Manuel González Prada, las mujeres y la utopía

Manuel González Prada, las mujeres y la utopía

Mario Granda Docente del Departamento Académico de Humanidades de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Ideele Revista Nº 281

Imagen: Youtube (Mundo cultural).

Los últimos casos de violencia contra la mujer son una oportunidad para recordar lo que la tradición ilustrada peruana ha dicho sobre este tema en particular. En más de una ocasión nuestros escritores, artistas y políticos se han manifestado en contra de este mal. Es pertinente retomar ahora sus reflexiones, en un momento en que nos preguntamos cómo solucionar un problema como este. Una de estas voces de la tradición es la de Manuel González Prada, de quien en este año se conmemora el centenario de su fallecimiento (1918-2018).

Es ya conocido el interés que el autor de Pájinas Libres profesó por la obra literaria de las mujeres como Madame Ackerman y George Sand, tanto como su admiración por la lucha social realizada por renombradas anarquistas francesas como Louise Michel. Su admiración no estuvo dirigida solo a las obras de estas mujeres, sino también al carácter que tuvieron para enfrentar muchas adversidades: “Por la serenidad ante el peligro y la muerte, Luisa Michel nos recuerda a las mujeres romanas nacidas en el seno de las familias estoicas; por esa misma serenidad y el menosprecio de todos los bienes, sin excluir la propia dicha ni la salud, nos hace pensar en las mujeres de los primeros siglos cristianos”, dice González Prada en su libro Anarquía. Por otro lado, también es conocida la acogida que tuvo su pensamiento en la obra de escritoras peruanas de finales del siglo XIX y comienzos del XX como Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera. Las novelas y ensayos escritos por estas mujeres se dedicaron, en gran parte, a describir y denunciar los abusos del clero, las injusticias de las autoridades civiles y la marginación de la población indígena, tal como el escritor lo había hecho en su célebre ensayo “Nuestros indios” (1904).

Este interés de González Prada por las mujeres no solo nació de su pensamiento positivista y de las ideas anarquistas que provenían de Europa, sino del conocimiento y experiencia que él mismo tuvo sobre la situación de la mujer en el Perú. Por un lado, su crítica estuvo dirigida a la influencia de la Iglesia católica en el hogar, que en esos años aún colaboraba con fomentar la sumisión y la obediencia de las esposas y los hijos a la voz del padre, autoridad indiscutible del hogar. A este escenario también se sumaba un Código Civil de la más sana ortodoxia que obligaba a la mujer a “habitar con el marido y a seguirle por donde él tenga por conveniente residir” y a no presentarse en juicio “sin autorización del marido” (González Prada cita estos artículos en su ensayo “Esclavas de la Iglesia” [1904]). Un ambiente así no hace sino envilecer a la mujer y, en consecuencia, el matrimonio. La desigualdad de condiciones entre el hombre y la mujer en el seno de la familia no hará sino agrandar el peligro en que se encuentra esta última. La desazón del escritor sobre la situación es muy grande, sobre todo cuando este envilecimiento ya se convierte en una violencia que, tácitamente avalada por las autoridades, no encontrará justicia. “A la mujer violada, ¿qué le remedia el castigo del violador?” (“La policía 1”).

Tal vez uno de los elementos más interesantes de la crítica de González Prada se encuentra no solo en su crítica a la Iglesia y los gobernantes de entonces, sino también a los llamados pensadores liberales, quienes mucho hablan de liberar a la mujer pero en realidad poco hacen por cambiar las cosas. No se avanzará nada con libros demoledores y discursos fulminantes si es que primero no se cambia el modo de pensar en el propio hogar, la familia. En vez de escribir libros demoledores y discursos fulminantes, “se necesita hablar la más elocuente de las lenguas, el ejemplo”. Y más adelante, afirma: “Hay una cosa soberanamente ridícula y vana, dogmatizar; hay un personaje verdaderamente risible y odioso, el inquisidor a la inversa, el sacristán del librepensamiento” (“Esclavas de la Iglesia”).

El pensamiento de González Prada, aun escasamente estudiado y menos difundido, surge del largo proceso de secularización de la vida social occidental y, en particular, de la corriente positivista del siglo XIX. Sin embargo, muchas de sus reflexiones no dejan de tener una importante raigambre romántica, que es lo también distingue muchas de sus opiniones sobre la mujer. Tal como señala Joël Delhom, en uno de sus estudios, González Prada “idealiza e intelectualiza las relaciones amorosas, dando prioridad a la finalidad ética sobre la unión física”1. El matrimonio debe ser para él un lugar en el que dos individuos acceden a la sabiduría y buscan la perfección. En el mismo ensayo que hemos citado menciona: “La más dulce de la unión amorosa no reside en el contacto de dos epidermis ni en la simultaneidad de dos espasmos: está en la vibración unísona de dos corazones, en el vuelo armonioso de dos inteligencias hacia la verdad y el bien”. Este ideal no solo tiene como fin el cambio de la familia sino también el de la sociedad: “Sancionada la igualdad de ambos sexos, se concibe que algún día la mujer adquiera el dominio absoluto de su persona y divida con el hombre la dirección política del mundo”. Se suele recordar a nuestro escritor como un pensador de posiciones firmes e incapaz de cambiar sus ideas, pero esto no sería sino conocer solo un lado de su personalidad. Tal como dice en un artículo titulado “La revolución” (1907), publicado en el periódico Los Parias, que él fundó, el mundo civilizado vive en una revolución latente. Y así como el filósofo hace revolución contra los abusos del dogma y el individuo contra la omnipotencia del Estado, la mujer hace la revolución contra la tiranía del Estado.

Las reflexiones de Manuel González Prada nos enseñan que las injusticias bajo las que se encuentra la mujer no son nuevas y que, sobre todo, hay una gran diferencia entre solo hablar sobre el problema y actuar sobre él. Actualmente, “la violencia de género” es un gran tópico para los diarios, las revistas y los intelectuales pero todavía es muy complicado, si es que no imposible, sentar una denuncia en la comisaría más próxima. La obra de un escritor como este, nos permite medir cuánto se ha avanzado en la materia y preguntarnos si es que llegará el momento en que la mujer realmente decida junto con el hombre el destino de la sociedad humana.

 


1 Delhom, Joël. ”El discurso sobre la mujer y su emancipación en Manuel González Prada: entre romanticismo, positivismo y anarquismo”, en Perversas y divinas. La representación de la mujer en las literaturas hispánicas: el fin de siglo pasado y/o el fin de milenio actual. Université de Bretagne-Sud, Lorient, Carme Riera, Meri Torras e Isabel Clúa (eds.), t. 1, Caracas-Valencia, Ediciones Ex Cultura, 2002, p. 183-190.

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