El discurso ficción

El discurso ficción

María Sosa Mendoza Periodista
Ideele Revista Nº 280

Foto: El Comercio.

Los últimos intentos de la derecha peruana por erradicar lo que queda de la izquierda de quienes dicen representarla en el Congreso, y la contestación timorata, contradictoria y vergonzosa de estos, que dejó en claro que la prioridad es cuidar el cargo que ocupan antes que los fines que de este se deberían desprender, son el marco que traen la premisa de este texto: la ideología que impera en la sociedad ha logrado enquistarse de tal manera que se ha convertido en un estructurador que ya no se impone, sino que funciona en una relación espontánea con la realidad. Sus agentes no ensayan ya, como en los antiguos tiempos, formas de disuasión y propaganda; al fin y al cabo, ¿le quedan enemigos en quienes gastar dichos esfuerzos?

Un dato un poco curioso

Desde el estreno de Black Panther, uno de los últimos superhéroes que Marvel Studios ha llevado al cine, gran cantidad de personas ha buscado conocer Wakanda, país de donde proviene el personaje. “La gente que visita nuestro sitio de búsqueda de viajes, no son conscientes de que es un destino de ficción”, recoge el diario Daily Mail de un portavoz de la agencia turística hotelscan.com.

Conociendo las herramientas de las que se valen las gigantes industrias cinematográficas para asegurar su éxito comercial sería ingenuo sorprenderse de la acogida que ha recibido la cinta. Sin embargo, es difícil que la oferta por la que apuesta el film; el guiño al pantera negra de antaño, la lucha de clases y el levantamiento de la voz oprimida; pase desapercibido. ¿Será que entre los deseos y necesidades más destacadas de las masas –de acuerdo a los estudios de mercados, del abc del marketing- existen vestigios rebeldes y subversivos del orden actual? ¿Será que estos rastros son víctimas de estrategias que pretenden sublimarlos?

Las masas

La socióloga colombiana Elssy Bonilla de Ramos la define -en un artículo publicado en el libro Desarrollo y Comunicación: De la Teoría a la Praxis- como “la cultura de todos, a la cual todos tienen acceso y por medio de la cual se ha logrado poner al alcance de la masa lo que antes era privilegio de los grupos elitarios”. Aquello podría tomarse como positivo, no obstante, agrega que “esta masificación de la cultura, no ha sido especialmente provechosa ni para la cultura, ni para la masa, concretamente para los individuos que componen la masa. Con este proceso de masificación ambos, la cultura y el individuo, han perdido sus elementos de identidad, para convertirse en parodia de individuos según el caso”. La postura a la lógica de masas de la autora es claramente en contra, mas es importante recalcar que sobre este concepto no existe unanimidad en su valoración.

El sociólogo y filósofo francés Gilles Lipovetsky, por ejemplo, rescata de la cultura de masas -relacionada inevitablemente a la sociedad de consumo- la autonomía que cada individuo ha ganado. Entiende que al significar esta la caída de la alta cultura, que a su parecer no es otra cosa que la sacralización del arte, caen también los discursos ideológicos que antaño regían a las sociedades. Ampliando un poco su raciocinio, al ser tan dependiente el mercado de sus consumidores (¿el cliente siempre tiene la razón?) se estaría dotando a estos -que al seguir la lógica del libre mercado puede ser cualquiera que posea los medios- de una verdadera voz.  Tal formulación la realiza el académico en un debate que sostiene con Mario Vargas Llosa a raíz de la publicación de “La civilización del espectáculo”, y la contestación que merece de parte del literato se condice con lo afirmado por Bonilla de Ramos: “En la sociedad moderna capitalista, la pura pasividad del individuo significa no el reforzamiento de la cultura democrática sino el desplome de las instituciones democráticas. Porque esa actitud va en contra de la participación activa, la participación creativa y crítica del individuo en la vida social y en la vida política y cívicas”.

Volviendo a la lógica de Lipovetsky, es interesante revisar qué tan beneficiosa es esa escucha que ofrece el capitalismo y qué tan limpiamente se lleva a cabo. Reparar en las construcciones que la economía de mercado realiza para satisfacer las necesidades materiales de la sociedad se hace trascendental en el análisis. Ya hilando más fino, además, se debe advertir el riesgo de romantizar un supuesto saber espontáneo popular que podría poner en riesgo cualquier apuesta por mejorar la pedagogía cívica.

Más o menos por ese lado aterrizaría lo dicho por el nobel de literatura al caso de las blockbusters y su oferta complaciente al mercado: la existencia de una falsa democracia que escuche los deseos de las personas no para presentar soluciones, sino únicamente para vender. Una frustración social sería, entonces, una oportunidad de oro para idear el desfogue perfecto que comprometa masivamente a los bolsillos de la población sin, claro está, plantear ni por asomo una solución real.

"El sociólogo y filósofo francés Gilles Lipovetsky, por ejemplo, rescata de la cultura de masas -relacionada inevitablemente a la sociedad de consumo- la autonomía que cada individuo ha ganado". 

Es inevitable que lo dicho anteriormente no nos remita a los discursos de Escuela de Frankfurt, donde alienación y manipulación pasan a ser los ejes primordiales. Para los pensadores de esta escuela la cultura de masas, a pesar de interpelar a la población en general, dista de ser una cultura democrática por el simple hecho de que una aglomeración de anónimos carentes de voluntad no crea ciudadanía.

Ahora, si bien aquella argumentación podría hacer tambalear la base de los señalamientos de elitismo contra la escuela crítica, no logra hacer lo mismo con el discurso vargallosiano, a pesar de los parecidos señalados, por un punto trascendental: mientras la Escuela de Frankfurt analiza, entiende y explica al capitalismo con la pretensión de plantear una necesidad de cambio; Vargas Llosa solo pretende, como bien indica Lipovetsky, “humanizarlo”.

Así, pues, cuando el escritor asegura que “los grandes pensadores del mercado siempre lo dijeron: el capitalismo es un mecanismo frío, es un mecanismo que crea riqueza y que crea también un egoísmo que pasa a formar parte de la vida cotidiana. Eso debe ser contrarrestado por una muy rica vida espiritual. Muchos teóricos capitalistas pensaban que esa vía espiritual era la religión. Pero otros, que no eran religiosos, pensaban que era la cultura. Yo creo profundamente que la mejor manera de contrarrestar ese egoísmo, esa soledad, esa competencia terrible y que llega a extremos de gran deshumanización, exige una muy rica vida cultural en el sentido más elevado de la palabra 'cultura', si no queremos llegar a algo a lo que desgraciadamente la sociedad contemporánea está llegando: a un vacío espiritual tal en el que todos esos aspectos negativos de la sociedad industrial, toda esa deshumanización que trae consigo, se están manifestando a diario […] . ¿Cómo puede a la larga sobrevivir una sociedad democrática sin una participación de la gente más pensante, de la gente más sensible, de la gente más creativa, de la gente con mayor imaginación?”,solo está defendiendo que la solución a la propagación de frialdad y egoísmo que produce el capitalismo se encuentre en manos de un pequeño grupo de personas pro status quo. Solo está defendiendo la idea del 'dirigir' como sinónimo de 'someter'. No existe más claro guiño de simpatía al exclusivismo.

Apropiación del discurso

Lo dicho líneas arriba es precisamente el fenómeno que se está desarrollando en la realidad y que es necesario revisar con ojos críticos. La consolidación de un mundo de derechas tiene entre sus expresiones más resaltantes un apoderamiento, por parte de las fuerzas dominantes, de esos discursos indispensables que no puede darse el lujo de rechazar y que, sin embargo, degenera a su propio gusto.

Queda como tarea, por ejemplo, determinar qué tan positiva es la expansión de un nuevo feminismo que en los últimos tiempos ha logrado reunir en cada movilización a partidos políticos que en la cotidianeidad se enfrentan por la existencia o no de una ideología de género o de un determinado currículo escolar. ¿Dicha unidad crea avances o solo neutraliza algunos puntos clave para los sectores más vulnerables? Es también importante evaluar qué tan bueno es que se haya extendido el discurso pro derechos humanos y Estado de la Ley y la Constitución cuando quienes legislan pactan las formas para que un determinado sector no goce de ellos por pura lógica reaccionaria y sin una justificación racional.

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