerpo. Después hubo asambleas populares en todos los barrios y nos juntábamos en el parque Centenario a debatir qué se hacía. Hubo un despertar de la política. Eso no quiere decir que toda la juventud argentina está hiperpolitizada; eso sería demasiado optimista.

Por ejemplo, en la película “El estudiante” de Santiago Mitre, se veía a los estudiantes de la UBA muy politizados.
La universidad es un sector específico. Lo que sí tenemos es una tradición bastante grande de luchas populares y movilizaciones. Por eso creo que le va a ser muy difícil a este gobierno sostener una política de ajuste durante cuatro años.

Has mencionado que Andrea y tú han codirigido la película. ¿Qué implica una codirección?
Fue muy natural. Nosotros siempre trabamos juntos en la escuela de cine. Cuando Andrea hacía un corto, yo hacía asistencia de dirección. Siempre nos involucrábamos en la cuestión artística. Fue muy armónico. La película se fue macerando: la primera versión del guion debe ser del 2012 y era muy fea. Hemos hecho varias versiones. Trabajamos un montón.

Tú hablas de una “mayoría silenciosa”. El protagonista es parte de ese grupo, a diferencia de la mayoría de protagonistas de las películas que tocan el tema de la dictadura, que han sido prisioneros políticos, torturadores o familiares de víctimas. ¿Eso es nuevo en esta tradición de cine y dictadura?
Es nuevo, pero tiene una acepción que curiosamente es del año 1987, o sea, cuatro o cinco años de terminada la dictadura, que es “Juan como si nada hubiese sucedido”, un documental de Carlos Echevarría, que justamente lo que hace es trabajar sobre el único desaparecido en Bariloche. A través de las entrevistas que hace a la sociedad civil uno nota la complicidad a partir del silencio. Y bueno, nadie quiso ver el documental en ese momento.

¿Por qué enfocaron la historia en ese oscuro empleado que es Francisco Sanctis?
Porque la mayoría silenciosa es clave para que el proyecto dictatorial permaneciera. Con eso no estamos juzgando a los que no hicieron nada, pero sí queríamos problematizar que con su silencio ayudaron a que la dictadura se consolide. Recordemos que fue una dictadura cívico- militar, porque hubo claramente apoyo de los empresarios y de la iglesia. La película trata sobre un personaje que se cree por encima de la historia,pero la realidad lo hace visualizar que es un sujeto político. Esa nos parece una temática muy actual y que nos sirve para hacernos preguntas a nosotros mismos. ¿Qué hacemos hoy para transformar una realidad que no nos gusta ni nos convence?

Hay películas sobre la dictadura que son emblemáticas como las de Solanas o “La historia oficial de Luis Puenzo”, “La noche de los lápices” de Héctor Olivera o “Missing” de Costa-Gavras. ¿Las viste cuando elaborabas el guion? ¿Alguna que te sirvió para una idea en una escena o las influencias no van por ese lado?
Hemos visto muchas para ver cómo se había trabajado la temática hasta ese momento. Pero creo que las que más nos han servido son películas que van por otro lado. Hemos tenido muchas referencias porque somos muy eclécticos en nuestros gustos cinematográficos. Una referencia madre es Hitchcock: la película trabaja el clásico dilema hitchconiano del hombre normal envuelto en una situación extraordinaria y el manejo del suspenso. Hemos estudiado mucho su cine.

Otras referencias son algunos directores que trabajan el género de manera disruptiva, de manera muy personal, como Wim Wenders de los 80, Leos Carax, o la película de Scorsese, “Después de hora” porque el personaje tiene un arco parecido.

¿Cuál es el género de tu película? ¿Cómo la defines?
Como un thriller policial con elementos de terror.

Comprobamos, una vez más, que no hay temas gastados o sobreexpuestos, como este de la dictadura. No se agota. Depende de cómo desarrolles la historia.
Pero es que también queríamos hablar del presente. La dictadura está presente. El sueño de esa generación desaparecida, asesinada, torturada, derrotada sangrientamente no ha muerto. Esos ideales siguen existiendo. Es necesaria la transformación de la sociedad.En la marcha de la conmemoración por el Bicentenario participó Aldo Rico, un militar que hizo una de las últimas intentonas de golpe. Él marchó y no hubo una condena de parte del Gobierno. Hace dos semanas, Macri fue a hablar con los militares y sostuvo que habían sido maltratados en los últimos años y que ahora se abre una nueva etapa. ¿Quiere decir que los juicios se hicieron mal? ¿Que estuvo mal ponerlos en cárceles comunes? Una semana después, un juez ordenó la detención de Hebe de Bonafini que es una de las referentes de las Madres de la Plaza de Mayo. Fue cinematográfico, llevaron dos helicópteros, grupos especiales de la policía, como si fuera una delincuente. Eso demuestra que hay algo que no se resolvió en los años 70. Por eso los 70 pueden seguir siendo retratados: porque estamos hablando del presente.

Pero es cierto que hay denuncias de corrupción, tanto en los casos de Bonafini como de Cristina Kirchner.
No mezclaría los dos casos. En el del gobierno de Cristina, hay funcionarios de primera línea que están involucrados y hay pruebas de ello. Se los filmó tratando de esconder millones. Lo importante, más allá de si Cristina robó o no robó y de la cuestión moral, es que se usa eso para desacreditar un proyecto económico-político, como pretexto para decir que el Estado no tiene que intervenir en la economía.

¿Has militado en algún partido?
Sí, en un partido trotskista. Ya no lo hago más. Pero siempre participo en política. Por eso nuestro interés cuando encontramos la novela.

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