La era del yo.com 2.0

La era del yo.com 2.0

Gerardo Saravia Editor de la Revista Ideele
Ideele Revista Nº 200

Narciso no estaba muerto, estaba de parranda... o haciendo amigos en facebook. 

Hace dos décadas ya se presentía la revolución tecnológica que ahora gozamos. En realidad, desde la era posfordista (especialización, diversidad e información) vivimos en imparable evolución. En nado sincronizado va corriendo la web 2.0 y con ella el auge de las redes sociales que, entre otras maravillas, te da la posibilidad de ser famoso a la velocidad de un click. Si bien el sistema no alcanza para que todos sean ricos y famosos, al menos te provee la ilusión de serlo. Más famoso que rico, obvio.

El verbo twitearUna de las teorías clásicas de la comunicación señala que las herramientas diseñadas por los hombres son la continuación elaborada de sus extremidades. Así, el automóvil sería la extensión de las piernas, y la computadora la del cerebro. Siguiendo el jueguito, la Internet y la vorágine de las redes sociales y la web 2.0 podrían ser la emergencia de los sueños en tiempo irreal.

El blog, el twiter y las últimas posibilidades web son inventos maravillosos que permiten un colosal intercambio de información y sirven a un mayor dinamismo de la libertad de expresión. Esto es democratización, cavilan los optimistas. Narcisismo, más bien, demonizan los escépticos.

Aunque todo parece haberse confabulado para que el egocentrismo pueda ser motor y motivo de la aplastante aglutinación en las redes sociales, afortunadamente el blanco y negro pasó de moda en los análisis socionaturales. Sin la apertura de blogs no podríamos tomar nota de regímenes informáticamente clausurados. Mediante el twiter y el Facebook millones de personas hoy se enteran de eventos o comparten opiniones. Hace 20 años no hubiéramos podido imaginarnos que una red de información podía ser adictiva. Las redes sociales se han convertido en herramientas indispensables para periodistas y comunicadores.

Pero estamos hablando de la carne. ¿Qué hay del hueso? Deberíamos hacernos también otras preguntas: ¿Desde cuándo ir al baño se convirtió en un acontecimiento digno de ser anunciado? O “de compras con mi mami y el perrito” es un hito que quiero que sea comentado por mis miles de amigos. ¿Desde cuándo nos volvimos tan tontos? (Sorry, pensé que hablaba con un amix, xd…)

Las sutilezas del ombligoVivimos en la era del yo, en la celebración de Yoni Pacheco, la hora del Mickey Mouse, del Yo mismo soy; y si nada parece real, al menos es posible cobijar ilusiones. Las tendencias son hijas de su tiempo; de otra manera no podrían entenderse las sutilezas del ombligo.

La tecnología nos permite a todos ahora ser un poco estrellas, pero ¿cuán sana es esta reivindicación? Existe como una obsesión por la figuración. El anonimato pasó a ser perseguido, la reserva mal vista, el perfil bajo, una huachafería, ¿y la sobriedad?: perdón, esa señora hace ya tiempo se mandó mudar del planeta.

Muchos especialistas creen ver en Narciso la encarnación del hombre posmoderno y al narcisismo como la enfermedad de nuestros días. Si la represión fue el trastorno de moda en la época victoriana y sus linderos, la personalidad narcisista estaría caracterizando la nuestra, apunta el psicoanalista Luis Herrera. Un periodo que puede ser igual de mortificante que los tiempos cuando los impulsos naturales eran bloqueados y debían ser sublimados en diversas patologías:

“Desde la época de Freud a la actualidad han cambiado mucho las cosas. Freud escribió un libro fuertemente crítico, El malestar de la civilización, pero si lo hiciera hoy tendría que incorporar definitivamente el narcisismo. Vivimos en una época narcisista, no hay vuelta que darle”.

El irresistible atractivo de las redes genera un delirio de libertad plena y también su contrario. Uno es libre de generarse una vida distinta a la talla y medida de su ilusión. Puedes ser un deportista exitoso, un ejecutivo emprendedor y hasta un poeta genial y escondidito. Existen incluso programas de vidas virtuales en los que uno inventa una identidad alternativa y hace en la red una vida similar a la real. Claro, en la virtual ejerces control de daños y evitas los descalabros, tan pero tan humanos. Se llama Second Life. ¿Ya abrieron su cuenta? Vaya, terrícolas, quién nos entiende: tenemos la oportunidad de inventarnos una vida distinta, aunque virtual, y terminamos inventando lo mismo.

El anonimato pasó a ser perseguido, la reserva mal vista, el perfil bajo, una huachafería, ¿y la sobriedad?: perdón, esa señora hace ya tiempo se mandó mudar del planeta.

“La presencia del otro, que habla, que ama, que desea, siempre es garante de alguna manera de ti mismo; te da posibilidad de una identidad. En lo virtual esa presencia se elude y se produce una reproducción de la presencia del otro que no tiene una forma, un color, un olor, que son indispensables para la identidad. Hay una corriente en la educación que da la voz de alarma sobre el método virtual, porque no favorece a la educación como tanto se ha pregonado. Favorece a la información, que no es necesariamente formación”, opina Herrera. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos depresivos son la cuarta causa de muerte y discapacidad en el mundo; y se espera que para el 2020 ocupen el segundo lugar.

¿Qué tiene que ver la depresión con el tema que tocamos? Para el psicoanalista Fabián Ramos, la concentración en una vida virtual alimenta la crisis de sentido: “Yo creo que los grandes cambios que explican que este llamado ‘mal del milenio’ tome aun más importancia es la pérdida de referencias afectivas reales —fundamentalmente aquéllas que nos provee la familia— y el aumento de las exigencias de consumo y de la desesperanza”.

La cosa se desborda de la hilaridad hasta la vergüenza ajena. Vivimos en una convulsión de reconocimiento que parece no acabar nunca. Los blogs son una gran cosa, pero en algunos casos parecen más una vitrina de acumulados académicos, desde diplomas de primer grado de primaria hasta la última maestría.

Las imágenes del Facebook son una suerte de expresión virtual del ideal del yo, que es captada por otras máscaras igualmente alejadas del ser. Atrás hay mucho vacío y falta de sentido, y eso es parte de la depresión

Narciso ReyEn el Facebook la cosa puede ser muy divertida. La frase según la cual “una imagen vale más que mil palabras”, en clave Hi5 parece trastocarse por la de mil fotos (y todas igualitas) valen más que un verbo.

“Sí, vivimos en una sociedad que impele al narcisismo, que ha fomentado el culto a la imagen explotando nuestros lados más inseguros, para desde allí vendernos todo lo posible. Son las relaciones con los otros las que se pierden cuando uno se egocentra, y es la ausencia de ellas la que nos termina haciendo sentir el vacío y tal vez la falta de sentido. Se busca entonces reemplazar la relación real, expresada y sentida en tiempos psíquicos reales, por la puesta en juego de una imagen de sí mismo que muestra más lo que uno quiere ser que lo que uno es. Las imágenes del Facebook son una suerte de expresión virtual del ideal del yo, que es captada por otras máscaras igualmente alejadas del ser. Atrás hay mucho vacío y falta de sentido, y eso es parte de la depresión”, señala Ramos.

En los regímenes autoritarios la disidencia se castiga con la cárcel. Ahora esos aprietos existen, por suerte, en menos países. Pero el margen para la originalidad, la trasgresión y la disidencia es casi nulo. La libertad individual no está más constreñida; existen más bien zurcidos invisibles y moldes impalpables que acotan quizá con mayor denuedo pero con menos rastro la singularidad humana. Es la imaginaria celebración del yo que se diluye en el escaparate del mercado.

El filósofo francés Gilles Lipovetsky habla del hedonismo como otra característica del hombre de estos días, pero lo recaracteriza. Piensa que es una sensualidad remasterizada: “El hedonismo posmoderno ya no es trasgresor ni diletante; está gestionado, funcionalizado, es sensatamente light”.

***Hay muchos Cioranes modernos que hablan ya de una debacle de lo humano. Quién sabe. Desde los tiempos idos existen Juanes Bautistas en el desierto que lo gritan, pero con Mesías o sin Mesías, seguimos aquí sufriéndola y gozándola. A propo, hay un nuevo grupo en Facebook en contra de Facebook. Pásale la voz a tus amix.

Post-data: Cuenta la leyenda que Narciso, a la vera de un lago, se enamora perdidamente de un hombre, pero cuando intenta besarlo, se da cuenta de que es su mismo rostro reflejado en el agua. Narciso no puede con su dolor y se suicida.

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